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Genealogía de la sentisapiencia es el primer tomo de una trilogía
Juan José Vélez Peña se vale de la literatura para decir filosofía

jueves 22 de febrero de 2024
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Juan José Vélez Peña
Juan José Vélez Peña: “El sentisaber es un quehacer co-razonado, empático; le da espacio a la pasión para que con-mueva nuestro pensar y lo empuje a la acción participativa”.

Combinando la filosofía con la literatura, la música y la óptica de los países americanos, el puertorriqueño Juan José Vélez Peña emerge como un pensador intercultural que desafía las fronteras disciplinarias para tejer su propio tapiz conceptual, una respuesta a las ópticas tradicionales que, en su opinión, no toman en cuenta al ser humano ni su relación con el entorno.

Residente en Bremen, Alemania, Vélez Peña es un filósofo y músico cuyas raíces en Bayamón han influido profundamente en su exploración de la sentisapiencia. Con una formación que abarca filosofía, sociología y estudios hispánicos, el autor ha forjado un camino académico que lo llevó desde la Universidad de Puerto Rico hasta las universidades de Augsburgo y Bremen, donde ha dejado una huella con tesis notables, como su estudio sobre las repercusiones de Nietzsche en la filosofía francesa contemporánea.

Su obra más reciente, Genealogía de la sentisapiencia: elementos para una ontología intercultural del presente —que le valió en 2023 el prestigioso Premio de Ensayo “Pensar Nuestra América con Categorías Propias”—, ofrece una mirada inédita a una forma de entender el mundo que pasa por la razón y el sentir del individuo. En esta entrevista exploraremos su trasfondo multidisciplinario y su experiencia en Alemania, y veremos cómo sus intereses en la filosofía intercultural, el pensamiento decolonial y la etnomusicología convergen en su obra más reciente.

 

Lee también en Letralia: reseña de Genealogía de la sentisapiencia, de Juan José Vélez Peña, por Alberto Hernández.

Genealogía de la sentisapiencia: una ruptura con el pensamiento tradicional

—Tu libro tiene una densa propuesta filosófica, pero antes de entrar en materia en algunas de sus aristas me gustaría que, en términos sencillos y pensando en el lector que no conoce nada de esto ni ha oído antes el término, me respondieras: ¿qué es la sentisapiencia?

—Para mí, como filósofo, en primera instancia, la sentisapiencia es un acto político-volitivo. Significa asumir nuestra situacionalidad geopolítica como locus enunciativo. En esos términos la sentisapiencia encarna una forma particular —nuestroamericana— de situarse frente al racionalismo eurocéntrico, dominante en el discurso filosófico desde inicios de la Modernidad, el mismo que olvida, o bien, niega el cuerpo, sus alegrías y pasiones, sus tristezas y heridas. Esto lo proponemos no para negar la racionalidad en ingenuo gesto absolutista, sino para ensanchar sus posibilidades interpretativas. Meditación situada que no necesariamente remite a lo ontológico-geográfico, es decir, a la pertenencia concreta a ciertas coordenadas espaciotemporales, desde las cuales se articularía el discurso, y que haría que éste sea “genuino”; pertinente en el contexto en que aparece. “Situado” más bien hace referencia a lo geopolítico-epistémico, a las líneas existenciales y epistemológicas que, cruzándose, acuñen un espacio, una forma particular, que entonces voluntariamente asumimos para sentir y pensar nuestra existencia. Como bien señala David Gomes, se trata de “una exigencia de toma de posición epistemológica, no la expresión (automática [JJV]) de una condición ontológica o geográfica. Situarse epistemológicamente no es lo mismo que definirse ontológicamente ni ubicarse geográficamente” (Cf. Gomes, David: “Pasajes apócrifos: el enfoque decolonial, desde los orígenes a la deriva”, Hermenéutica Intercultural, Nº 40, 2023, pp. 11 -36).

—Esta forma de abordar el pensamiento, ¿en qué se diferencia de la filosofía, digamos, tradicional?

