Lecturas de poesa en apoyo a afectados por el volcn en La Palma

Saltar al contenido

Un equilibrista valenciano y su luciérnaga es su primera novela en español:
Diego Denora mira el mundo con los ojos de un niño

viernes 6 de agosto de 2021
¡Compártelo en tus redes!
Diego Denora
Diego Denora: “¿Qué mundo es un mundo donde un niño nunca ha tenido en las manos una luciérnaga que chispea en la noche?”.

El fomento de una cultura de respeto y comunión con la naturaleza es un reclamo urgente que debe hacerse la sociedad contemporánea. Entendiendo esto a cabalidad, el escritor italiano Diego Denora ha convertido a un chico y a su amiga, una libélula que habla, en los protagonistas de una hermosa historia de la que resaltan valores como la amistad y el deseo de superación, envuelta además en un mensaje ecologista.

En Un equilibrista valenciano y su luciérnaga, su primera novela en español, un chico italiano comienza la aventura de hacer amigos en Valencia, España, a donde se ha ido con su familia. La barrera idiomática y cierto problema con sus “piernas de papel” se le presentan como obstáculos, pero él sabrá enfrentarlos con la ayuda de sus amigos.

Nacido en Tivoli en 1988, Diego es graduado de Estudios Italianos y Lingüística en la Università La Sapienza, en Roma. Cumplió su voluntariado en el Servicio Civil Nacional enseñando su idioma a migrantes, algo que él considera una experiencia central en su vida.

Dedicado profesionalmente a la publicidad, ha abrazado la literatura como forma de expresión y canal para comunicar sus ideas sobre la vida, en especial en lo relacionado con el amor a la naturaleza. Coccodrillo: Storia inedita di cronaca nera (2017) y Ai modi delle rane (2020) son sus dos novelas escritas en italiano, antes de lanzarse a la aventura de escribir en la lengua de Cervantes.

 

Lee también en Letralia: reseña de Un equilibrista valenciano y su luciérnaga, de Diego Denora, por Alberto Hernández.

Un equilibrista valenciano y su luciérnaga: la naturaleza está en peligro

—El protagonista de tu novela se llama Libero, una palabra del italiano que en español significa Libre. Y es toda una metáfora, porque el chico sufre de vértigos y esto constituye una limitación para él. ¿Cómo es que Libero se libera?

—Sus piernas de papel son el efecto real de su inestabilidad debida al mudarse a otra ciudad, una inestabilidad que él vive sin enterarse, y es por eso que desaparece en el momento que él encuentra finalmente su sitio en el nuevo mundo de Valencia. Es gracias a sus amigos, al amor y a su familia, que él encuentra su nuevo hogar, porque las relaciones son las que construyen tu hogar, no las cosas.

—En la novela hay una intervención de lo fantástico, pues Libero se hace amigo de Luz, una luciérnaga, que le permitirá descubrir cómo superar sus limitaciones. ¿Puedes hablarnos más de este aspecto de tu obra?

—Luz representa el alma perdida de la naturaleza, que está en peligro porque los adultos no cuidan más de ella. Libero lo hace porque es un niño, no tiene la pereza intelectual de los hombres; para él, sueño y realidad son dos dimensiones integradas, lo importante es ayudar a su amiga. Ese es el mensaje de Luz: quienes pueden invertir la ruta hacia la destrucción de la naturaleza son las personas que ven los árboles y los animales como compañeros de un viaje donde todos cruzamos los mismos pasos, como amigos que piden ayuda y no como material industrial.

—Libero y sus amigos, Andrés y Mar, formarán la Special Ringo Crew, un equipo de skaters. ¿Por qué eliges el skateboarding como tema de tu novela?

—El skateboarding es algo que me sugirió la ciudad, porque Valencia vive de patinetes, skate, bicicletas y paseos. Es algo normal aquí y crea una verdadera burbuja mágica respecto a otras ciudades que he visto. Valencia es el lugar perfecto para una historia donde realidad y sueños se mezclan, porque así es de verdad.

