
En la poesía de Coromoto Renaud se juntan la realidad y la imaginación en un solo trazo de belleza y poderío expresivo. Como si se juntaran las matemáticas y la poesía.
La poesía y las matemáticas parecen dos polos opuestos. La poesía tiene su hábitat en lo inexacto mientras que las matemáticas se apegan a lo exacto. Sin embargo, la poesía alcanza espacios sin techo, sin tope, y lo mismo ocurre con las matemáticas. Y ambas sirven para llegar a lo más cercano que se conozca como verdad.
Las matemáticas son intemporales: en cualquier lugar del universo dos y dos son cuatro. La poesía es un manejo del lenguaje que tampoco pierde su valor en ninguna parte: se mantiene a través de las épocas. Aunque han transcurrido muchos siglos todavía tienen plena vigencia la Odisea, la Ilíada, la Eneida, la Biblia, La divina comedia, Romeo y Julieta. La poesía configura esos mensajes.
Recuperar las frases perdidas, los modos que se usaron en los inicios para expresar y que ahora podrían constituir nuevas semillas dentro de su madurez, es también un recurso de la poesía, un quehacer de la poesía.
La poesía de Coromoto Renaud es reveladora y en ella se recuperan fragmentos del espíritu, imágenes muy íntimas, visiones que proceden desde los sentimientos más necesarios y sublimes.
Coromoto es una poeta noble y serena. Y tan sincera que leer sus poemas es como aceptar el alivio de una claridad que surge cuando se abre una puerta y allá adentro existe la ternura y allá afuera brilla intensamente lo natural.
Pequeños registros de sensaciones
Tenías tiempo sin publicar, pero no sin escribir.
Sí, yo escribo de manera permanente, con diferentes ritmos de silencio, no siempre con la intención de publicar.
La escritura está siempre presente, es una necesidad, como dice Rilke en la primera carta a un joven poeta.
Tengo el hábito de caminar temprano en la mañana, bajo grandes árboles, en el parque Las Rocas de Caracas. Allí comienza la escritura, en conexión con la naturaleza; es una caminata consciente, observo atentamente todo a mi alrededor, y al regresar hago pequeños registros de sensaciones, de los cambios en el clima, en la naturaleza.
De allí surgen, muchas veces, imágenes, pensamientos que se convertirán en poemas. Creo que este estado favorece el diálogo interior, distinto al automatismo cotidiano que a mí me niega la posibilidad de escribir.
El tiempo sin publicar puede explicarse por las dificultades que encontramos en el país para hacerlo. También en estos años publiqué textos académicos. Fueron tiempos muy exigentes en lo personal.
¿Qué autores estás leyendo con más interés en estos tiempos?
Yo leo un poco desordenado, varios autores al mismo tiempo. Estoy atenta a la poesía venezolana, a las nuevas publicaciones y a nuestros maestros, a los que vuelvo siempre. Celebro los nuevos títulos de Rafael Cadenas inevitables para mí, en especial A Rilke, variaciones; ya lo tengo en físico, me da mucha alegría. La obra en tres tomos de Eugenio Montejo es un tesoro.
En contraste también me interesan algunos autores universales, entre ellos los polacos. Es una corriente poética que nos ofrece una visión para sostenernos en tiempos tan duros como el actual con dos guerras.
Hablo de Wislawa Szymborska; la primera vez que escuché algo de ella fue en la voz de Rafael Cadenas, inolvidable. Es una poesía anclada en lo real, con un lenguaje sencillo, lleno de humor e ironía que nos hace detenernos ante lo que parece evidente o ante el horror y sus consecuencias.
Entre los latinoamericanos, he leído con mucho interés a Roberto Juarroz, su Poesía vertical y sus ensayos me han hecho comprender que la poesía tiene la propiedad de encarnar lo efímero, lo contradictorio, la totalidad.

“Soy una persona que viene del silencio”
¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?
Creo que los asuntos esenciales de la vida no tienen explicación; el amor, el desamor, la muerte, entre otras cosas, forman parte de un misterio. Cuando comprendí eso, dejé de buscar explicaciones, intento aceptarlo, como el fenómeno de la vida, desde otro lugar, más en conexión con el centro de mi corazón, como dice el poema de Juarroz. La poesía es una manera de asir ese misterio inasible aunque sea en retazos.
Hay gente definiendo lo que es la poesía. ¿Tienes una idea que te defina lo que es la poesía?
Para mí la poesía no es algo conceptual que se pueda definir. Lo han dicho los grandes maestros, Rilke, María Zambrano.
Es una experiencia vital, total; comienza antes de que se materialice en un poema, cobra cuerpo en el lenguaje, se transforma en “un objeto” hecho de palabras. Es infinita porque, en cada lectura, cada lector puede encontrar matices diferentes. Seguimos leyendo la Ilíada, la Odisea, El cantar de los cantares, con absoluta vigencia.
Yves Bonnefoy, poeta francés, lo dice magistralmente: el poema no tiene definición.
