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Su libro Espejos rotos revela la evolución del autor hacia lo existencial y trascendental
Héctor De Alcántara quiere llegar al corazón de las personas con su poesía

viernes 15 de diciembre de 2023
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Héctor De Alcántara
Héctor De Alcántara: “Todo lo que necesita un poeta es el tiempo, la soledad y a sí mismo, para escribirla”.

Sumergirse en la obra poética del venezolano Héctor De Alcántara (Caracas, 1963) es emprender un viaje a través de la musicalidad y la libertad del verso. Formado como ingeniero electrónico egresado de la Universidad Simón Bolívar, tiene especializaciones en Ingeniería Empresarial y Administración de Empresas, y una maestría en Administración Empresarial de la Universidad Católica Andrés Bello. Son áreas profesionales aparentemente alejadas de la poesía, pero los libros del versátil escritor caraqueño dan cuenta de una obra profunda y sensible.

Espejos rotos es ya su cuarto libro. En él, De Alcántara invita al lector a un universo poético en el que con maestría ha sabido hacer converger la métrica y la libertad del verso. En sus poemas, el autor despliega una habilidad única para combinar la tradición del ritmo acompasado con la audacia del verso libre. Esta amalgama de elementos literarios crea una experiencia sensorial que se desdobla ante los ojos del lector, llevándolo a explorar emociones, sensaciones y resonancias que trascienden la mera lectura.

A lo largo de su carrera como autor —que incluye los poemarios Confidencias de la noche, Cipreses del olvido y Poesía adentro, que al igual que Espejos rotos llegan a manos de los lectores gracias al trabajo de la Editorial Lector Cómplice—, De Alcántara nos invita a entrar en su incansable búsqueda de la musicalidad en las palabras y su compromiso con la libertad del verso, factores con los que ha establecido un diálogo poético único y enriquecedor.

 

Lee también en Letralia: reseña de Espejos rotos, de Héctor De Alcántara, por Alberto Hernández.

Héctor De Alcántara y la poesía como forma de comunicación

—Llama la atención en Espejos rotos la multiplicidad de temas que presentas ante el lector, que pueden ir del amor a la ciencia o de la actualidad a la muerte. ¿Puedes contarnos cómo te inspiraste para escribir este libro y de dónde proviene su título?

—Nuestras vivencias, todo lo que conocemos y hacemos, material e inmaterial, cotidiano o trascendental, personal o colectivo, pasan a formar partes de nosotros mismos, de nuestra propia existencia. Por eso la importancia de los detalles, hechos o pensamientos, que por simples que parezcan tienen relevancia y son una oportunidad para expresarnos. La poesía es precisamente una forma de comunicar nuestra visión particular de las cosas que vemos y sentimos, condicionada por los propias emociones que nos provocan, como la angustia, la tristeza, la esperanza, la nostalgia, el amor, el miedo, etc. En otras palabras, en cada tema hay un poema y, como todos somos diferentes, de allí la belleza, la diversidad de estilos y la infinitud de la poesía. Pero a veces, también la vida se rompe como los espejos, y en cada uno de los fragmentos se refleja una imagen parcial de nosotros mismos. Puede ser un recuerdo, una angustia, una vivencia. En Espejos rotos, los fragmentos son poemas o los poemas son fragmentos, como se quiera ver, y su título proviene precisamente de uno de esos fragmentos, un poema donde se abordan circunstancias en torno a un evento específico.

—Hay una fuerte conexión entre la musicalidad y la poesía en los poemas de este libro. ¿Cómo logras equilibrar esta sinergia entre los poemas con métrica y los que escribes en verso libre?

—La poesía ha evolucionado desde sus orígenes hasta el presente, transitando, en su estructura, desde la rigidez total, marcada por la métrica y la rima, hacia la libertad total de formato y temática. Particularmente crecí leyendo y degustando la poesía escrita en formato clásico, con su musicalidad inherente, porque siempre me pareció hermosa, elegante e ingeniosa. Esa característica original me cautivó desde un principio y creo que hoy en día, por muy ásperos y crudos que sean los temas tratados, los poemas pueden aspirar a conservar ese ingrediente importante de la belleza. Aplaudo y celebro la diversidad de estilos, pero también me gusta jugar con el verso libre combinado, en lo posible, con la sonoridad, sin reglas específicas de ningún tipo, porque creo que la musicalidad no necesariamente está atada a la rima o a la métrica rigurosas, sino que puede gravitar y converger periódicamente hacia ellas. En particular, hallo satisfacción jugando con la idea de apartarme y volver a lo clásico. Como la onda que se expande y se vuelve a comprimir o el pulmón que respira y el corazón que late. Como el coqueteo entre la vida y la muerte. Me parece una travesura divertida porque creo que la musicalidad del poema puede estar presente en el plano conceptual, oculto a la vista, y expresarse textualmente en la métrica convergente e intermitente.

