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Microhomenajes

viernes 21 de mayo de 2021
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Microhomenajes, por José Gregorio Bello Porras
La humedad desplegada por una gota de agua en perenne caída.

El arte de la lectura, antología digital por los 25 años de Letralia

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2021 en su 25º aniversario

A creadores de lecturas que avanzan más allá de los lugares poco afortunados que pretenden describirlos

B comenta lo que habrá de pasar en el futuro a diversos plazos. No obstante, señala, en descargo de cualquier imprecisión, que tiene secuelas de una rara amnesia, por lo que no puede hacer más precisiones acerca de los hechos. Todo ello, tanto sus posibilidades de recuerdo como las de olvido, las atribuye al Prejuicio Original del que todos sufriríamos desde la creación. Lo que no nos gusta se lo achacamos a otros seres o en su defecto a conceptos que a nadie importan ya.

 


 

C siente el acoso de la persecución. Escucha los graves pasos de instigadores. El crujir, chirriar y batir de puertas de aposentos de una casa lejana, de otro tiempo y lugar. Los roces de alas membranosas en la fluida oscuridad. La humedad desplegada por una gota de agua en perenne caída. El frío aliento de los mastines que lo descubren. El silencio donde se sume cuando va a caer en el sobresalto. El pánico ya no es la explicación, sólo su despavorida vivencia.

 


 

D proviene de un lugar sin límites: extensa pampa surcada por caminos de viento marcados por los sonoros cascos de bestias, océano pielagoso, profundo y frío que oculta los naufragios más tristes, páramos habitados por gigantescas aves que le robaron su infancia, gélidas cavernas de hielo del otro lado del horizonte, resplandores de desiertos lunares sembrados en la propia tierra. Ahora, no se explica por qué habita en esa mísera porción de terreno que es su vida.

 


 

F tocaba el piano como un virtuoso, a pesar de que pensaba que lo hacía casi por vicio.

 


 

G sabía que iba a pasar algo. Lo presintió en las tempranas palpitaciones que lo despertaron. Estuvo seguro de su inevitabilidad, hasta que se sumergió en la inconsciencia de su propia muerte. No pudo comprobar su vaticinio.

 


 

H vio más allá de sus glaucos ojos tierras remotas que poblaban el porvenir. Conocía el origen y destino del ser humano casi como un dios griego.

 


 

K se cansó de su piel conchuda, de los pelos largos y duros en sus patas delgadas y en constante movimiento, así, boca arriba. Y se dio la vuelta. Ahora, en su sueño, es una serpiente.

 


 

M despliega su enjundia en la clasificación pormenorizada de los dinosaurios. Atrapa la atención absorta de niños y niñas extasiados por seres que pueblan sus recodos ocultos. Su conferencia escolar es un éxito. Pero se agita hasta la hiperventilación al olvidar, tratando de hacer memoria, cómo era aquel que vio al despertar.

 


 

R creó un cielo esmaltado que muchos no comprendieron en su aparente breve tiempo de vida. Sobrevivió a todos los colores que el resto de los poetas infundieron sin otro mérito que desempolvar sus nombres cromáticos. Sus oscuridades llegarían a iluminar la memoria de sus días.

José Gregorio Bello Porras
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