La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente en lo cotidiano, son las responsables de la realidad. La poesía debe decir: existe una realidad, debemos ser parte del mundo de una manera real, no abstracta.
La lectura de la poesía nos regresa a la capacidad fundamental de recentrar nuestra atención sobre el lugar terrestre como tal, de despertar la conciencia.
Hay mucho debate sobre todos los temas, yo lo interpreto desde lo que hace sentido para mí, con mucha humildad.
Tú y la poesía, ¿cómo es la relación entre las dos? ¿Quién guía, quién se somete?
Es una relación con múltiples aristas, muy exigente. Demanda entrega, dedicación, dominio del lenguaje; en ese sentido ella guía y yo me someto a cultivar el espacio y tiempo para esperarla, a estudiar a los maestros y a pulir y pulir, como bien dice mi querida amiga Julieta León.
Algunas veces se resiste, otras se da con apertura.
En definitiva, ¿qué marca tu búsqueda en la poesía?
Yo soy una persona que viene del silencio. Quise vencerlo, sentía que las palabras cotidianas no me bastaban para expresarme, necesitaba otra manera de hacerlo y descubrí que la poesía es una posibilidad. Ese fue mi primer impulso para escribir. Luego fui aprendiendo que es una donación, una vía de acceso al conocimiento del alma, propia y de los demás, una manera de vivir, como dice Armando Rojas Guardia en su hermoso ensayo “¿Qué es vivir poéticamente?”: es estar atento a todos los acontecimientos de la vida, saber esperar y experimentar el placer de metaforizar.
Tu poesía es un arte elevado, esencia del lenguaje, es lo que haces. ¿Sientes la respuesta de los lectores?
Cuando escribo no pienso en los lectores, sino en lo que quiero decir y en el lenguaje. Las ediciones de mis libros han sido en pequeñas editoriales, no son de un gran público. Hasta este último Agua que corre lenta, publicado por OT Editores con el auspicio de Banesco, disponible en Amazon y en la Biblioteca Digital de Banesco, eso le abre muchas posibilidades de encontrar lectores. Celebro cuando mis libros los encuentran.
Me ha conmovido infinitamente la lectura que has hecho de Agua que corre lenta, eres un lector con mucha sensibilidad.
¿Qué haces cuando te desanimas?
El contacto con la naturaleza me equilibra. Después de subir el Ávila, una larga caminata bajo los árboles, escuchar el ir y venir de las olas, mirar el mar o simplemente contemplar desde mi ventana, recobro un estado de ánimo para continuar. En especial si es compartido con amigos. Una buena conversación en confianza amorosa restaura el alma.
¿Qué es lo que nombras con más insistencia en tu poesía?
Yo creo que lo más que nombro es el amor a la vida en todas sus manifestaciones.
¿Cuál es tu gran pasión?
Creo que es vivir intensamente todas las experiencias, pasiones, grandes o pequeñas, e intentar trasmitirlas o narrarlas de distintas maneras; es lo que hago como investigadora, integrar la poesía, la filosofía, la espiritualidad a las ciencias sociales. En esto el arte tiene mucho que decirnos; tenemos grandes pensadores que nos muestran ese camino, entre ellos Edgar Morín, Humberto Maturana, Otto Scharmer. Me apasiona transitarlo con la esperanza de hacer del mundo algo mejor para todos.
Poemas de Coromoto Renaud
(del libro Agua que corre lenta)
Llévame a ver el mar
dicen que el movimiento de las olas
es una música que dura para siempre
la voz sonora más antigua
antiquísima cuna
también he escuchado
que las huellas sobre la arena son transitorias
el oleaje disuelve la materia más sólida
es cuestión de tiempo
que se puede navegar hacia el infinito
aunque nunca llegues
quiero pasar la prueba del salitre
saber de quién es esta voz que me despierta
La mariposa aleteó
crucé el Atlántico
llovía en el Barrio Latino de París
una transeúnte abrió su paraguas para guarecerme
en la calle del Sena encontré a Picasso Dalí Matisse
escondidos tras máscaras africanas
seguí un camino inesperado
frases dichas en otra lengua
otro vuelo
me regresó al origen
quebró la calma
rompió los huesos uno por uno
produjo la tormenta
un tsunami en el cuerpo
vértigos y acompasamiento
danza y quietud
El cementerio
es un laberinto de miedos y sombras
ruina humana
lápidas rotas
nombres caídos
mercenarios al acecho
muertos solitarios
olvidados
indefensos
los espantos no son de ultratumba
el horror deambula vestido de caqui
¿Quién dijo que los muertos no hablan?
visité sus tumbas
conversaban entre ellos
escuché sus canciones de cuna
su interminable marcha fúnebre
su no me olvides
Eres el reino del deseo
la voz del viento en la cañada
la mejor vid
galaxia
planeta de mis ojos
camino de hormiga
hilo de agua
libélula
súplica
pedimento
amante en mi reino
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