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Jorge Palacios:
“Para ser poeta hay que ser un iluminado”

viernes 12 de marzo de 2021
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Jorge Palacios
Jorge Palacios: “Era muy importante que nuestra televisión ofreciera un programa de buen nivel cultural y Entreversos cumplió sobradamente esa labor”.

A Jorge Palacios se lo vincula con la escena, la actuación y los múltiples papeles que ha interpretado, sean éstos en la televisión, el teatro y el cine, aunque también ha incursionado en la radio. El género de la telenovela lleva su impronta, pues muchas fueron las que protagonizó y coprotagonizó también, junto a las actrices más bellas y talentosas del país. Se estima que son más de cincuenta telenovelas donde este eminente actor ha dejado huellas.

No han sido pocas las obras de teatro (cincuenta, quizás) donde ha descollado con su talento, siendo la última de ellas (o la más reciente) el magnífico montaje de El rey Lear, una de las principales tragedias de William Shakespeare, en la que Jorge, quien interpretó al personaje del rey Lear, fue premiado como mejor actor de 2019 por la Asociación Venezolana de Crítica Teatral, Avencrit.

En el cine también ha participado en más de diez películas. Ha sido este artista también director, productor, guionista de teatro y televisión. Es decir, ningún aspecto o área de la actuación le es ajeno. Incluso, gerente y administrador de empresas artísticas, productoras y teatros, donde su éxito ha sido evidente y admirable.

Él, el maestro Palacios, hoy me honra en franca conversación, al permitirme responder algunas preguntas para Letralia, Tierra de Letras, porque ha sido él quien ha tenido la brillante idea de crear, producir y conducir un programa de televisión dedicado a la poesía: a leerla, a investigar sobre ella, sus géneros, estilos, autores, tendencias y corrientes, con especial atención a la escrita en idioma español.

Dijo Mario Benedetti: “Por más que la industria editorial considere la poesía como la gran cenicienta de la literatura, siempre será la verdadera alma del mundo”.

Así las cosas, celebramos que nuestro querido Jorge Palacios brinde terreno a los consagrados y a los noveles escritores, rinda tributo a la memoria de los poetas que ya han cerrado sus ojos y nos enseñe, como Armando Rojas Guardia, a “vivir poéticamente”.

Por Entreversos, así se llama el programa, un espacio cultural dedicado a la poesía, al arte y a la vida, hemos visto desfilar a afamados, reconocidos e importantes autores: Armando Rojas Guardia, Rafael Cadenas, Antonio Gamoneda, Rafael Arráiz Lucca y Harry Almela, entre otros magos de la palabra, no menos rutilantes.

Algo tiene que decirnos Jorge Palacios, el hombre-artista que sueña con un país de libertades, igualdad ante la ley, prosperidad, generosidad y meritocracia.

 


 

El movimiento cultural venezolano y, en especial, el teatral, ha sufrido un retroceso gigantesco.

—Jorge, España y Venezuela, ¿qué significan para ti?

—La primera, España, es mi madre y por ella siento el amor, el respeto y el agradecimiento que todo buen hijo profesa por el ser que le dio la vida. La segunda, Venezuela, es mi esposa, y en ella y por ella he vivido una existencia llena de alegrías y placeres pero, también, de éxito tanto profesional como personal, pues ella vio nacer a mis cuatro hijos. Venezuela me brindó, entre otras, la gloria de ser padre. Y no puedo dejar sin mencionar que soy un tipo con suerte, pues aquí conocí a la que es mi amada eterna, mi venezolana esposa Patty Oliveros.

—Vinculado a las artes escénicas, todas, o casi todas, ¿cómo ves hoy el movimiento o la actividad cultural en elpaís?

