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De la urbana memoria

domingo 21 de mayo de 2023
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De la urbana memoria, por Ismael León Almeida
Una planicie con senderos de cemento / este parque y sus bancos de hormigón, / algunas lámparas que podrían iluminar / un puñado de noches.

Urbana, antología digital por los 27 años de LetraliaUrbana. 27 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2023 en su 27º aniversario
Lee el libro completo aquí

Crónica de extramuros

Quién habrá crecido en este barrio,
en esta calle que baja hasta los muelles
atestada de gentes que renuncian
al verbo estar en su noción exacta
y allegan las aceras a sus cuerpos
a los que falta ocupación o prisa.

¿Cuál es su verdadero hogar?,
¿el quicio de esta puerta
o la escalera
que sube hasta donde desviven?
En todo caso, desde su observatorio,
velan pasar las cosas de esta calle,
escogen el arroz
fuman y beben
sus alcoholes.
En este barrio,
¿quién habrá crecido,
en esta calle
que desestima el tráfico?

Ninguno empinó aquí,
su estatura de gente,
ni en la que corta
la opuesta esquina humeante
de trepidantes ómnibus
…………y pavimento estrecho,
con sus viejas memorias
de accidentes
contra el muro obstinado
de la añeja bodega.

Dos cuadras hacia abajo
a mitad de camino en dirección
a donde amarraban su bajel
…………………….los españoles,
había un parque: dos árboles,
alguna estatua
de astillado mármol,
una iglesia que nadie visitaba
salvo esas viejas tan
…………………….recalcitrantes,
y como fundida en los mismos
muros centenarios
estaba aquella escuela a la que iban
los que nunca crecieron en el barrio
a cumplir su condena.

Hubo sus días raros,
como aquella ocasión
en que una repitente de tercero
tomó la mano al aprendiz de hereje,
y lo condujo escaleras arriba
susurrando una canción
de los Fórmula Quinta.
Dijo que iban a tocar el cielo
y ciertamente su versión existía
al menos de aquel lado
del muro medianero de ladrillos.

Vaya modo de crecer,
se dijo el que volvía río abajo
de alguna de las páginas
del pícaro Mark Twain.

 

Hombre urbano

En la Calzada de Infanta,
hoy sábado al amanecer
vamos dejando atrás
fachadas despintadas
ventanas con barrotes, perros, gentes,
un ficus creciendo en la azotea
como un hermoso reto al arquitecto.

Unas cuadras después
los inmuebles idénticos al día triunfal
y un mono atado con brillante cadena
asciende por la reja de blancos angulares,
con flores su diseño, hojas, frutas
(tan sólo le faltó la lluvia al gran herrero).
El mono —se supone— es un simio feliz
fuera del alcance del tigre
de la pitón voraz
de un gorila iracundo.
Su metálica selva le acomoda,
mangos del agromercado y agua de acueducto;
se supone, ha dicho un verso, que con eso es feliz.

Por la Calzada de Infanta
recto hasta el mar
(probablemente viene de un tiempo de calesas y adoquines
saliendo al hato en procura de cueros, un día de sol,
algún ingenio azucarero y sus esclavos)
viaja en el ómnibus un hombre negro joven
con sus herramientas de albañil
y un pulóver limpio,
en busca de unos pesos
este día de asueto;
una anciana fuerte y modesta
dispuesta en su viudez
a levantar un día y luego el que le sigue,
y una muchacha
(¿qué mañana de sábado iba a estar sin muchachas?)
cruzando la calzada
marcha erecta
(no modelo de Dior ni becaria extranjera)
tenía los ojos garzos de una distante asiática
y ese porte de reina
(sabrá la biología su dinástica clave)
y unas manos aladas
y el culo recto (que es hermosa palabra, tratándose del caso).

Mirando la ciudad
constato al hombre urbano
que atañe a sus fachadas y derrumbes.

 

Nostalgia hermana

Mi viejo amigo a la ciudad
llegado
con una adolescente;
ella se escuda en un costado
del aire de semáforos y cruces
peatonales.
Echa cauta a la calle sus ojos
de muchacha, saluda
sin moverse un instante del
poblado donde sus pasos
sin mundo han revuelto
flores de romerillo y
…………malva agreste.

Ha venido el amigo a sus asuntos
y un abrazo le ha dado a su
amigo del tiempo
tomándose de huésped
en un hotel de nombre
y paseando el reflejo calobar
de sus andares
por calzadas de floresta contenida
y verde intenso.

Él llega acogedor a los saludos
recortando de la tierna memoria
un tiempo calmo.
Presenta a la muchacha (Es su amor)
de la bondad vestido,
y en un instante aparte
como quien dice ha
pasado una garza
por la copa del mangle,
recuerda a la mujer
que murió el otro año.

 

El parque

Estática milagrosa, solían decir,
como si las columnas, vigas, paredes de carga,
todo aquel entramado del existir,
fuera un encantamiento para
contener por un rato la intemperie
y tornara a su favor la gravedad
aquella tirante controversia,
con las vidas completas que comenzaban una noche
de televisores y arroz con huevos fritos.

Allí construyeron un parque
para dar un respiro a la calzada
en su agobio de ómnibus repletos y gentes con su estrés,
decididas a beberse de un golpe su derrota
como un trago de aguardiente destilado en la olla
…………………………………………………….del potaje.

Una planicie con senderos de cemento
este parque y sus bancos de hormigón,
algunas lámparas que podrían iluminar
un puñado de noches,
y un par de árboles en litigio
con los barrenderos que maldicen
su inestable follaje e inoportunas floraciones.

Sabia pintura azul ha delineado
la cuadrícula abierta a toda luz.
Si pasaran delante de su parque
los cuerpos recuperados en los escombros,
que esperaban tan sólo reposar la noche
y amanecer tornados a su esforzada vida,
aguardaría alguno a la muchacha
que vivía en el nivel del aire donde cruzan palomas,
los otros recordando tarde a tarde
el mismo juego de pelota de su final de serie
y aquellos dos dirimen la eterna partida de ajedrez.

Un parque puede ser el caminante,
el que refugia en la sombra su sofoco,
el lector de poesía a la luz de un farol,
la muchacha que ha llegado temprano hasta su banco,
el que dio jaquemate y el que acuesta su rey.

 

6 am

Un gallo canta por ahí
por algún patio.
Hay ventanas con luces,
una olla de presión
farfulla en su potaje.
Gentes hay que a su día
le hacen la ceremonia.
El custodio refresca
su rostro y se compone.
Ya viene el sol,
ya viene.
Algunos están prestos,
otros duermen.

Ismael León Almeida
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