 

“Un equilibrista valenciano y su luciérnaga”, de Diego Denora
Un equilibrista valenciano y su luciérnaga, de Diego Denora (2021). Disponible en Amazon

La familia es el pilar de cualquier historia

—Un protagonista que se hace amigo de un insecto que habla y un padre que es carpintero. ¿Son estas referencias a Pinocho, la conocida obra de Carlo Collodi?

—Las referencias a Pinocho las noté cuando terminé el libro, porque en realidad siempre he hecho referencia a mi vida real: mi abuelo era un campesino “mágico”, otro abuelo carpintero, y sí, mis padres son mágicos como son los de Libero. Luz es una luciérnaga porque ha sido un compañero de mi infancia en los campos que ha desaparecido en los últimos años, por eso era una guía perfecta para Libero. Probablemente Pinocho ha sido una referencia subterránea, porque todos los niños italianos crecen con esta historia, entonces nadie entre nosotros se puede alejar mucho de sus aventuras.

—Otro elemento importante en la obra es la familia como pilar para salir adelante. Nos gustaría que nos hablaras más de este tema.

—La familia es el pilar de cualquier historia, no hace falta hablar de la Ilíada o de la Odisea. Además, es un trato definitivo de cualquier italiano y Libero no podía ser diferente, porque este es un cuento de fantasía mucho más real de lo que parece. En Italia, la familia te apoya y acompaña constantemente toda la vida y tú aprendes a hacer lo mismo con la tuya, con tus amigos y tus compañeros de trabajo. “Familia” para un italiano es un concepto grande, inclusivo, que cambia con la edad y más adelante casi se transforma en mitología. A los ojos de un niño, los padres y los abuelos hacen cosas imposibles que nadie más puede hacer; entonces no queda otra explicación que creer que son mágicos.

—“Los seres humanos muchas veces olvidan que no están solos en la Tierra”, dices casi al final de la novela, y es una reflexión que se suma a otros aspectos como la conciencia de la perversidad de las chispas negras o la aversión de Libero a la idea de ver un toro sufrir. ¿Consideras que tu novela tiene un mensaje ecologista?

—Es el mensaje principal de la novela: no existe vida sin la naturaleza y, sobre todo, no existe infancia sin la naturaleza. ¿Qué mundo es un mundo donde un niño nunca ha tenido en las manos una luciérnaga que chispea en la noche?

 

Lee también en Letralia: primer capítulo de Un equilibrista valenciano y su luciérnaga, de Diego Denora.

Diego Denora y el castellano como estrategia

—Has trabajado como redactor publicitario, ¿qué aporta esta área a tu literatura?

—Espero que lo menos posible, porque yo no quiero vender una historia, yo quiero contarla. Pero si algo hay de positivo, es que en esta área aprendí a escribir claramente y no dejar los detalles a la casualidad, exprimir un mensaje simple y concreto.

—En la novela dices: “Hay muchas palabras que nunca se aprenden de un idioma nuevo, pero tonto es de las primeras y nunca se olvida”. Y esto es algo de lo que sabes, pues como parte de tu servicio civil voluntario en tu país te ocupaste de enseñar la lengua italiana a migrantes. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Influyó en algo en tu apreciación de la creación literaria?

—Fue una de las experiencias centrales de mi vida, porque me enseñó a respetar lo que no conozco sin caer en el error del prejuicio. En aquella época volví a mirar el mundo con los ojos de un niño, que mira las cosas por las que son, sin etiquetas y filtros. Creo que todo lo que escribo es un reflejo de esa experiencia.

—Ya has publicado dos novelas en tu lengua materna. ¿Qué retos representó para ti escribir esta historia en español?

—Escribir en castellano es fascinante y estimulante. Pero el hecho de escribir en castellano fue estratégico: no hay mejor manera de escribir para niños que siendo un niño tú mismo, que es lo que soy como “hablante” en castellano.

—¿Escribes actualmente alguna otra obra en español? ¿Estás envuelto en algún otro proyecto del que puedas contarnos?

—Sí, estoy trabajando hace un año en historias de mujeres italianas que lucharon por los derechos civiles en las décadas pasadas. Será algo más político y comprometido, pero absolutamente real, porque las mujeres son personas reales. Aparte de eso, están mis proyectos fotográficos, que componen un work-in-progress.

Jorge Gómez Jiménez