—El movimiento cultural y, en especial, el teatral, ha sufrido un retroceso gigantesco, tal como lo han sufrido todos los aspectos de la vida en este país que estaba disparado hacia una etapa de modernidad y desarrollo económico y social, desde los años 50 en adelante y más exactamente en los años de la perdida democracia del siglo pasado. En la actualidad, hay una especie de sálvese quien pueda —en medio de esta baraúnda pestilente que nos obligan a vivir— por parte de grupos reducidos de verdaderos héroes de la cultura que se niegan a morir a manos de estos acéfalos verdugos que condujeron el país al abismo en que se encuentra… Gracias a ellos —nuestros heroicos cultores del arte en todas sus formas—, el tinglado de la cultura se sostiene, pero lo peor estaba por llegar y, en efecto, llegó el virus chino para jodernos a todos y dejar a la cultura en un escaparate de tristes antigüedades mientras no se suelten las riendas y se permita que la gente tenga un mínimo de libertad para recuperar el mundo que se nos está yendo de las manos.

—¿Qué te falta por hacer en el mundo de las artes, del espectáculo o de la cultura en general?

—Me hubiera fascinado ser un famoso pintor para pintar, tal como un día vi en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, dos cuadros: uno titulado Blanco sobre blanco y otro titulado Cuadrado negro, ambos del mismo maestro Kazimir Malévich. Semejantes tomaduras de pelo costaban un riñón y parte del otro. La gente se paraba a disfrutar de la profundidad del blanco sobre blanco y del misterio del cuadrado negro. Yo le comenté al guía que mostraba tales obras maestras que yo tengo en mi casa el otro cuadro del genial artista: Verde sobre verde, y me expulsaron del museo.

Entreversos salió de la televisión en 2017 después de cuatro felices y exitosos años en Canal i.

—Venezuela es tu país, qué duda cabe. ¿Háblame de tu parecer ante este triste paisaje en que se nos ha convertido?

—No se le puede entregar el poder a una pandilla de seres incultos, marginales y con un solo objetivo: enriquecerse sobre la miseria a la que condenan a su pueblo. Y lo peor es que llegaron al poder prometiéndonos un muy superior nivel de vida del que teníamos antes de que estos sujetos “gobernaran”.

—Estás activo en las redes sociales, lo que es muy bueno para quien tiene tanto que decir, reflexionar y orientar, si se quiere. Dijo Federico García Lorca: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”. ¿Sabes bien, reconoces la labor que has desempeñado al dirigir un programa dedicado a la poesía?

—Creo que era muy importante que nuestra televisión ofreciera un programa de buen nivel cultural y Entreversos cumplió sobradamente esa labor. No sólo por haber logrado entrevistar a lo más granado (con excepciones) del mundo poético en lengua española, como son los poetas que nombraste al inicio de esta conversación, sino que, además, el programa televisivo dio origen a un concurso de alcance mundial, patrocinado por la Fundación Mar Azul, con un importante premio en metálico que ganaron, en sus dos únicas ediciones, otros dos importantes nombres de la poesía contemporánea: José María Zonta Arias (Costa Rica) y Marta del Pozo Ortea (España). Lo más grato para mí es recordar que, cuando yo iba por las calles de Caracas, me paraban motorizados, pequeños comerciantes y gente muy modesta para decirme que veían el programa y querían un autógrafo mío. Más asombroso fue cuando los tres integrantes de una unidad de aseo urbano se bajaron del camión para solicitarme una “selfie” con ellos pues no se perdían mi programa. Entreversos salió de la televisión en 2017 después de cuatro felices y exitosos años en Canal i, pero podría volver en cuanto cualquier canal televisivo, nacional o internacional, se lo proponga (valga la cuña…).

—No tengo dudas de que lees poesía. ¿Qué lees ahora? ¿Recomendarías ahora mismo alguna obra?

—Ahora no estoy leyendo tanta poesía como antes lo hacía. Estoy releyendo a Rafael Cadenas en Contestaciones, un libro que un amigo mío me prestó; estoy leyendo más de un texto a la vez, por ejemplo vuelvo a releer Justine, de El cuarteto de Alejandría, original de Lawrence Durrell, novelista que, para mí, es también un gran poeta; estoy leyendo Trópico de Cáncer, de Henry Miller; acabo de releer Un experimento con el tiempo, de John William Dunne, autor con el que tengo especial conexión gracias a John Boynton Priestley por El tiempo y los Conway; estoy leyendo a la excelente Cristina Policastro en su buenísima más reciente novela Salta, Eleonora; quiero releer a Gustavo Rojas en su Esencial; en fin, parafraseando a Luis Yslas Prado: hay que leer en defensa propia.