“Espejos rotos”, de Héctor De Alcántara
Espejos rotos, de Héctor De Alcántara (Lector Cómplice, 2023). Disponible en Amazon

—En varios de tus poemas se denota una preocupación por el tiempo y la transformación, incluso en casos en que esta transformación conlleva a la muerte. ¿Puedes hablarnos más de esta constante en tu obra?

—Creo que existe una complicidad innegable entre el tiempo y la muerte. Son dos operadores que trabajan de forma combinada, sincronizada y planificada. Sabemos que todos los lapsos en la vida se cumplen y la misma vida no es más que el mayor de esos lapsos simultáneos, para cada uno de nosotros. El desenlace, el final de ese lapso mayor, es precisamente la muerte. Es el puerto de destino donde todo desemboca. En otras palabras, el tiempo nos conduce y entrega a la muerte y no podemos hacer nada para impedirlo. Son inevitables, ineludibles, y ambos son las dos caras de una misma moneda. A veces lo olvidamos, ignoramos momentáneamente esa realidad y nos concentramos en los lapsos más cortos con objetivos y metas, pero tarde o temprano somos forzados a recordarlo y los eventos que acontecen son señales en el camino, que nos indican la dirección hacia donde vamos. Esta reflexión es constante en mi poesía.

Espejos rotos es tu cuarto poemario. ¿Cómo ha sido para ti este camino? ¿Cómo evalúas tu evolución como autor?

—Creo que desde mi primer poemario hasta Espejos rotos, comenzando por Confidencias de la noche y pasando por Cipreses del olvido y Poesía adentro, he evolucionado en la forma de elegir y abordar los temas, enfocándome más en lo existencial y trascendental. Si bien he mantenido constantes que definen o caracterizan mi trabajo como la reflexividad, la estructura, la métrica alternada, me he ocupado cada vez más de los temas que afectan en común a todos los seres humanos, a la sociedad en general y sobre todo a lo que es incontrolable, que no podemos dominar y que rige nuestro destino. No digo que el romance y el amor no lo sean, pero son vivencias individuales, personales, evolutivas y en muchos casos hasta pasajeras. Sin abandonar estos temas, me he centrado más en la fatalidad, el olvido, la pérdida irreversible, la resignación, el tiempo, que nos afectan a todos y nos recuerdan lo frágiles e impotentes que somos ante una realidad que nos avasalla, nos arrastra y sobrepasa. He ahí que Espejos rotos es la continuación de esta evolución, el descubrimiento y la confirmación de nuestra incapacidad para afrontarlo y controlarlo todo, a través de la contemplación de nuestra propia imagen angustiada y quebrada en pedazos.

 

Espejos rotos, poesía como tabla de salvación

—Este libro recoge tus poemas escritos desde 2019, y en algún verso mencionas el tema de la pandemia y el confinamiento. ¿Cómo fue para Héctor De Alcántara escribir durante este difícil período?

—El período de la pandemia me condujo a plantearme muchas preguntas que nunca tuvieron respuestas. Desde la fatalidad, lo trágico, lo caprichoso en la elección de quién debía morir y quién no, como si fuera una imposición azarosa, pasando por la obligatoriedad del confinamiento, la reducción de las libertades, de la comunicación, de la sospecha, del recelo, de la vida en el escondite y en las sombras. Nunca había experimentado algo así, salvo algo parecido en dos o tres cortos períodos de toques de queda por eventos políticos. Creo que fue una experiencia que me permitió profundizar mucho más aún en los temas que he mencionado y que ya venían rondando en mi cabeza, que de pronto estallaron todos a la vez, como si hubiesen acelerado el tiempo para luego detenerlo repentinamente y por completo, de golpe. Me encontré con esos temas en mi soledad, constante y perenne en esos días, y con todo el tiempo necesario para reflexionarlos y desarrollarlos. Al fin y al cabo eran condiciones ideales para escribir ese tipo de poesía, porque todo lo que necesita un poeta es el tiempo, la soledad y a sí mismo, para escribirla, y en ese tiempo ya contaba con todo eso, de modo que se dio la conjunción necesaria.