—Como señalamos, la sentisapiencia aboga por romper con el monólogo racional que promueve la ensayística filosófica tradicional, para enriquecer sus posibilidades hermenéuticas, es decir, interpretativas, por medio del insinuante lenguaje poético literario. Es por ello que se caracteriza por su actitud indisciplinaria, más bien respetando el coro de múltiples y diversas voces que continúan entonando su polifonía sapiencial, a pesar de siglos de colonización intelectual y sus intentos de homogenización, de reducción de los saberes y conocimientos de la humanidad a un solo discurso globalizado, postulado, desde las academias, como universal y única forma legítima del quehacer filosófico. De ahí que, a diferencia de la filosofía tradicional, no recurramos primordialmente al aval de las ciencias puras para legitimar nuestro discurso, sino que asumamos que para comprender la humanidad de lo humano e intentar palabrear sus inefables aristas es preciso asumir una multiplicidad de fuentes o matrices narrativas que siempre han caracterizado nuestra condición y también se han expresado a través de la poesía, lo onírico, lo mítico, lo espiritual. Por otro lado, a diferencia de discursos filosóficos positivistas, supuestamente neutrales, el sentisaber es un quehacer co-razonado, empático; le da espacio a la pasión para que con-mueva nuestro pensar y lo empuje a la acción participativa, promoviendo así el cambio no sólo epistémico, sino también la transformación convivencial, en pos del buen vivir.

“Genealogía de la sentisapiencia”, de Juan José Vélez Peña
Genealogía de la sentisapiencia, de Juan José Vélez Peña (Ciccus, 2023). Disponible en la web de la editorial

—Me llama especialmente la atención el esfuerzo de acercamiento que haces con tu hipotético futuro lector al envolver en narrativa toda una concepción filosófica, amén del vasto contexto sociohistórico que manejas. ¿Puedes comentarnos sobre los desafíos que representó esta estructura al escribir el libro?

—A pesar de que me valía del brillante ejemplo de filósofos tales como Heidegger y su entrelazamiento de la filosofía con la poesía, concebida ésta como hogar del ser, Nietzsche, su Zaratustra y su pensamiento aforístico, María Zambrano y su razón poética, Platón y la utilización del diálogo como forma filosófica preferida, y tantos otros ejemplos, no quiero negar que, por razón de mi disciplinamiento académico-filosófico, hubo momentos de dudas. No obstante, en realidad, la redacción del libro como ensayada narrativa fue un acto de liberación y autoafirmación como sentipensador independiente —Nietzsche diría espíritu libre— de los condicionamientos y constricciones academicistas a las que se ven sometidos los colegas trabajando en los departamentos de filosofía de las instituciones del llamado saber superior, en su mayoría bastiones de un pensamiento empeñado en cultivar la conservación museal de tradiciones filosóficas anquilosadas. Al ser galardonado con el Premio de Ensayo “Pensar Nuestra América con Categorías Propias”, por parte de la editorial argentina Ciccus, en colaboración con la prestigiosa Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales y otras organizaciones, esto fue motivo de regocijo e inspiración para continuar mi trabajo, proyectando una trilogía sobre la sentisapiencia. De ese proyecto hablaremos más tarde.

 

Juan José Vélez Peña, sobre hombros de gigantes

—Al principio presentas el profundo diálogo que tuviste en 1990 con el escritor uruguayo Eduardo Galeano. ¿Cómo influyó esta conversación en la conceptualización desde la que abordaste la sentisapiencia y en la estructura general de la obra?

—A Galeano siempre lo había admirado. El haberse mantenido cuasi al margen de la academia creo que le otorgó la libertad de la que acabo de hablar. Sus libros, así como sus charlas, se caracterizan por esa voluntad de transgresión contra las divisiones disciplinario-academicistas. Ejerció lo que hoy en día se denominan Estudios Culturales (en abierto positivismo en Alemania se les llama Ciencias Culturales) mucho antes de que existieran, oficializados por la máquina canónica universitaria. Ya conocía gran parte de su obra. Sin embargo, su quehacer sentipensante me era desconocido, o bien no tenía conciencia de su presencia, como estrategia cognitiva, en sus escritos. Fue ese encuentro en un bar en Augsburgo el que sirvió de chispa inicial para, años más tarde, reasumir un proyecto que me había propuesto realizar. Impulsado por otro encuentro, esta vez con Raúl Fornet-Betancourt, padre de la versión latinoamericana de la filosofía intercultural, me había propuesto escribir una historia de la filosofía nuestroamericana que cristalizara su identidad frente a la versión filosófica occidental que había estudiado en la academia. El descubrimiento de un filosofar nuestroamericano, expresado mayormente de forma asistemática y entretejido con la literatura, y la revelación galeana del sentipensar, esa conjunción definió la forma de abordar el tema y de escribir el libro.

