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Un equilibrista valenciano y su luciérnaga, de Diego Denora

viernes 23 de julio de 2021
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“Un equilibrista valenciano y su luciérnaga”, de Diego Denora
Un equilibrista valenciano y su luciérnaga, de Diego Denora (2021). Disponible en Amazon

Un equilibrista valenciano y su luciérnaga
Diego Denora
Novela
2021
66 páginas

1

La magia de la amistad, la inocencia hecha palabras en un niño que intenta hablar español. Un niño italiano que se refugia en la alegría exultante de su padre, en las bondades de la madre y en la felicidad de los amigos. Un niño hecho de gracia, de imaginación pura, que tiene referentes en los sueños de otros autores que han escrito obras para que los más chicos sigan soñando y para que los grandes se sientan niños montados en una patineta, en unos patines, en una bici o en una nube.

La magia de creer en ella, de hacerse partícipe de una historia donde una ciudad, la Valencia de España, es la geografía de muchos descubrimientos. Se trata de una suerte de homenaje a un lugar donde los más tiernos, los más inocentes reconstruyen el mundo, lo hacen más humano, más amoroso desde los permanentes encuentros con lo increíble.

Libero, el niño italiano, que ahora vive en Valencia, es el centro de un relato en el que él y una luciérnaga se encuentran para darle sentido a la realidad. Es decir, desde la magia, desde lo que muy pocos llegan a admitir, desde ese mundo luminoso, la realidad es tan mágica que es posible encontrarla en la voz de un pequeño insecto que alumbra por las noches la mirada del niño. Insecto que también elabora una historia desde el temor de haber perdido a su hermano: una metáfora del desaliento humano que encuentra espacio en la ternura de un niño, quien además tiene como padres a unos magos de la alegría: el padre Fernando, carpintero, como el viejo que hizo a Pinocho con sus manos; la madre, la ferviente cocinera que se alegra del apetito de todos y que reúne a los niños para que su niño sea feliz, Libero, el de las piernas de papel y de los recurrentes vértigos.

 

Nos hacemos niños con Libero y creemos en las palabras de la luciérnaga, quien nos habla sostenida sobre una hoja.

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La lectura nos convida a entrar en la vida de un niño emigrante, italiano como ya se dijo, con otro venido de Ecuador, quienes forman un equipo de patinadores o skaters, suerte de equilibristas que sueñan con competir, pero que en la práctica lo que más les importa es ser amigos; ayudar, en el caso de Libero, a la luciérnaga a encontrar a su hermano perdido.

Esta novela corta de Diego Denora es una invitación a la solidaridad, a no perder nunca el equilibrio para poder ingresar en el mundo maravilloso de los seres humanos que se saben bendecidos por una ciudad, sus paisajes, parques, lugares donde la libertad sea la dueña de todos los sentimientos.

Un equilibrista valenciano y su luciérnaga revela el carácter juvenil que debe prevalecer en todo hombre o mujer. Es decir, no dejar de ser niños para poder ser adultos sin complejos, como papá Fernando, mamá Anna, el abuelo Pepe, que aparece como un personaje referencial en la memoria del narrador, así los chicos Andrés, el ecuatoriano, y Diana, la niña colombiana, Leonor, quienes logran hacer el equipo, el crew, con Libero. Cada uno de ellos es una lección para los lectores adultos. La luciérnaga podría ser un arquetipo de la esperanza, de la sonoridad de los sueños, porque quien no lea este libro como si fuera un sueño o un acto de magia perdería el tiempo. El libro de Diego se lee como lo que es: una fantasía que nos revela la gran realidad de la inteligencia humana enfocada en la inocencia y la alegría. En las ganas de no desmayar, de no decaer frente a la imposibilidad, por ejemplo, de poder caminar, como a veces le sucede a Libero con sus piernas de papel y los vértigos que aparecen con cierta frecuencia, pero que son superados gracias al deseo de ser niño desde las aventuras propias de los niños.

Una de las imágenes más atractivas y sugerentes de esta historia está en la magia de los árboles frutales de papá Nando, un relato en el que colores, sabores y movimientos hacen de la lectura una maravilla verbal. Y tiene que ser una maravilla para que el adulto pueda leer el libro como si fuese un niño. En tal sentido, el autor lo logra: nos hacemos niños con Libero y creemos en las palabras de la luciérnaga, quien nos habla sostenida sobre una hoja, pegada a la luz led roja del televisor del cuarto del niño protagonista o en un poste de un puente cercano al parque donde Libero suele jugar con sus amigos.

Para enriquecer el mundo de la imaginación, el autor se vale de personajes literarios, los que propician un acercamiento a más lecturas, como el gigante Gulliver convertido en la atracción de un parque, el Cid Campeador, los héroes griegos.

Este es un libro que no puede pasar inadvertido porque nos advierte lo que podríamos ser. Nos advierte lo que muchos han dejado de ser. Y nos dice lo que llegaríamos a ser si entramos en el alma de cada niño que forma parte del tejido de esta historia.

Alberto Hernández
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