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Itinerario conyugal

viernes 20 de noviembre de 2015
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6

Hombre que te desvistes frente al barniz de mis ojos
materia textil estremecida de olor desgastado
plano como la sombra hendida del instante

Yo he buscado un mundo bajo las yemas de esta tarde.
Tú has cercado los dedos que soportan esto que soy:
pies que te engullen
enmudecidos
brasa tóxica.

Muerdo tu ser desgastado de agua,
kilolitros me arrastran hasta tu gladiolo
indigno para la veneración.

Antes, cruzaste mi bóveda, ávido
bajo el canto y la humareda;
antiguo paso amanecido que se extendía
y asomaba su voz y sudor de verano.

Fuiste—-semilla—-raíz—-ramaje
insecto que asediaba mi corola
lluvia circular
abstraída—–insanable.

Truena la cabellera combatiente
racimo de sal dormido en la altitud de tu cráneo.

Caigo en el pulso disonante y abyecto
sorbo el silencio de tu línea que desciende
abierta a la nueva atmósfera que te insulta.

Traspaso el coágulo de tu pródiga mente
amparada en los huesos de tu huella

como a una momia antigua te contemplo.

 

7

Para rasgar la bruma esbelta y sonora
recurro a la soledumbre de la habitación cotidiana
endechas de pura palidez pueblan las paredes
allí la presión de mi sangre llameante
invisible entre las laderas de mis piernas

Me permito respirar las asperezas de mi vientre
vulcanizado tras los partos por cesárea arrebatados
efluvio inquietante que me sofoca con tibia caricia
fuente armoniosa de la nueva existencia
redención y condena del espíritu que se agota

Río que me cubre y mantiene en el cauce
rojo universo que me habita con su fruto;
cuando la luz desaparece, como fugaz campana,
y la vigilia febril se arrodilla en mi frente
vienes a mi ayuda, hacia el incendio estrepitoso.

 

8

I

Este afuera
que enhebra su malva raíz
y engrifa el fulgor de los frutos.

 

II

Lejos de la dentellada
todo tú eres hombro
que me muda y preserva
río austral en reposo.

 

III

Toda alucinación salta
del oído a la rueda;
mantienes tu extremo
como suave mandolina.

 

IV

Adivinas sin premura
la tibieza de mi vello
abres el silencio desasido
la esperanza cuelga
con su apetito.

Natalia Lara
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