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Daniel Bernal Suárez, autor de Manual de crucificciones:
El microrrelato, la forma narrativa más próxima al poema

jueves 18 de febrero de 2021
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Daniel Bernal Suárez
Daniel Bernal Suárez: “Mi mejor proyecto es persistir en el vicio febril de la lectura”.
“Manual de crucificciones”, de Daniel Bernal Suárez
Manual de crucificciones, de Daniel Bernal Suárez (Ediciones Idea, 2019). Disponible en la web de la editorial

Cree que lo que solemos llamar inspiración es sólo la simiente de una obra antes de que intervenga un proceso de descubrimiento y organización. El autor español Daniel Bernal Suárez (Santa Cruz de Tenerife, 1984) había publicado cuatro poemarios cuando decidió darle un rumbo distinto a su trabajo. Fue así como empezó a escribir microrrelatos, piezas narrativas que considera cercanas a la poesía, y que reúne en este libro del que hablaremos a continuación, Manual de crucificciones.

Compuesto por 79 textos, Manual de crucificciones representa un punto de inflexión en la obra de Bernal Suárez, un hombre que vive inmerso en “el vicio febril de la lectura” y quien ha encontrado en sus talleres literarios, así como en la labor que desarrolla al frente de su revista La Salamandra Ebria, una vía para conocer el estilo de otros, estudiarlos y construir herramientas para su crecimiento como autor.

 

Manual de crucificciones: el cuento como invitación al lector

En Manual de crucificciones priva el aspecto lúdico de la literatura, pero también una concepción del microrrelato como vía para impulsar al lector a hacerse preguntas, convirtiéndose en ente activo del hecho literario. ¿Cómo concibes el microrrelato como forma de expresión?

Dada su brevedad, el microrrelato exige poner en juego toda una serie de estrategias para captar la atención del lector e impactarle en pocas líneas. De ahí que sea idóneo para que determinadas formulaciones del hecho literario, como puede ser la dimensión lúdica, hallen eco. El juego, por lo demás, es al mismo tiempo divertimento y exploración: por el primero supone un entronque radical con el presente, una vía de amarre de los segundos que lo constituyen; por el segundo, es un mecanismo de aproximación y descubrimiento. Para sintetizar, pues, podríamos decir que el juego entraña una filosofía de vida, portadora de una visión hedonista si se quiere, y también el germen de un cuestionamiento sobre las cosas. Me gusta imaginar que bajo el arco definido por esos dos órganos, divertimento y pregunta, el cuerpo del texto se brinda al lector como invitación participativa y no como mero trámite pasivo.

 

Me interné en el microrrelato porque creo que es la forma narrativa más próxima al poema, por su tensión y su exigencia.

¿Cuánto tiempo te llevó escribir los relatos de Manual de crucificciones? ¿Corresponden a una etapa creativa o sigues escribiendo en este género?

Tardé cinco años en escribir los microrrelatos que componen Manual de crucificciones. Luego pasé dos años más suprimiendo piezas, reescribiendo otras, corrigiendo el conjunto y dándole la forma que tiene el libro ahora. Uno de los aspectos fundamentales fue encontrar la arquitectura adecuada, diseñar el armazón de las secciones, el orden en que aparece cada microrrelato. Le concedo mucha importancia al diseño arquitectónico de la obra, a los hilos que rigen el volumen y a la disposición rítmica.

Pero vuelvo al principio para señalar lo siguiente: me interné en el microrrelato porque creo que es la forma narrativa más próxima al poema, por su tensión y su exigencia. Había escrito relatos con anterioridad, pero quise probarme y fui pergeñando los textos, al principio movido por el puro azar de los temas que me iba encontrando. Lo que ocurrió fue que, tras haber escrito los primeros diez microrrelatos, vi claramente que había un cierto tono compartido. Me percaté de que ese tono, en definitiva, remitía a una visión y, a partir de ahí, ya nacieron los demás textos con una voluntad expresa de constituirse en libro.

He seguido escribiendo microrrelatos pero ahora mismo estoy embarcado en otros proyectos: desde hace un par de años estoy trabajando en un libro de relatos mucho más largos, en una novela y en un volumen que recopila parte de mis ensayos y artículos.

 

Homenajes y sueños

En el libro hay claros homenajes a Kafka, a Borges y a otros autores que, se intuye, han dejado huella en tu faceta de lector y, por ende, en la de autor. ¿Puedes hablarnos de tus influencias, de tus lecturas?

Entiendo la escritura como prolongación de la lectura. Y para un lector genuino, entre los momentos cenitales de su vida se encuentran algunas páginas felices. Para mí esas páginas llevan nombre de numerosos títulos y autores.

Por otro lado, sólo concibo el acto de escritura desde unas coordenadas de conciencia crítica de la historia literaria. Y he ahí, pues, la relación dialéctica que se establece con las obras de quienes nos han precedido. En Manual de crucificciones hay homenajes evidentes y otros soterrados.

 

¿Qué papel juegan los sueños en los cuentos de Manual de crucificciones?

Los sueños juegan un papel esencial en el libro. La primera sección del mismo se titula “Sueños, fantasmas y espejos”, porque conecto esos tres elementos: los sueños son capaces de revelarnos nuestro verdadero rostro y en ellos anidan las ánimas sobrevivientes de nuestro pasado. Los sueños, además, pululan por las otras secciones del libro, ya bajo la forma de contenidos oníricos concretos vertidos como tal, ya sea porque expongo a los personajes al acto mismo de soñar, o porque el lenguaje narrativo mismo se significa bajo la especie del absurdo que preside la manifestación de los sueños.