—Eres ingeniero electrónico y tienes una dilatada trayectoria en el área de la automatización y las comunicaciones; de hecho, trabajaste durante años en la alta gerencia de la mayor empresa de telecomunicaciones de Venezuela. ¿De qué manera se combinan tu experiencia profesional y tu obra literaria?

—Como ingeniero adquirí la capacidad de ser preciso y riguroso, y de diferenciar lo importante de lo accesorio, lo tangible de lo intangible, lo estable de lo transitorio, y contrastarlo todo directamente con lo emocional. Eso complementó mi interpretación de la vida desde una posición distinta a la tradicional. Durante mi trayectoria profesional, tuve la oportunidad de viajar a muchos lugares y de conocer a mucha gente. Eso amplió notablemente mi visión del mundo y enriqueció mi experiencia en la comunicación y trato con toda la variedad de personas que existen. Confirmé que hay muchas cosas y situaciones diferentes a las mías, con las que la gente tiene que lidiar. Así mismo, en el rol de la gerencia, también adquirí una experiencia inigualable en la comunicación e intercambio con las personas relacionadas con mi trabajo y sus distintos roles. Descubrí que todos somos diferentes porque tenemos diferentes orígenes, perfiles, metas, ambiciones, anhelos de vida, vivencias, y que, sin importar de dónde somos, en dónde nos criamos y dónde nos desarrollamos, muy en el fondo tenemos muchas cosas comunes que nos afectan, nos caracterizan y nos unen como seres humanos. Ahí, en ese rincón, es donde moran las esperanzas, los anhelos, los temores, los dolores, el amor, la amistad, la necesidad de ser aceptados y reconocidos por los demás, de agruparnos, entre muchas otras cosas. Son sentimientos comunes que nos cruzan transversalmente y nos igualan en todo el mundo como seres humanos. Mi poesía definitivamente está muy influenciada por esas experiencias.

—Sé que eres consecuente lector de poesía clásica. ¿Puedes hablarnos de tus influencias?

—Sí, disfruto leer poesía clásica. Me gustan muchos autores y de varias épocas y lo que más admiro en ellos es la belleza integral de sus poemas, desde mi punto de vista y mi gusto. Admiro la belleza que abarcan todos los aspectos de esa poesía, como la estructura, la construcción, la simetría, la musicalidad, la innovación, la métrica, el planteamiento del tema y la importancia y vigencia de este. Creo que esa belleza está en lo que se dice, pero también en cómo se dice. Precisamente en cómo se dice, es donde más me cautiva ese estilo, principalmente en la poesía más reciente, que evolucionó hasta un punto en donde ya no se exagera en la rigurosidad de la métrica, pero tampoco se abusa de la metáfora incomprensible o de la disposición errática o casi aleatoria de las palabras. Donde el mensaje llega claro al lector común y el esfuerzo de comprensión, aunque sea alto, es alcanzable y no tortuoso. Además, creo que la poesía debe ser elegante y no perder su estatus de arte, que desde mi punto de vista, debe ser una combinación de inteligencia crítica y belleza. Ahí, en ese punto donde queda esa línea de equilibrio entre lo tradicional y lo moderno, es donde se sitúan mis preferencias. Si me piden mencionar los autores que más han influido en mi propia forma de hacer poesía, que cumplan con esas características que acabo de exponer, citaría a Antonio Pérez Bonalde y Andrés Bello, pertenecientes al siglo antepasado, y del siglo XX, Andrés Eloy Blanco, Andrés Mata, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Rubén Darío, culminando con los que considero los mayores exponentes de mis preferencias, Federico García Lorca y Fernando Pessoa. Con toda seguridad, estos autores han influenciado notablemente mi trabajo.

 

La poesía se estaba relegando a un círculo cerrado de eruditos y estudiosos especialistas que pudieran escribirla y entenderla, tornándose compleja y olvidando a la gente común.

