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“Toda lectura tiene algo de viaje”, dice el autor de Al calor de la lectura
Ricardo Martínez-Conde quiere hacerle compañía al lector

jueves 19 de mayo de 2022
Ricardo Martínez-Conde
Martínez-Conde: “Leer, creo, tiene algo de democracia, de hermanamiento, de deferencia amistosa”.

En el español Ricardo Martínez-Conde (Sanxenxo, 1949) habita un autor maravillado por lo breve, la concisión, las pequeñas cosas. Su libro Al calor de la lectura V —el número corresponde al ecuador de una serie de diez volúmenes— recoge sus reseñas de libros, piezas imbuidas de un gusto por la lectura que él, entusiasta, comparte con ese lector hipotético que está del otro lado.

Ensayista, crítico literario, poeta, cuentista, aforista, Martínez-Conde ostenta una producción variada y fecunda. Desde 2018 ha publicado cinco libros, aparte del ya mencionado: Con la lluvia (2019), El hombre que camina lentamente (2019), El tiempo así (2019), El nombre de las cosas (2021) y La conciencia del río (2022). Desde febrero de 2020 tenemos el honor de albergar en nuestra Ciudad Letralia la avenida Al calor de la lectura, en la que publica algunas de las reseñas de las que se compone su serie. De esto y más conversamos hoy con él.

 

Al calor de la lectura V: la curiosidad como conocimiento

—Tu libro Al calor de la lectura V forma parte de una serie dedicada a reseñas de libros, pero no son las reseñas al uso. Son crónicas de lector en las que describes lo que te hizo sentir cada libro, lo que aportó a tu bagaje. ¿Puedes hablarnos un poco de este modo de aproximarnos a esos títulos?

—Pues verás, en esa procura de recibir una forma de alimento a través de la lectura, pienso también, deliberadamente, en el lector (es, de alguna manera, rendir homenaje a Goethe y sus afinidades electivas). Mi voluntad es la de hacer partícipe al lector, al que fuere, de algo que a mí me parece útil, resaltable; una forma de destacar, también, la inteligencia del otro y de su percepción de la realidad. Es un homenaje al autor y un tributo de amistad al lector, a cualquier lector. Leer, creo, tiene algo de democracia, de hermanamiento, de deferencia amistosa. Eso pretenden ser esas Reseñas, esas Invitaciones a la lectura. Un proyecto previsto en diez volúmenes con ese título genérico: Al calor de la lectura.

Lee también en Letralia: reseña de Al calor de la lectura V, de Ricardo Martínez-Conde, por Carlos Yusti.

—Este volumen contiene alrededor de doscientas reseñas. ¿Cómo es el proceso de escoger un libro, leerlo, escribir sobre él?

—Lo primero, responde a la curiosidad como conocimiento, tal como Aristóteles nos invitó a hacer. Luego, toda lectura tiene algo de viaje, lo que le asemeja a una forma de vivir, al ejercicio de vivir esencialmente. En la lectura transitas paisajes, conoces gentes distintas, moderas el orgullo con la humildad, aprendes el decir de los sonidos de las cosas: el arrullo de los árboles, el sonido del viento sobre el mar…

—“De un libro debiera interesarnos todo”, sentencias en una de las reseñas. ¿Realmente es así? ¿Qué pasa cuando un libro no satisface tu curiosidad lectora?

—No todas las personas, acaso ninguna totalmente, llenan nuestro deseo, nuestra curiosidad. Sin embargo, lo que aporta cada cual es esencial no sólo para conocer, sino para conocernos, otro fecundo recordatorio que nos inculcaron los maestros griegos. Vivir es un perpetuo entretenimiento, sorpresa, y la lectura entraña también una forma de dejarse vivir en el sentido más inteligente y gozoso. De otra parte, el libro es a la vez un objeto físico, y eso cuenta: la portada, la letra, la textura de la hoja, su color, los márgenes (donde tantas veces hacemos anotaciones propias), la intensidad de la tinta, el tamaño, el olor… Como tal forma tiene algo de arte; todo en él, pues, es —o puede ser— una percepción sensible.

 

Ricardo Martínez-Conde y la identidad con el lector

—¿Ricardo Martínez-Conde es lector de reseñas? ¿Te gusta leer las reseñas que se publican en los medios?

—Sí, y en ello distinguir la perspicacia del lector, la calidad humana del lector, la percepción de su ser interior. Borges, Roberto Calasso, el mismo Pessoa (más lector de “interiores”, de personas) son para mí referentes esenciales. El otro día comentaba a un amigo —para su sonrisa— que echo de menos una Enciclopedia de lectores. ¿Se imagina el riquísimo bagaje de sugerencias que obtendríamos de ello? Se sabe no sólo que cada lector es distinto, sino que “enriquece” la historia originaria. Sería maravilloso.

—¿Qué buscas en una reseña de otro autor? ¿Qué tan a menudo lo encuentras?

