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La escritora colombiana Carmen García Valderrama tiene dos libros plenos de poesía
“Toda la vida es un viaje maravilloso a través de las palabras”

viernes 19 de noviembre de 2021
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Carmen García Valderrama
Carmen García Valderrama: “Cada palabra tiene más que un destello, una entonación, un país, una vertiente ortográfica”.

De sus tiempos en la industria hotelera de su país, cuando escribía “en la clandestinidad”, le quedó el anhelo de escribir la gran novela. Por el momento, nos regala dos libros que nos permiten acceder a una creatividad marcada por la exploración de la palabra y por la expresión de sus sentimientos.

Carmen García Valderrama nunca ha estado lejos de la palabra. Es periodista, pero ya en su Barranquilla natal era una apasionada lectora con gustos variopintos que van desde Richard Bach y Antoine de Saint-Exupéry hasta la novela policial o la literatura rusa, sin dejar de lado las letras de su país en las novelas de García Márquez y Mutis. Hoy nos habla no sólo de sus libros, sino también de cómo se interna en la narrativa y la poesía.

Lee aquí una selección de textos de Carmen García Valderrama

Tus dos libros recientes, Paisajes para conjurar la soledad y Amparo de tutela a favor de los puntos suspensivos, recurren a registros muy distintos entre sí. ¿Cómo llegas a estos libros? ¿Qué pasaba dentro de Carmen García Valderrama que produjo estos libros tan diferentes y a la vez tan similares entre sí?

Escribir es utilizar todos los recursos a nuestro alcance para poder expresar sin titubeos ese nudo que se nos hace en la garganta: a veces gritar, otras veces murmurar. Así que fui juntando los textos, en su mayoría resultado de una exploración interior, que bien conduce a un poema, o a un despeñadero, a una ensenada. O a un oscuro silencio. Era una expedición al fondo de los sentires, y darle cauce a un torrente que se desbordaba. En alguna página de esos libros me refiero a la organización táctica de los deseos… Pues eso, había que darle forma a este desconcierto que conlleva ser la mujer de mil pintalabios.

Entonces, se fueron decantando los escritos, algunos seriados como Conversaciones contigo, Instrucciones y otras disquisiciones (dizque sesiones terapéuticas) para alzar vuelo y encontrar ese paisaje que permite conjurar la soledad. Otros, sin embargo, tenían ese cariz gramático/dramático, revoloteando por las palabras, escabulléndose de un párrafo para renacer en un nuevo relato. Signos que cobran vida, tildes que se insubordinan. O el poema que llegado a su éxtasis se precipita en lo cotidiano. Necesitaban pues, otro escenario para alcanzar al lector furtivo con sus textos y pretextos.

 

Muchos de estos textos ya han conocido la vista amable de muchos lectores a través de foros de poesía y narrativa. ¿Cuál ha sido tu interacción con ellos?

Es una experiencia muy interesante desde el punto de vista de que esos compañeros de los foros son lectores mucho más exigentes, que están lidiando con sus propios procesos creativos, que saben que un silencio o una pausa en el discurrir literario bien puede significar cosas muy diferentes, y el contrapunteo de opiniones, el ir más allá del parecer o el sentir contribuye a trasegar formas, contraponer vocablos, perfilar brumas creativas. Recibir una buena crítica de parte de este selecto grupo ya es un gran logro. No hay pretensión, sino un quehacer creativo altamente satisfactorio.

 

En Paisajes para conjurar la soledad hay un personaje que recorre sus páginas, Gaviota. ¿Cuánto de autobiografía hay en sus líneas? ¿Cuánto de ti?

Suelo decir que Carmen García Valderrama es el seudónimo de Gaviota. En sus principios, la interacción en los foros de Internet obligaba al uso del nickname, y me identifiqué así, porque ya venía fomentando mi particular visión de los mundos interiores, esa metáfora continuada de la playa más cercana al sol, a cobijo de Juan Salvador Gaviota, no luchar en la bandada de la comida sino explorar el horizonte y practicar los vuelos creativos. Viví unos años frente al mar, me hice cazadora de crepúsculos y le rendía pleitesía a la luna, me sentía ave de paso. Soñar era un derecho inembargable. Así que la cotidianidad era apenas un punto de partida y de regreso pero mi oficio era escribir, describir. Re-existir.

 

“Paisajes para conjurar la soledad”, de Carmen García Valderrama
Paisajes para conjurar la soledad, de Carmen García Valderrama (Autores Editores, 2020). Disponible en la web de la editorial

¿Por qué crees que es necesario resguardar los puntos suspensivos? En realidad debería formular esta pregunta de esta manera: ¿cómo opera en ti el lenguaje, cómo urdes un juego de palabras?

Resguardar no sólo los puntos suspensivos, también las tildes, los signos de exclamación. Imposible un divorcio de los signos de interrogación. La eñe, por todas las gaviotas diáfanas, debe tener su alma expuesta y arrugada. Los dos puntos y los puntos y coma tiene que ser las talanqueras de nos permitan recobrar el aliento ante un torrente de palabras.

No he sido muy paciente con los acertijos ni las adivinanzas, pero los diccionarios y las etimologías me encantan. Asumo que cada palabra tiene más que un destello, una entonación, un país, una vertiente ortográfica. Empieza por colocarla, fragmentarla, buscar su compás y dejarla que crezca. Es inevitable, ahí se va dando, lo importante es capturarlas.

 

Muy en relación con la pregunta anterior, ¿qué tan importante es para ti el lado lúdico de la palabra?