—En tiempos de pandemia, de Covid-19 o de virus chino (aunque hay cierta reticencia a llamarlo así), ¿te imaginas una conversación con amigos ya idos de este pícaro mundo?

—No sólo la imagino sino que también la deseo. Espero con mucha ilusión, gracias a un loop en el tiempo, hablar en tiempo real con mi padre, mi madre, mis abuelos, cuando mi alma viva en una nueva dimensión de su existencia. Pero no quiero dejar en el tintero a Raúl Amundaray, Carlos Márquez y Doris Wells, con quienes compartí algunas picardías, en el mejor sentido de la palabra.

—La verdad es, que no hay una definición acertada sobre qué es la poesía. No obstante, dijo Pedro Salinas: “La poesía es encontrar la esencia de la realidad, descubriendo el tiempo y sus interrogantes”. ¿Qué es para ti la poesía?

—Tú eres poeta; luego, como diría Gustavo Adolfo Bécquer: “Poesía eres tú” (ja, ja… es broma). Resulta casi imposible definir la poesía pero me atrevería a decir, tal vez con sacrílega presunción, que es encontrar el secreto que encierran las palabras y dejar que ellas nos conduzcan a pensamientos inesperados de belleza y verdad. Estoy de acuerdo con Armando Rojas Guardia, querido y siempre recordado amigo, cuando afirmaba: “Debemos aprender a vivir poéticamente”. Creo sinceramente que para ser poeta hay que ser un iluminado.

El humor es una de las más evolucionadas manifestaciones de la inteligencia humana.

—¿Tienes lecturas o autores preferidos? ¿Vuelves a ellos, los relees?

—Tal como antes te comenté estoy releyendo a Lawrence Durrell, quien pertenece a la honrosa raza de los extraordinarios literatos que no son Premio Nobel. El cuarteto de Alejandría es de una belleza inigualable y la recomiendo sin temor a equivocarme. Me gusta releer todo aquello que contenga calidad, interés, sorpresa, belleza y, a veces, irreverencia. Por ejemplo, tengo sobre mi mesa de noche, releyéndolo, un libro apasionante pero prohibido. Se trata de En nombre de Dios: investigación sobre el asesinato de Juan Pablo I, de David Yallop. Hace muchos años lo encontré, en una librería del Centro Plaza, antes de que lo retiraran de todas las librerías. Y no lo presto.

—Según Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, “hay muchos motivos para reírse, hay muchos motivos para temer la zafiedad de un humor barato y hay muchos motivos para celebrar la inteligencia, la sonrisa, la imaginación y la sutileza de nuestras palabras”. Jorge, ¿tienes buen humor?, ¿qué es para ti el humor?

—El humor es una de las más evolucionadas manifestaciones de la inteligencia humana. En mi caso particular, yo no podría vivir (literalmente) sin humor. Me encanta jugar al humor en todo tipo de situaciones y para ello pongo de testigos a mi esposa y a mis hijos. Y sobre todo pongo de testigos a los miles y miles de espectadores que durante más de sesenta años me vieron sobre los escenarios de España, Venezuela y parte del planeta interpretando, en televisión, cine y teatro, personajes cuya característica fundamental era el humor, el buen humor sin concesiones a la risa tonta y zafia.

—Finalmente, ¿crees que he dejado de preguntar algo en especial? ¿Esperabas alguna pregunta que no he formulado y que quieras responder ahora?

—Sí, esperaba que me preguntaras cuál es mi conexión especial con John William Dunne, el autor de Un experimento con el tiempo. La extraña e inquietante respuesta quedará para otra conversación que, de todos modos, ya se celebró en el futuro.

Jesús Peñalver

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