—Como parte de tu investigación tuviste la oportunidad de conocer de primera mano el pensamiento de la cultura maya tzeltal. Nos gustaría que nos explicaras el interesante concepto del co-razonar que expones allí.

—Relacionado con la pregunta anterior, quiero añadir que en el libro me valgo de una técnica narrativo-fictiva utilizada por Galeano en su trilogía Memoria del fuego, por medio de la cual pongo en labios de personajes citas aparecidas en diversas fuentes. Éstas aparecen en negrita y con indicación bibliográfica. En el tercer capítulo utilizo esta técnica narrativa para dilucidar el percepto co-razonar. Esto lo hago recreando un viaje que realicé a Chiapas en 2020. Según el racionalismo que acuña el dualismo cartesiano —entre razón pensante y cuerpo afectivo—, al aprehender nuestra compleja realidad, las experiencias sensoriales sólo son fuente de errores y confusión. Por eso postulan que sólo trabajando con principios lógicos la razón humana es capaz de alcanzar el verdadero conocimiento. En contraste con esa agenda filosófica, el co-razonar, propuesto por los pueblos originarios y su cultura holística, posibilita desplazarse fuera del dualismo cartesiano. Pues así se ejercita una sensibilidad reflexiva y practica una reflexividad sentiente; se sienten los pensamientos y piensan los sentimientos, para lograr caminar con equilibrio por la vida. Y esto como respuesta espiritual y política para la sanación de un vivir insalubre. Por otro lado, el co-razonar da cuenta de la dimensión comunitaria de toda experiencia cognitiva que nunca se da en soliloquio (Cf. Guerrero Arias, Patricio; julio-diciembre, 2010, p. 87.; citado en Vélez, 2023, 67-68).

—En uno de los capítulos hablas de cómo Jorge Luis Borges hizo de la filosofía un objeto artístico. ¿Cómo es que esta conducta creativa adopta un papel importante en tu propuesta?

—Bueno, resultaría repetitivo volver a mencionar los lazos que establezco en mi escritura entre la filosofía y la literatura. La obra borgeana es un gran ejemplo, entre muchos, de cómo lograr esto. Pues allí se alteran, complejizándolas, las supuestas relaciones de causalidad unívocas aceptadas entre la filosofía y la literatura, es decir, entre el saber estético-filosófico y uno de sus campos de aplicación, o bien, de estudio: la literatura. Jorge Luis Borges, así como el literato puertorriqueño Luis Rafael Sánchez, autor de esa magna obra del neobarroqueñismo boricua, La guaracha del Macho Camacho, me sirven de inspiración en mi búsqueda por una forma de expresividad meditativa que se sitúe más allá del positivismo cientificista, valiéndose de las innovadoras estrategias lingüísticas y narrativas de entrelazamiento de saberes y tipos de discursos aparentemente bifurcantes por éstos utilizadas. A este último autor le dedico uno de los capítulos del tercer tomo de la trilogía sobre la sentisapiencia. Tal vez debería advertirles a potenciales lectores que el capítulo sobre Borges asume la forma de una narración de un sueño, en el que, frente a Borges, dos críticos literarios intentan fijar semánticamente la boda entre filosofía y literatura por él realizada.

La inclusión de María Zambrano en un libro sobre el sentipensar nuestroamericano se justifica en cuanto la dama errante de la filosofía española vivió gran parte de su exilio y redactó parte de su obra en Nuestra América.

—María Zambrano fue una de las más grandes pensadoras de habla hispana y a ella dedicas otro capítulo. ¿Cómo se entrelazan su razón poética con el Caribe y el sentipensar nuestroamericano?

—La inclusión de María Zambrano en un libro sobre el sentipensar nuestroamericano se justifica en cuanto la dama errante de la filosofía española vivió gran parte de su exilio y redactó parte de su obra en Nuestra América, con escalas en Chile, México, Puerto Rico y Cuba, donde tuvo su estancia más prolongada. Allí se movió mayormente entre literatos. Y no es de dudar que la musicalidad poética de sus sentisaberes esté íntimamente vinculada a la centralidad de la música en el Caribe. El filósofo catalán Miguel Morey, conjeturando sobre la “benéfica influencia” de La Habana en la obra zambraniana, afirma que para ella la clave de todo es “la sentencia de uno de ‘los llamados pitagóricos’ (…): la música es la aritmética inconsciente de los números del alma (…). Pues la escala musical lo prescribe: ‘Dia pas on’. Hay que pasar por todo; hay que pasar por los infiernos de la vida para poder escuchar los números del alma” (Morey, Miguel, “Delirios en La Habana”, Aurora: papeles del seminario María Zambrano, 1999, p. 110. Morey citando a Zambrano en Delirio y destino; edición de Rogelio Blanco y Jesús Moreno; Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 1998).

—La obra forma parte de una trilogía sobre el “sentipensar”. ¿Podrías hablarnos de los temas que abordarás en los tomos II y III y cómo se relacionan con Genealogía de la sentisapiencia?

—Los otros dos tomos de la trilogía sobre la sentisapiencia llevan los siguientes títulos y examinan las problemáticas que a continuación resumo. El tomo II se titula Sentipensar interculturalmente el quehacer musical nuestroamericano. En esa investigación me ocupo de auscultar la génesis y el desarrollo de la música tropical, evitando caer en narrativas esencialistas que intentan validarse recurriendo a concepciones racionalistas teleológicas de la historia. La utilización de herramientas cognitivo-perceptuales provenientes del sentipensar me permite lograr una apreciación holística del quehacer musical en el que inevitablemente se entretejen aspectos racionales con otros corporales y políticos. Este tomo ya está listo. Planeo su publicación para este año. El tomo III lleva el título de trabajo Sentipensar la convivencia nuestroamericana desde el neobarroco. En este último libro de la trilogía presentaré meditaciones relacionadas a las propuestas de diversos autores latinoamericanos (José Lezama Lima, Severo Sarduy, Alejo Carpentier, Bolívar Echeverría y más recientemente María José Rossi, etc.) de redefinir el neobarroco, no como categoría meramente literario-estética, sino más bien como una ontológico existencial, capaz de describir Nuestra América. Además de esas meditaciones, el libro incluirá sentisaberes míos ensayísticos, narrativos, poéticos y aforísticos.

—Sé que escribiste el libro durante el encierro obligado por la pandemia de Covid-19. ¿Puedes hablarnos de cómo fue el proceso de concepción, maduración y escritura?

—Primero debo aclarar que me consta que haber vivido la pandemia en Alemania es muy diferente a haberlo hecho en países periféricos. Pues la economía europea fue fortalecida por la vigente división internacional del trabajo, es decir, por las consecuencias del colonialismo y del desarrollo histórico posterior, en el que se estableció una clara diferencia entre vivir en el centro o en la periferia. El estado de beneficencia allí establecido pudo absorber gran parte de los problemas económicos causados por la pandemia y el encerramiento implementado. Pues bien, la pandemia, con la obligada interrupción de la rutina diaria asumida, con la anulación de múltiples compromisos y la saludable reducción del excesivo trabajo que, sin notarlo, asumimos como necesario para lograr reproducir nuestra existencia, me ofreció un subterfugio para, por fin, reasumir ese proyecto que me había propuesto desde hacía tantos años. Como te indiqué anteriormente, el libro es el producto de muchos encuentros que marcaron tanto sus contenidos como su forma, o bien, estilo. Su concepción y maduración se dio durante un largo período precedente a la pandemia. Ya hablé de eso anteriormente. El proceso escritural fue bastante relajado, gracias al encerramiento, y el texto ganó cuerpo con relativa celeridad. Pues la labor investigativa había sido prácticamente completada en su totalidad con anterioridad al encerramiento.

 

El sentipensar, esa prodigiosa manera de vincular lo sentido con lo pensado, se puede articular de forma efectiva con las propuestas de diálogo intercultural.

Para entender al pueblo hay que entrar en sincero diálogo con él

—Tus intereses incluyen el pensamiento decolonial. ¿Cómo se manifiesta este enfoque en tu obra y en qué medida influye en tu perspectiva filosófica?