Toda la vida es un viaje maravilloso a través de las palabras. Desde que comienzas a trazar los palotes que darán forma a las vocales, y luego comienza la asociación de los signos escritos con la belleza que te rodea, la relación es mágica. Poesía pura aun cuando no sepas lo que es un poema. Las cartillas infantiles de lectura tienen ese poder de embelesarnos cuando una letra es, por ejemplo, el tallo de una flor, y la redondez de una vocal tiene forma de nube. Y ya no quieres salir de ese mundo mágico de las palabras y encuentras que, además, te abren la puerta a tantas otras experiencias, las infinitas vidas de los relatos, o los amantes secretos.

 

Eres periodista y has trabajado en la parte comunicacional del área hotelera. ¿Cómo es eso de que una persona que se dedica profesionalmente al turismo se decanta después por la creación literaria?

Tuve que poner en pausa mis devaneos con la literatura y cumplir ciertos deberes pecuniarios. Escribía en la clandestinidad. Pero el campo de la hotelería da sustento a procesos creativos que se derivan del contacto con personajes de diferentes orígenes y nacionalidades, profesiones u oficios.

Es un trabajo para nada rutinario, en el que los desenlaces suelen ser inimaginables. No hay cabida a lugares comunes. Concurren miles de historias, algunas nunca acaban, otras son efímeras.

Al cultivar el sentido de la hospitalidad aprendí también a darle la bienvenida a las incertidumbres, alegrías, fantasmas, disquisiciones, fantasías: todos los entes posibles que debía individualizar en mis poesías, o en las narraciones.

Sueño con recopilar todas esas vivencias y escribir la gran novela pues el hotel fue un escenario propicio para atesorar las percepciones que cimentaron mi necesidad de narrar una historia, contar un cuento o crear un poema.

 

¿Puedes hablarnos de tus lecturas? Autores favoritos, libros que te hayan marcado.

Hay tres libros que fueron fundamentales para un tránsito menos traumático por la adolescencia: Juan Salvador Gaviota, El principito y El profeta.

Agatha Christie, Sherlock Holmes, Maigret y un gran inventario de novelas policíacas lograron convertirme en una lectora fiel, inducida por mi padre que supo cultivar en mí la predilección por la literatura.

El primer amor me precipita a la novela romántica con esa urgente necesidad de entender qué está pasando. Con tantas hormonas en contravía la poesía me da respuestas un tanto ambiguas. Cumbres borrascosas, María, Eugenia Grandet, Anna Karenina, me llevan a pensar que “demasiadas mujeres se miran en un mismo espejo”. Mujercitas nunca estuvo en mis manos. Sigo sin superar La náusea. En busca del tiempo perdido es una asignatura pendiente. Toda la obra de García Márquez le da voz a nuestro Caribe, y bajamos del páramo a la playa. Con Álvaro Mutis cruzar océanos y recalar en los puertos, en vapores de ensueño, trajo otros acentos, otras voces.

Me apasionan las novelas históricas. Ken Follet, Valerio Massimo Manfredi. Mujeres que corren con lobos es un libro que mantengo muy cerca. Pablo Neruda, Mario Benedetti, Antonio Gala son recurrentes.

Hotel, de Arthur Hailey, y Confesiones de un publicitario, de David Ogilvy, se convirtieron en modelo de un texto académico que tengo pendiente de escribir.

Prefiero hacer referencia a los últimos libros que he leído más recientemente y me han causado una muy grata impresión: El infinito en un junco, de Irene Vallejo; Vibrato, de Isabel Mellado; Mujeres que compran flores, de Vanessa Montfort.

 

“Amparo de tutela a favor de los puntos suspensivos”, de Carmen García Valderrama
Amparo de tutela a favor de los puntos suspensivos, de Carmen García Valderrama (Autores Editores, 2021). Disponible en la web de la editorial

Estamos atravesando un momento coyuntural en la historia de la humanidad. Una pandemia ha dejado tristeza en todas las familias y aún no tenemos claro cómo cambiará esto al mundo. Pero en la esfera personal y literaria, ¿cómo te ha cambiado a ti?

Todavía no hemos alcanzado a medir el impacto de la pandemia. Cuando mi hijo y yo estábamos en el estadio de básquet esperando el turno para vacunarnos, le dije que observara bien esa escena, las sillas organizadas en las canchas, los médicos y enfermeras atareados, el sentimiento de temor y desesperanza… Le dije: Estás viviendo lo que constituye una gran coyuntura en la historia del siglo XXI… Como nuestros abuelos percibían las noticias de la segunda guerra mundial, como nuestros padres cavilaban con el desenlace de la guerra fría.

La pandemia nos ha dejado duelos sin despedidas, conversaciones truncas, la necesidad de prescindir de obviedades, solventar disputas y, sobre todo, decir hoy lo que ayer callamos por pudor o cobardía. No quiero pensar que hay una literatura en pandemia, que un Bocaccio con teclado está recopilando el Decamerón de este milenio…

 

¿Qué estás escribiendo? Después de estos dos libros, ¿qué nos espera a tus lectores?

Los sentimientos del adiós es un libro que acabo de editar, pero no recomiendo su lectura. No estamos para más lágrimas. Mujeres de mil pintalabios es un compendio de narraciones, algunas veces en primera persona, en las que patentizo que el ritual de pintarse los labios frente al espejo, una y mil veces, nos defragmenta, recompone, dignifica, y nos deja listas otra vez para vencer. Y, claro, Actos crepusculares, el libro prometido, que reúne toda la poesía erótica que fui capaz de escribir al filo de las mis per-versiones.

Jorge Gómez Jiménez