—Busco, esencialmente, los mundos (interiores y exteriores) que me invita a conocer el escritor, pero también a conocer por qué el reseñador ha reparado en la lectura y cómo expresa lo que ha visto, lo que ha leído; en ello pudiera estar enseñándome a mí a ser un lector más inteligente, más atento.

—Leyendo tus otros libros se puede decir que eres un cultor de la brevedad. Es una característica que se puede encontrar en toda tu obra y que nos ha llamado especial atención en Con la lluvia (2019), El hombre que camina lentamente (2019), El tiempo así (2019) y El nombre de las cosas (2021): son poemas y cuentos breves y se da el caso de que incluso tu nouvelle “El espejo y la sombra”, primera parte de El tiempo así, está compuesta por breves retazos de un diario. ¿Cómo llegas a este nivel de expresión?

—Cuando viajo, cuando paseo, reparo, inevitablemente, en lo inmediato por su forma, por sus “atractivos”… Pero cuando obtengo la mayor satisfacción es cuando reparo en lo pequeño. Paseando por el campo, sobre todo por el monte, algunas plantas se hacen de inmediato visibles. Otras, sin embargo, parecen preservar una cierta timidez; pero, curiosamente, son las que exhalan un aroma más delicado y duradero. Son las más arraigadas a la tierra, tienen raíces profundas y su constancia está hecha a prueba de valentías: hacia la lluvia, hacia el viento, hacia el frío… Son sinceras, claras, y lo dan todo de sí. Son un homenaje a la vida.

—Acabas de publicar otro libro, La conciencia del río, en el que reafirmas esa vocación por lo breve, pues es una selección de aforismos de tu autoría. ¿Puedes hablarnos de cómo concibes este género?

—Como una forma de pensar, cuidando más la raíz que la flor, es decir, no me interesa tanto el posible efecto festivo del resultado como la incitación a pensar, el reparar minucioso en las cosas, en los matices, y hacerlo de una forma metafórica, libre, incluso musical… Yo veo-vivo como una forma de invitación a que el lector, por sí, vea-viva. Es una forma más de identidad, de comunicación.

 

“Especulo y observo como una forma de entretenimiento”

—Sé que has publicado parte de tu obra en gallego. ¿En qué lengua te sientes más a gusto? ¿Qué retos te presenta la creación en una y otra?

—Toda lengua es complementaria y enriquece a la otra. En mi caso me siento afortunado porque mi madre hablaba un gallego —una forma distinta, musical, natural de referirse a la realidad— que otorgaba algo así como una cierta intimidad a las cosas (se ha dicho que un idioma no es sólo una forma de hablar, sino una forma de pensar). El gallego creo que posee como idioma una condición introspectiva, de “sentir” la realidad, de ahí que tenga una gran proximidad con ese interlocutor ineludible: la naturaleza. De algún modo, así, la lírica galaico-portuguesa —una de las muestras de poesía universal más delicadas— tiene mucho de conexión, incluso de precedente con esa forma poética tan distinguida que es el haikú japonés.

—Como escritor, ¿cuáles son tus influencias? ¿Qué libros y autores han marcado a Ricardo Martínez-Conde hasta el punto de servirle de guía para encontrar su propia voz?

—Los citaría a todos, por cuanto en más o en menos, cada cual me ha dicho algo, me ha influido en algo. Y eso he pretendido interpretarlo a mi modo, es decir, con sentido de la libertad, que es el tintero donde suelo mojar la pluma. Unos me han enseñado lo que debo hacer, y otros lo que no debo hacer. Y de ahí mis posibles aciertos y errores, claro está, que es lo que yo, a mi vez, transmito. Pero es verdad que algunos autores me han hecho una especial compañía: Musil, Edmond Jabés, Szentkuthy, Saint John-Perse, Pessoa… Sin olvidar el Romancero o la literatura llamada del Siglo de Oro español.

—Hay quienes escriben ciñéndose a horarios y rutinas preestablecidas, y quienes simplemente se sientan cuando les llega alguna idea. ¿A cuál segmento perteneces?

—A mí —y con el tiempo cada vez más— lo que me descansa es trabajar; especulo y observo como una forma de entretenimiento. Y eso equivale a una forma de adicción por la vida. Ya que la vida equivale a un viaje, procuro aprovecharlo lo más posible. Y me gusta. Una aproximación a un epitafio, para mí, sería: “A pesar de todo, ha merecido la pena”.

—¿Cómo ha afectado la pandemia de Covid-19 a Ricardo Martínez-Conde?

—Con el efecto negativo del desasosiego (si bien, como diría Gadamer, el dolor forma parte de la vida) y con un nutritivo aislamiento, que me ha permitido intimar más con lo observado, con lo pensado. ¿No hay un refrán que dice: “Vivir para ver”?

—¿Qué estás escribiendo actualmente? ¿Qué nos espera a tus lectores?

—A ese amable lector que desconozco pero que sé que existe (siempre, siempre hay alguien “al otro lado”) procuraré hacerle compañía con algo de verso, con algo de aforismo, con algo de ensayo. Productos de temporada, para que el ágape de la palabra y la amistad resulte más gozoso y natural.

Jorge Gómez Jiménez