Saltar al contenido

Aposento de lo cotidiano, la casa amplia y generosa de Rosana Hernández Pasquier

miércoles 19 de junio de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Rosana Hernández Pasquier y Jorge Gómez Jiménez
En la casa, nos dice Rosana Hernández Pasquier en Aposento de lo cotidiano, habita la memoria, y la memoria es el refugio de la querencia.

Más que una construcción material para habitar, una casa es el hito fundacional de una familia donde la memoria se ejercita desde el universo íntimo de los afectos. La casa es para partir con pie firme al mundo y para volver a ella, es el espacio íntimo al que alguna vez regresamos para celebrar que tuvimos nuestro primer beso o para llorar la muerte de nuestros mayores. Y sí, construimos casas para habitarlas, pero a veces se tiene la suerte de que la casa nos construya a nosotros.

Aposento de lo cotidiano, el libro de Rosana Hernández Pasquier que hoy presentamos, es un canto a esa casa que todos llevamos dentro, compuesta por la esencia entrañable de los momentos que nos definen y que nos han ayudado en la búsqueda de nuestro lugar en el mundo. Aquí están las alegrías y las travesuras de esa infancia que, aunque la dejamos atrás hace tiempo, sentimos que podemos tocarla con los dedos. Aquí están los lazos con nuestros padres, con nuestros hermanos, con los parientes y los amigos que forman una constelación a nuestro alrededor. Aquí, en la casa, está nuestra primera versión del universo.

“Aposento de lo cotidiano”, de Rosana Hernández Pasquier
Aposento de lo cotidiano, de Rosana Hernández Pasquier (La Gota de Agua, 2023). Disponible en Amazon

Aposento de lo cotidiano
Rosana Hernández Pasquier
Poesía
Ediciones La Gota de Agua
Filadelfia (Estados Unidos), 2023
ISBN: 979-8858403517
72 páginas

Refugio de recuerdos y experiencias compartidas, y a la vez símbolo de la niñez, la familia y la identidad, la casa dota de sustancia a quien, más que habitarla, la existe. Es ese sentido de pertenencia el que hace a la poeta formular una pregunta retórica: “¿Qué puede faltar si estamos todos?”. Y es retórica porque nada falta, porque incluso los que se han ido nos acompañan de esa forma en que la autora nos recuerda: “La familia vive en los portarretratos”.

La vida diaria ocurre en esta casa como en cualquier otra, pero es la sensibilidad especial de la poeta la que le permite atisbar los destellos de maravilla que la rodean. Así, el acto sencillo de descorrer una cortina es poesía cuando la autora dice: “Una astilla de la noche entra”. Y cuando la madre desde el recuerdo quiere sacar a la hija de su “latifundio de pesadillas”, lo hace con poesía: “Desennúbate que es hora de comer”, le dice en un momento impreciso del pasado que hoy llega a nosotros en estos versos.

La niña que fue la autora tuvo “los ojos achinados de tanta dicha” ante la locura amable de ver a su padre aleteando como un pájaro; la niña aprendió que ha sido el amor lo que lleva a su madre “a buscar a su hijo en la inmensidad del infinito”; la niña fue niña cuando “nueve críos en una sola barca” celebraban la llegada de la tía; la niña pronto se dio cuenta de que “Dios no abandonará a sus árboles. Y no permitirá que los pocos patios se extingan”.

La poeta que tuvo esta niñez mágica ahora escribe:

Canta el tucán el silencio del reino,
su pico de nuez, gajo de naranja,
dice la historia del sol que habita
en los colores de sus plumas.
Inclina la cabeza para buscar
la luz de la creación que lo hizo.
Sólo pita la gema de matices
de este trópico que encandila.

La poeta nos regala su ars poética cuando escribe: “La poesía no sabe de páginas”. Es un verso de “En blanco”, el poema con que cierra la primera parte del libro, que no nos prepara para la hermosa celebración que es la segunda parte, “Siete poemas con cochinillos”, el festejo gastronómico que no puede faltar en una reunión familiar.

No es poca cosa desentrañar la poesía que reposa en lo más profundo de la cotidianidad. En la casa, nos dice la poeta, habita la memoria, y la memoria es el refugio de la querencia. Más que sus puertas y ventanas, más que sus paredes y estancias, una casa es la suma de todas nuestras partes. Una casa, después de todo, puede ser también un libro habitado por la poesía, y Rosana Hernández Pasquier nos ha abierto la puerta de esta casa suya, amplia y generosa, que es Aposento de lo cotidiano.

 

Notas

El libro ha sido publicado por Ediciones La Gota de Agua, que lleva adelante el poeta cubano Rolando Morelli en Filadelfia, Estados Unidos, como parte de la serie “Lydia y Teresa”, creada en reconocimiento a la amistad y colaboración entre la escritora cubana Lydia Cabrera y la venezolana Teresa de la Parra.

Rosana Hernández Pasquier es escritora y editora nativa de Villa de Cura, estado Aragua, donde ha desarrollado una vasta trayectoria que incluye diversas iniciativas culturales y la creación de una editorial de sugestivo nombre: Blacamán. Ha publicado los poemarios Ceremonia del horno (1993), El envés de los días (2005), Astilla de la noche (2006) y El cuerpo de la transparencia (2012).

Ha colaborado de forma asidua en publicaciones regionales y nacionales. Textos suyos aparecen en la importantísima antología Poesía de Aragua 1966-1996, trabajo monumental del poeta Efrén Barazarte. También aparece en ¿Por qué escriben los escritores?, de 2005 y coordinado por Petruvska Simne, y en Poesía latinoamericana Argentina-Venezuela, Poesía de Rosario, publicada en Argentina en 2009.

Ganadora del premio de dramaturgia en la bienal nacional de literatura Augusto Padrón 2008 por su monólogo Al tibio rescoldo de la noche, actualmente forma parte de la asociación civil para filmación y cine Sancocho Público.

 

Jorge Gómez Jiménez

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio