XXXV Premio Internacional de Poesa FUNDACIN LOEWE 2022

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Al calor de la lectura V, de Ricardo Martínez-Conde
(textos escogidos)

jueves 5 de mayo de 2022
“Al calor de la lectura”, de Ricardo Martínez
Al calor de la lectura, de Ricardo Martínez (Ortigia, Madrid, 2020).

Al calor de la lectura V. Reseñas literarias
Ricardo Martínez-Conde
Editorial Ortigia
España, 2020
248 páginas

Emociones póstumas

Friedrich Nietzsche: Fragmentos póstumos (1885-1889).
Cátedra, Madrid, 2007

Los escritos que un autor ha dejado después de su fallecimiento debieran ser una obra exclusiva de consulta para el pudor intelectual, a menos que el propio autor hubiera decidido algo distinto al respecto. Sólo le pertenecen a él, y, si acaso, de ser depositados en un fondo de consulta, destinados a ser conocidos y estudiados con todas las reservas propias de lo ajeno. Ahora bien, su valor resulta muy seductor por cuanto tal vez nos enseñe la parte “humana” del escritor, su entrañable debilidad, digamos. Nos enseña una intencionalidad, una voluntad sin definir a la que, de poder acceder, debe estudiarse con algo de emoción, pues es como acceder a su cuarto propio, asistir a una confidencia. Y así debe reflejarlo el estudioso. El resultado tiene que ser una hipótesis nada más. Aquí, al leer estos fragmentos de Nietzsche, la emoción es un regalo, y el resultado deslumbrante: “Ponemos una palabra donde comienza nuestra ignorancia, donde no podemos ver más allá, p. ej., la palabra ‘yo’, la palabra ‘hacer’, la palabra ‘padecer’: son quizás líneas del horizonte de nuestro conocimiento, pero no ‘verdades’”. Eso es, líneas del horizonte intelectual de uno de los más lúcidos y valientes filósofos que haya dado Europa. Tomémoslo así, como fragmentos, por pudor y discreción intelectual.

 

Leer para vivir

James Boswell: Vida de Samuel Johnson.
Acantilado, Barcelona, 2007

Bienaventurado el que aquí leyere: para entender la condición humana, para discernir acerca de los grados del humor, para acercarse con rara fidelidad a la descripción de la vida de un hombre (¿se trata, en efecto, de la mejor biografía escrita a tenor de la opinión de tantos críticos?), para advertir sobre la variada realidad que, como humanos, nos concierne… Ha sido un extraordinario acierto, sin duda, el de poner a disposición del lector esta edición completa (tan reiterada su edición hasta ahora en fragmentos) de la vida de tan brillante hombre público e ilustrado del siglo XVIII, vertida en texto gracias a los apuntes de su fidelísimo amigo James Boswell (en justicia cabría decir que una de las virtudes de esta editorial es su destacado gusto literario). “Rara vez, señor, causa perjuicio alguno un monarca absoluto. Ahora bien, a sus súbditos los gobierna el azar. No hay seguridad de un buen gobierno”, sentencia Johnson en un pasaje. Pero ya queda dicho, los matices más ricos y variados de la realidad cotidiana están aquí, expresos con inteligencia e ironía. Quizás por ello Stevenson llegó a decir: “Tomo un poquito de Boswell cada día, como si fuera la Biblia, y me propongo seguir leyéndolo hasta el día en que me muera”. A valorar también la cuidada traducción.

 

Lee también en Letralia: reseña de Al calor de la lectura V, de Ricardo Martínez-Conde, por Carlos Yusti.

Texto y pensamiento

J. M. Coetzee: Diario de un mal año.
Mondadori, Barcelona, 2007

Estoy por decir que los libros fragmentarios (diarios, dietarios, apuntes…) son libros falsamente fragmentarios por cuanto (y piénsese, por ejemplo, en un libro de aforismos) por lo común en los tales se encierra una fórmula de pensamiento, de profundización, que hace trascender con ello el mero contenido de una historia, y que aluden más allá de su propio formalismo breve. Más cuando es el propio escritor quien se “expone” en el devenir del discurso: “La música expresa sentimiento, es decir, proporciona forma y cobijo al sentimiento no en el espacio, sino en el tiempo. En la medida en que la música tiene una historia que es más que una historia de su evolución formal, nuestros sentimientos también deben tener una historia”.

El hecho de que el texto se nos ofrezca en la división (tal vez un tanto caprichosa) de “Opiniones contundentes” y “Segundo diario” hace la lectura más electiva en cuanto que una lectura dura por su pensamiento, que es único, y se rehace cada vez por un lugar distinto y nuevo. Aún más: hay textos más pretendidamente elaborados entreverados de otros de una brevedad que casi resulta conminatoria, esto es, de ningún modo excluibles por innecesarios: “Nunca he dicho que tuviera la cabeza hueca”. El lector comprenderá.

 

Prosas de vida

Rubén Darío: Autobiografía. Historia de mis libros.
Artemisa, Tenerife, 2008

A pesar de la consideración general existente en el sentido de que todo poeta, por razón del dominio del lenguaje, deviene en buen narrador, también es cierto la reticencia que existe respecto a otorgar a un mismo escritor la adscripción a dos géneros distintos. Este libro, sin embargo, viene a desmentir tal prejuicio, toda vez que lo que el lector tiene ante sí es una prosa cuidada, un estilo sencillo y directo, y una capacidad expresiva digna de consideración: “Entré a mi camarote, me dormí. Era yo el único pasajero. Desperté horas después y fui sobre cubierta. A lo lejos quedaban las costas de mi tierra. Se veía sobre el país una nube negra. Me entró una gran tristeza”.

Esta frase lacónica, de un grafismo inmediato, supone en sí una exposición literaria de un rigor casi científico. Cabría, aquí, la fórmula graciana: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Es este, desde luego, un libro que se lee con adicción por cuanto lo narrado es un devenir personal muy fértil y porque quien lee no tiene barreras que le impidan entrar en lo narrado, implicándose de inmediato en la rica vida de este hombre que, gracias a su capacidad de observación y a su educada sensibilidad, nos ha otorgado una herencia literaria de renovada vigencia. La Historia de mis libros es un regalo añadido al texto.

 

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