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Juan José Peralta publica Esos muertos míos, novela dedicada al poeta Pedro Luis Hernández

domingo 21 de junio de 2020
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Juan José Peralta
Peralta: “Esos muertos míos no es una narración fúnebre ni triste; al contrario, es una novela alegre y jovial que cuenta en el velorio del poeta Pedro Luis Hernández sus amoríos y jolgorios, travesuras y encantos”. Fotografía: Crepusculario

El periodista Juan José Peralta acaba de publicar su primera novela, Esos muertos míos. Es un experimentado profesional de la comunicación de amplia experiencia. “Nací en 1946 en un poblado de las montañas larenses, Humocaro Bajo; mi padre era fundador de escuelas y allí estaba en eso, pero me crie en Barquisimeto. Periodista a toda madre. Cronista. Escritor. Columnista ahora de medios como El Impulso y Correo de Lara, además de analista en Globovisión. Promotor cultural. Docente universitario, tengo premios nacionales, regionales y locales de periodismo. Orgullosamente egresado de la Escuela de Comunicación de la Universidad Central de Venezuela. Fui secretario de Redacción en El Nacional y El Diario de Caracas”.

—¿Por qué la novela lleva ese nombre, Esos muertos míos?

—Siempre me dolió y me duelen los jóvenes que se marchan de este mundo cuando de ellos se esperan más obras, los tengo en mis sentimientos. Esos muertos también son míos, me incluyo entre sus deudos. Y ese sentimiento se acrecentó por la partida temprana de Pedro Luis Hernández, cuando aguardábamos la obra en su madurez. Nos dejó muy temprano, tenía apenas cuarenta años. Esta novela, guardada por varios años por la crisis editorial provocada por un gobierno enemigo de los libros, por la alergia de los militares y los ignorantes (son la misma cosa) a los libros, la lectura y la cultura, es un homenaje a este gran creador a quien Gustavo García Márquez llamaba el poeta del futuro. Está dedicada a él, amigo dentro y fuera de la bohemia. Un gran poeta. Independiente, jamás permitió el patrocinio de sus libros nacidos de su propio esfuerzo. Desenfadado, humilde, creativo, se empeñó en dejarnos muy temprano y allí quedaron sus poemas; algunos acompañan este tardío homenaje en nombre de sus amigos, los que aún quedamos y lo cargamos en los recuerdos.

—¿Y cuáles son los otros muertos?

—Me duele Ramos Sucre, quien murió de la misma edad. Creo que Pedro Luis también sufría de insomnio crónico, no dormía. Andaba a toda hora de la noche, del día, de la madrugada. Me duele Cruz Salmerón Acosta, el gran poeta con su “Azul”. Teresa de la Parra murió cuando se esperaban más obras y nos dejó apenas Ifigenia y Mamá Blanca. Se nos fue el chino Valera Mora. En la guerra de independencia cayeron jóvenes como Ricaurte, Cedeño, Girardot, Iribarren, Anzoátegui, Sucre, el mismo Bolívar. Acción Democrática perdió en la lucha contra la dictadura perezjimenista un grupo importante de sus dirigentes encabezados por tres secretarios generales asesinados sin piedad y con saña, con alevosía, menores de cuarenta años, Ruiz Pineda, Alberto Carnevali, Pinto Salinas. Dolorosas muertes. Esos hombres pudieron cambiar el curso de la historia. Esos muertos también son míos.

“Esos muertos míos”, de Juan José Peralta
Esos muertos míos, de Juan José Peralta (Barralibros.editores, 2020). Disponible en Amazon

Esos muertos míos
Juan José Peralta
Novela
Barralibros.editores
Caracas (Venezuela), 2020
ISBN: 979-8604726297
430 páginas

—¿Es una novela biográfica del poeta?

—Es una recreación de algunas de sus anécdotas y otras historias. Se trata de promover a través de una ficción la vida y obra del poeta Pedro Luis Hernández, quien nació en Ciudad de México durante el exilio de sus padres por el golpe a Rómulo Gallegos en noviembre de 1948. Él nació al año siguiente y allá estuvieron hasta la caída de Pérez Jiménez. De regreso se incorporaron a la vida caraqueña y el futuro poeta se unió a la izquierda. Su papá, abogado, quería que él fuera también abogado, pero él quería ser escritor. Al final decidió estudiar periodismo y allí comenzó a ejercer un tanto en los diarios caraqueños. Quizás por su vocación de poeta, no estuvo de acuerdo con las guerrillas y se quedó en la lucha estudiantil. Se desempeñaba como secretario de un tribunal en Caracas. Participó en las luchas por la renovación académica y fue electo delegado estudiantil al Consejo de la Escuela junto a Víctor Suárez y Aquilino José Mata. Se casó con la también estudiante María Vale, con quien tuvo un hijo llamado Emiliano, hoy guionista de cine, radio y televisión. Fue naciendo en su sensibilidad el afecto hacia la poesía y nos dejó cuatro libros.

—¿Cómo es la temática de la novela, cuál es su escenario?