—Mi interés por el giro decolonial, aparte de surgir por mi pertenencia a la colonia más vieja del mundo, Puerto Rico, diría que está “filtrado” a través de las gafas de la filosofía intercultural. Conozco mucho mejor esta última forma de sentipensar la convivencia humana que el llamado giro. Me consta que, por lo menos, uno de los participantes de esta corriente, Arturo Escobar, le ha dedicado varias obras al sentipensar. Y es claro que descolonizar el saber implica descentralizar el pensamiento racionalista utilitarista, heredado de Occidente, para ensancharlo con formas otras, siendo el sentipensar una de ellas. No obstante, como discípulo y colaborador de Raúl Fornet-Betancourt fui testigo de la génesis y el desarrollo de la filosofía intercultural. Y soy de la opinión de que el sentipensar, esa prodigiosa manera de vincular lo sentido con lo pensado, se puede articular de forma efectiva con las propuestas de diálogo intercultural, necesario para lograr una polifonía de saberes en la que diversas formas de conocimientos sean escuchadas para, aprendiendo de ellas, expandir el horizonte cultural propio. La filosofía intercultural desarrolla una radical crítica al epistemocentrismo, es decir, contra la creencia de que el discurso científico es el único legítimo para encauzar los procesos de conocimiento de nuestra realidad. La crítica, articulada por medio de esta forma del quehacer filosófico, muestra cómo con la Modernidad es que ese tipo de conocimiento vino a ocupar el centro de nuestra cultura, desplazando y descualificando otros caminos del conocer que se niegan a excluir de sus agendas lo corporal, los sentimientos, las pasiones (Cf. Fornet-Betancourt, Raúl, Elementos para una crítica intercultural de la ciencia hegemónica, Editorial Mainz, Alemania, 2017). El sentipensar precisamente insiste en la necesidad de asumir esas dimensiones para lograr un acercamiento holístico a lo humano.

—Los premios literarios pueden dar impulso a una obra. ¿Consideras que haber recibido el Premio de Ensayo “Pensar Nuestra América con Categorías Propias” incide positivamente en la relevancia de tu libro?

—Considero que es muy prematuro para lograr medir adecuadamente los efectos del premio en la recepción del libro. Ahora, seguramente le abrirá puertas para ser leído, discutido y criticado. Y precisamente para eso escribimos, para animar el diálogo e intercambio de ideas.

—Eres, además de filósofo y docente, un curtido músico con presentaciones regulares y producciones discográficas. Leyendo tu libro se advierte desde el principio que eres un encendido amante de la música. ¿Qué papel tiene la música en Genealogía de la sentisapiencia?

—Efectivamente, no es fortuito que el primer tomo inicie su marcha con apuntes sobre la genealogía de Pedro Navaja, de Rubén Blades, o que en uno de sus capítulos se asuma la reflexión etnomusicológica como centro de su meditar, e inclusive que el segundo tomo de la trilogía le dedique toda su atención al quehacer musical afronuestroamericano. Si bien los detalles biográficos a los que aludes en tu pregunta seguramente asumen un papel importante, el sentipensar en sí, su forma intercultural, tal como nos llegó no tanto por mediación de Eduardo Galeano, sino por el sociólogo Orlando Fals Borda, primero en lanzarlo al ruedo académico, desde sus comienzos estuvo vinculado a la música. En la introducción al segundo tomo doy cuenta de estos vínculos. Allí entre otras cosas menciono que la poética de la práctica intelectual del colombiano, quien fue director de coros y compositor, es inseparable de la experiencia sonora. Su Sociología de Acción Participativa es impensable, o bien incomprensible, si no se hace claro que esa praxis fue siempre encauzada por el ejercicio de un pensar cuyo ritmo sigue las pautas de un corazón en profunda y atenta escucha de las voces del pueblo; la phoné de la multitud. No se puede lograr una efectiva interacción con el sujeto investigado, el pueblo, sin entrar en sincero diálogo con éste, lo que presupone escuchar solícitamente aquello que se da en sus momentos de convivencia armónica, así como auscultar las desarmonías que encadenan su devenir.

—Con una carrera tan multifacética como la tuya, ¿podrías compartir detalles sobre futuros proyectos, ya sea en el ámbito filosófico, musical o literario, que estés considerando actualmente?

—Como te mencioné anteriormente, luego de redactar el segundo tomo sobre la genealogía de la sentisapiencia y proyectar su publicación para este año, actualmente estoy trabajando con el tercero. Incluye sentipensares míos ensayísticos, narrativos, poéticos y aforísticos. Está bastante adelantado y espero poder publicarlo en 2025. Otro proyecto que me ocupa es reelaborar como libro una investigación que realicé hace unos años, en la que analizo críticamente el concepto genealogía, tan apreciado por Nietzsche y reformulado por Michel Foucault, buscando definir su posible utilidad en Nuestra América, pero también demarcando los límites de su uso. Además, continúo publicando sentipensares de diversa naturaleza en las revistas electrónicas 80grados y Siglo 22, entre otras. En cuanto a la música sigo trabajando a nivel nacional en Alemania, aunque ha disminuido la frecuencia de los conciertos.

Jorge Gómez Jiménez

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