“El mundo y la vida misma son cantera de poesía”

—En nuestra época tan pragmática y convulsa, ¿crees que vale la pena escribir y leer poesía? ¿Cómo ves el género en la actualidad?

—No sólo creo que vale la pena escribir y leer poesía en la actualidad, sino que además, creo que va ganando cada vez más vigencia y popularidad en la gente común, convirtiéndose nuevamente en una de las formas de expresión más genuinas, absolutas, fundamentales y universales de nuestra época. Creo que la poesía, en el pasado reciente, evolucionó, desde su origen, de unos pocos escritores para muchos lectores, hacia pocos escritores para pocos lectores. Ahora lo que acontece es que se expande a muchos escritores para muchos lectores. Es fenomenal. En otras palabras, ya se estaba relegando a un círculo cerrado de eruditos y estudiosos especialistas que pudieran escribirla y entenderla, tornándose compleja y olvidando a la gente común, cediendo su espacio, en el corazón de las personas, a otras formas de comunicación. Eso está cambiando progresivamente. Ahora hay muchos más escritores, como yo, no formados en ese campo, pero que se aventuran y lo intentan, con estilos, calidades y motivaciones diferentes, con objetivos comunes de expresarse y comunicarse con su público. Es equivalente, en estos tiempos convulsos, a una vuelta a los orígenes. A un lenguaje común de expresión, como todo arte universal, no relativo, donde confluyen y se comunican corazones y mentes de diferentes lugares y criterios, no solamente para el entretenimiento sino para la reflexión, la crítica y el análisis. Es un necesario punto de encuentro. Un espacio seguro de reunión y sosiego, un refugio en tiempos de proliferación de las redes sociales, usándolas como medio y no como fin.

—¿Qué consejos o recomendaciones le darías a otros autores que deseen aventurarse en la escritura de poesía? ¿Cuáles crees que son los aspectos más importantes a tener en cuenta al incursionar en este género?

—No encapsularse, no aislarse y no dejar de leer a otros autores y estilos. Es fundamental convivir y compartir con otras personas, porque el mundo y la vida misma son cantera de poesía. Nosotros los escritores necesitamos interactuar con el mundo, con todas sus circunstancias, para internalizarlo, interpretarlo y combinarlo con nuestras ideas. Creer en nosotros mismos es fundamental y no compararnos, así como tomar el tiempo necesario para escribir y terminar nuestra obra. No apresurarse a publicar es importante. Eso implica madurar los temas, las palabras y la construcción. Creo que podemos mostrar a las personas de confianza nuestro trabajo, para pulsar las críticas, pero no dejarnos intimidar por ellas y corregir y recorregir, cuantas veces sea necesario, los aspectos en donde quedamos inconformes, porque es natural y humano no gustarnos un pasaje, una particularidad, una palabra, un verso o un tratamiento de nuestra propia creación. Guardar las versiones es importante, porque pudiera haber algo que desechamos en un momento dado pero que vuelva a llamarnos la atención más tarde. Debemos recordar que mientras no haya sido publicada, nuestra obra nos pertenece y podemos intervenirla y modificarla como nos parezca, mas luego de mostrarla al público y salir a la calle, ya no podremos revertir ese hito ni hacer nada para corregirla. Ya no nos pertenecerá y perderemos el control. El proceso es irreversible.

—Nos gustaría conocer en qué proyectos te encuentras actualmente. ¿Qué les espera a los lectores de Héctor De Alcántara?

—Actualmente estoy escribiendo mi quinto poemario, en el cual sigo aún más reflexivo. “Fuego fatuo”, que es mi último poema, es una muestra de ello. Ahora me tomo más tiempo para la reflexión y la construcción de los poemas, como queriendo privilegiar la calidad. No creo que me tome menos de dos años terminarlo, porque además combino mi creación con otras actividades que me ocupan, así como otras responsabilidades. Pero estoy seguro de que no pararé de escribir mientras tenga la capacidad de hacerlo. La poesía llegó a mí para quedarse y acompañarme en todo el trayecto de ese lapso mayor que es la vida. Nos cruzamos en el camino y decidimos abrir otro camino para transitar juntos de la mano.

Jorge Gómez Jiménez

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