Pero quisiera referir por qué le concedo tal importancia a los sueños. Sigmund Freud, en su obra La interpretación de los sueños, postula que en estas realizaciones de nuestra mente convergen tanto un contenido manifiesto (lo que recordamos tal cual) como un contenido latente. Este último es lo que subyace bajo el primero y es lo verdaderamente relevante. La labor de interpretación consiste en desvelar el contenido latente que nuestra conciencia se niega a asumir como tal y que ha sido deformado para poder explicitarse. Hoy sabemos que el psicoanálisis no pasa de ser una pseudociencia. Pero lo rescatable del asunto es que lo que hace Freud es describir realmente un mecanismo básico de interpretación textual en el que la obra, en este caso el sueño, está compuesto por varias capas o estratos de significado. Y la interpretación parte de una asunción esencial primera que no es otra que la regencia del principio de analogía: esto es como aquello. Así, pues, en el sueño —en tanto texto o construcción verbal— lo que encontraríamos es un principio de elaboración retórica cuyo principal recurso es la metáfora. He ahí mi interés en lo onírico: como forma de expresión literaria que se sumerge en realidades que no aceptamos fácilmente a través de la deformación y de una sintaxis aparentemente absurda que cuestiona las estrategias básicas con las que pensamos la realidad todos los días.

 

Un microrrelato no es un poema, sólo comparte ciertas formas esenciales de tensión verbal. Esa exploración supuso un desafío.

Daniel Bernal Suárez, de la poesía a la narrativa

Eres el director de una revista literaria, La Salamandra Ebria, y has desempeñado el oficio de tallerista. ¿Cómo ha incidido esta experiencia en tu escritura?

Sobre todo diría que la experiencia de impartir talleres ha resultado enriquecedora en la medida en que me ha obligado a prestar más atención a los detalles constructivos de la escritura. Cuando uno está habituado a seguir un acercamiento a la escritura bajo determinadas condiciones, enfrentarte a la creación de otros y acompañarles en el proceso de gestación clarifica la dinámica de creación propia.

Mi experiencia al frente de la revista La Salamandra Ebria es una forma más de compartir la pasión por la literatura de diversos espacios y tiempos. Desearía que la actividad de la revista, con un equipo de redacción tan heterogéneo como tenemos, se contemplase bajo aquellos versos de Darío en Cantos de vida y esperanza que tanto me agradan: “(…) y muy antiguo / y muy moderno; audaz, cosmopolita”.

 

Sabemos que tus otros libros son poemarios, e incluso varios de ellos han sido merecedores de importantes premios. ¿Qué hay de poesía en tu narrativa? ¿Qué desafíos representó para ti, como poeta, abordar el microrrelato?

Como decía antes, me interné en el microrrelato como forma de tentativa en la narración que percibía más afín a la poesía. Sin embargo, no nos engañemos: un microrrelato no es un poema, sólo comparte ciertas formas esenciales de tensión verbal. Esa exploración supuso un desafío, claro está. Lo que conservan mis narraciones de la poesía es una visión general del hecho literario como obra de la imaginación que postula el asombro frente al mundo y que vertebra ese hecho a través de una cierta torsión o quiebra del lenguaje.

 

¿En qué género sientes que te mueves mejor? ¿La poesía o la narrativa?

Cada género exige algunas peculiaridades. Sin embargo, no diría que me siento cómodo especialmente en ninguno. Tampoco creo en una especie de naturaleza fija o inmanente de los géneros: a fin de cuentas, tienen una realidad histórica mutable y quizás sea en los intersticios, en las zonas limítrofes o de orgía y mescolanza, donde estén los mejores frutos. Vivo la escritura como necesidad fisiológica casi, pero en ella están implicados el placer y la frustración, el hallazgo fortuito y el esfuerzo demorado, la entrega extática y el sacrificio. Cuando me siento cómodo con determinadas formas de escritura que practico, me impongo el silencio. Un silencio al que deberá seguir la fuga hacia otros retos, otros caminos.

 

El vicio febril de la lectura

¿Puedes contarnos cómo es tu rutina al escribir? ¿Dedicas tiempo de forma preestablecida o escribes en el momento en que se te presentan las ideas?

He practicado ambas fórmulas: me he dejado guiar a veces por el flujo espontáneo de la voluntad y también me he ejercitado en la escritura bajo una rutina y disciplina espartana. Con los años va ganando la segunda.

 

¿Crees en la inspiración?

Creo que lo que comúnmente se denomina inspiración no es más que un relampagueo asociativo de ideas que yace en la base de toda creación. Pero es sólo su simiente, un conjunto de realizaciones en potencia. Para que ello devenga obra, es necesario un proceso complejo de descubrimiento y organización que supone un cierto grado de control inteligente de la materia verbal y de las ideas.

 

¿Qué proyectos tienes en mente?

Ahora mismo estoy terminando un libro de relatos que llevo escribiendo desde hace dos años y en el que exploro ciertas zonas sombrías de la condición humana, y un volumen con una recopilación de parte de los ensayos y artículos que he ido publicando en diversas revistas. También estoy en pleno proceso de elaboración de lo que es todavía el borrador de mi primera novela. Con todo, diría que mi mejor proyecto es persistir en el vicio febril de la lectura.

Jorge Gómez Jiménez

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