—En la casa de Rosa Rojas sus amigos acompañan el féretro en capilla ardiente, sorprendidos de su muerte temprana. Es un velorio de poetas, gente culta. La comparan con la de los poetas Cruz Salmerón Acosta o Ramos Sucre y otros creadores tan jóvenes como él de quienes se esperaba más, como Arturo Michelena o Teresa de la Parra, el bolerista mexicano Genaro Salinas, luchadoras como Flora Tristán. Sus novias van desfilando, las conocidas y las clandestinas amantes de media noche. Las que trataban de atraparlo. Hay amor y humor. Las travesuras del poeta. Contaba en días pasados el cineasta barquisimetano Thaelman Urgelles que Pedro Luis Hernández, a quien califica de poeta macerado, “pregonaba un resabio visceral y sudoroso a la letra estatuida y estatuaria. ‘Tienes que escabullirte con alarde de esas manos que ya te tienen en las mismas puertas de los templos funerarios’, me advertía. Se negaba, aun con ansias de romper otra cancela, a frecuentar los santuarios de la cultura, aposentos de la molicie palaciega. Por eso huía despavorido de las barras ilustres, se alejaba, se perdía. Se escondía de sus propios temores y de los ojos perseguidores”.

—¿Es una obra triste, fúnebre?

Esos muertos míos no es una narración fúnebre ni triste; al contrario, es una novela alegre y jovial que cuenta en el velorio del poeta Pedro Luis sus amoríos y jolgorios, travesuras y encantos. En los velorios se recuerdan siempre las cuitas del personaje que está allí, en ese cajón, y en el velorio entre amigos poetas se cuentan sus anécdotas y se exaltan sus virtudes. Es un velorio cultural, digamos.

—¿Cuál es la editorial, quién te publica, dónde se consigue el libro?

—Producida por Barralibros.editores, desde el 27 de enero de 2020 está a disposición de los lectores en digital o en físico en Amazon. Estoy muy contento con esta editorial, agradecido además por quienes han comenzado su adquisición y esperamos el ajuste de estos tiempos para presentarla en sociedad, hay muchas expectativas y han comenzado los críticos a interesarse por conocer la obra de este gran poeta mexicolano, como le gustaba llamarse. La novela está en Amazon.

 

Libros de Pedro Luis Hernández

Pedro Luis Hernández
El poeta Pedro Luis Hernández en la fotografía que sirve de portada a su Obra poética 1976-1989, publicada en 2005 por el Fondo Editorial Arturo Cardozo.

—Háblame de sus libros, de esa obra poco conocida porque él mismo era discreto, enemigo de las ceremonias y los halagos, ajeno a la publicidad.

—Mi novela Esos muertos míos es eso, la oportunidad de llamar la atención de su obra, promover su conocimiento.

Aléctor y Bethilde (Colección Letras de Venezuela, Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, 1976) es un conjunto de poemas de dos colegiales, muy frescos amores adolescentes. En cada página está la sintaxis de la narración. Debería ser obligatoria lectura en bachillerato, digo yo.

Bethilde
Ayer paseando por el parque / bajo las intermitentes claraboyas naturales / un hombre me ha mirado con fijeza. / En sus ojos tenaces / había una lucidez distinta. / Lo conté a mi madre / y besándome la frente / dijo que he crecido.

La escuela
Al llegar nos envolvía / el frío / de los pasillos / y el eco didáctico / de los salones de clase.

La amiga
Irene me presentó a su novio / y a Aléctor un amigo / al marcharse ellos / me confió sus besos / bajo la escalera. / Reímos. / De regreso pensé en Aléctor / el amigo de Irene.

Pendencia
Inadvertida estuve animando a Aléctor / en una riña callejera. / Al verme / el rijoso le dio en el ojo / Todos marcharon tras el ganador / yo con Aléctor. / Nada hablamos hasta despedirse / con un desvalido / “adiós, Bethilde…”.

Malestar
Tuve un sueño inquieto / lo sé por la almohada / que estaba en el piso; / el trapito lo tenía aprehendido / entre mis piernas agradable. / No me ha dado reposo el / “adiós, Bethilde…” / y verlo irse / con su ojo amatista.

Breves de Ig: Poemas es quizás su libro más denso. Está dedicado a una letra expulsada del abecedario por la envidia de las otras letras (Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, 1978).

“…y aún al morir, / en la otra muerte / buscaré el horizonte / más allá del que / tenemos…”. Ig.

El árbol de Milodas (Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, Serie Poesía, 1983). Es la historia humana, más bien la metáfora del hombre. Desde su ingenuidad primordial pasando por la religión, el amor, la aparición de la palabra hasta el presente, incluido en la alienación a que los sujetan las cosas. Este es un libro hermoso, ligeramente extraño, como la vida misma. Milodas es un elegido que vive en un árbol y observa, canta, sugiere, dejando la esperanza humana en su gran significado: la poesía como totalidad deslumbrante, la esencia como texto. El poema es el libro, que se va trenzando en versos libres, hilándose, desde el primero hasta el último. Milodas marcha entre el desencanto y el encuentro, es decir entre la realidad y lo sublime. Milodas parece decir finalmente que el hombre es el último esfuerzo frustrado por hallar la luz, sin ser tampoco sombra.

El trigo es una lluvia hacia arriba
que lanza la tierra de su vientre.
Y en la gota que crece de su seno,
rutilan días, se guardan noches,
como una obra maestra del instante:

¡Te conozco pan tierno
Porque alabé tu trigo!

El Gonfaloniero (Ediciones Oro y Nácar, Fundación Rómulo Gallegos, San Fernando, estado Apure, Cuadernos, 1989). Portaestandarte. El gonfaloniero es el más expuesto en las batallas, es quien sólo lleva la bandera.

Obra poética 1976-1989, Colección de Poesía, Fondo Editorial Arturo Cardozo, 2005, 465 páginas.

Jesús Peñalver
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