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La fuerza espiritual de Skarlet Boguier

viernes 17 de febrero de 2023
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Skarlet Boguier
Skarlet Boguier: “Todos los aforismos son una marca. Un círculo cerrado como un halo solar a cuyo alrededor gira el pensamiento/emoción”.

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En 1929 la escritora británica Virginia Woolf publicó su serie de conferencias sobre la mujer y en ese libro, Una habitación propia, proponía la autonomía del espíritu femenino (en el caso de ella publicar novelas) bajo dos conceptos medulares: tener dinero y tener una habitación propia. En otras palabras, la fuerza espiritual dependía de su independencia financiera y de un espacio íntimo de desarrollo. A tal habitación, tal sentido de libertad, una filosofía sarcástica para gobernarse a sí mismo y trazar su destino. Woolf peleaba contra las peores pesadillas de la era victoriana que aún persistía. Pero Woolf nos dejó su subjetividad, su interioridad de monólogo interior, y se liberó. Así es su fuerza espiritual.

 

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Sin embargo, la poeta y aforista venezolana Skarlet Boguier (Maracay, 1983) suele buscar otros locus desde donde proyectar su obra incómoda e irónica. Con razón al leer uno de sus libros poéticos La lámpara de los muertos (2015) proyecta la luz de la vida y de lo que somos por encima de los osarios de las memorias y de los deseos. En su libro de aforismos Impertinencias verbales (2017) llega a decir: “La verdadera fuerza es la espiritual”. Así que bajo esa tensión centrípeta nos fuimos a entrevistarla. Y he aquí sus respuestas:

 


 

Hay un motor que impulsa y mueve desde adentro como el citoplasma de una célula o el núcleo de una bomba.

—¿De dónde te viene la pulsión aforística?

—Imagino que viene de los procesos de pensamiento, del poema que no pudo ser escrito, de las lecturas múltiples y una necesidad expresiva de síntesis, juego y redondez de la palabra al tratar de decir mucho con poco.

—¿Qué es lo que tiene el aforismo que no lo buscamos en la poesía y que tampoco lo encontramos en los otros géneros literarios?

—Su inmediatez explosiva. Su infinita brevedad elíptica, como un misil que estalla en la totalidad del horizonte.

—Cuando dices que “la verdadera fuerza es la espiritual”, ¿a qué te refieres?

—Me refiero a la fuerza que va más allá de lo físico, la fuerza de lo invisible, la antimateria. Hay un motor que impulsa y mueve desde adentro como el citoplasma de una célula o el núcleo de una bomba. Se le conoce también como el ánimo, el espíritu, el impulso vital. Está recubierto por la materia y es lo que nos anima en constante evolución. Las fuerzas políticas, económicas o religiosas son limitadas y temporales, mas no sucede así con la fuerza espiritual.

—¿De alguna manera ejerces el ejercicio aforístico desde la mística profana?

—Te juro por dios que ni idea. Tu pregunta me ha recordado a los derviches mevlevíes, con su alegre devoción de giróvago en pleno éxtasis del sama. Salvando las diferencias, es muy probable que así gire alrededor del átomo alfa del pensar/sentir al escribir aforismos. Quizás parecido a un péndulo que oscila entre sagrado y mundano. Un misticismo ultroso que se da el permiso de tocar cuestiones del espíritu o ideas filosóficas y alternar con temas tabú, el hedonismo, el juego de palabras, el humor. En Impertinencias verbales (2017), como pudiste notar, está presente esa alternancia impertinente, y me divertí mucho haciéndolo.

—¿Desde cuáles fuentes alimentas tu escritura fragmentaria y volátil de los aforismos?

—Desde la lectura de atardeceres y cielos nocturnos. Por ejemplo: leer el horizonte y la lluvia, leer la puesta del sol alado y el perfecto mantra de los pájaros. Leer aves como aforismos cayendo en picada hacia el mar. Leer el universo circundante que está dentro y fuera. ¡Ah!, por supuesto la lectura de textos literarios, filosóficos y científicos.

—Cuéntanos una experiencia que te haya marcado en cuanto a la producción aforística.

—Todos los aforismos son una marca. Un círculo cerrado como un halo solar a cuyo alrededor gira el pensamiento/emoción. Siento que la misma experiencia de la escritura automática y fragmentaria, el destello, la contemplación con todos sus juegos, ha sido determinante en la producción y hasta en la reflexión del aforismo por el aforismo. Algo así como un ojo que se mira a sí mismo.

 


 

Y miramos a Skarlet Boguier y su obra y salimos a combatir los molinos de viento con esa fuerza espiritual. Quizás sin habitación propia pero con el alma propia.

Salvador Montoya

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