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El tiempo y el dolor en Fiume, de Fernando Clemot

sábado 21 de agosto de 2021
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“Fiume”, de Fernando Clemot
Fiume, de Fernando Clemot (Pre-Textos, 2021). Disponible en Amazon

Fiume
Fernando Clemot
Novela
Pre-Textos
Valencia (España), 2021
ISBN: 978-8418178610
280 páginas

Fernando Clemot (Barcelona, 1970) ha escrito ya varios libros de cuentos como La lengua de los ahogados, Safaris inolvidables y Estancos del Chiado, todos ellos publicados por la editorial Menoscuarto. Tiene también novelas como El libro de las maravillas, El golfo de los poetas y Polaris. Clemot es profesor en talleres de narrativa creativa en la Escuela de Escritores de Madrid.

Fiume, editada por Pre-Textos, cuenta dos tiempos: el del pasado, el de la ciudad de Fiume, en septiembre de 1919, cuando dos centenares de voluntarios encabezados por Gabrielle D’Annunzio ocuparon la ciudad para crear un Estado propio adherido a Italia: el Estado libre de Fiume, y el del presente, cuando Tristam Vedder, corresponsal del New York Tribune, regresa a Italia con su familia para conocer el lugar donde murió su hijo menor.

Con estos mimbres, la novela es un paisaje emocional donde Tristam se halla envuelto en el laberinto de su nostalgia, porque el dolor pesa demasiado para él. La compañía de Cynthia no le satisface, el amor está roto, hecho añicos, y pasean ambos por un escenario en decadencia, donde la belleza de una Italia que siempre expresa la hermosura de una luz en sombras queda dentro de él, en su laberinto interior:

Abre Cynthia la puerta del baño y la acompaña una nube enorme de vapor. Se tapa con una toalla muy corta y veo sus pechos caídos y su sexo mocho y triste.

Hay un espacio que no se llena, un vacío entre dos seres que se amaron, pero que ahora viven lejanos, sin nada que decirse. Y llega el recuerdo de aquel 1916, donde la muerte amaina con muchos cadáveres en el suelo, la guerra y su quejido:

Hablar de lo que pasó aquella mañana del primero de julio de 1916 es repetir lo que se ha dicho mil veces. Heroísmo y temor, lágrimas y cuerpos revueltos antes de que sonaran los silbatos, el vómito, las bayonetas chocando en los alambres, el miedo, la locura desencadenada en una hora.

En esos dos planos, el pasado que es recreado como si filmase una secuencia de una película, con las descripciones detalladas del horror, y el presente, donde Tristam recrea aquel tiempo y el sacrificio de los caballos en la batalla. Logra Fernando Clemot confluir el pasado y el presente en un personaje que sigue anclado en el tiempo, en el dolor que tuvo que vivir. La novela es en realidad un paseo por el amor y la muerte, porque la muerte del hijo está siempre presente y el amor ya se ha hecho ceniza.

Hay en la novela un pensamiento que fluye, el del tiempo ido, cuando reflexiona:

¿Por qué divinizamos determinados momentos y otros los oscurecemos?

Y vuelve al pasado, a aquel Fiume de D’Annunzio, prolegómeno del fascismo, a su estancia en aquel lugar que ha quedado en su mirada para siempre:

De todos los lugares colgaban banderas italianas con el lema “Italia o muerte” o “D’Annunzio Dux”.

Hay en la novela un desafecto hacia Nathan, el marido de Laura, la hija de Tristam, pero también es un quejido, un paisaje emocional que no ha cicatrizado. Todo ese poso de rencor tiene que ver con la muerte de su hijo, envolviendo la novela en escenarios de luz y sombra.

Y como clímax, la muerte del hijo que está presente siempre y se convierte en espejo de culpabilidad, el padre que no murió en la campaña de Fiume y el hijo que dejó su vida en la Segunda Guerra Mundial:

La muerte de Ben no tuvo ese componente de suicidio. Fue banal y sencilla: no hubo agonía ni escenas extremas.

Fue un disparo alemán atravesando el río Po, sin gran épica, porque la muerte iguala y deja a todos ante el vacío insondable de la Nada.

Fernando Clemot ha escrito una novela donde Tristam hace épica del pasado, cuando vivió su tiempo en Fiume, pero no de la muerte del hijo. El tiempo lo borra todo, pero su infelicidad estará presente siempre. Clemot, con habilidad y talento, ha dado vida a personajes que respiran, que sienten, ante escenarios bellos y decadentes por los que continúan su viaje seres heridos y distantes entre sí para siempre.

Del escritor de cuentos al novelista, sentimos su luz en cada página, el aliento de un personaje que ya sabe que todo es derrota en realidad. Una gran novela, sin duda alguna.

Pedro García Cueto
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