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Autopsia de un día

jueves 25 de febrero de 2016
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1:00 am
Sentencia

Lo siento hijo, pero tenía que matar al policía.

 

4:00 am
Sin pasaporte

Adrián despertó un poco adormecido con el sueño de una vida mejor. Al igual que muchos, sus padres habían anhelado por años la forma de escapar de su destino. Ese día lo lograrían. A una indicación del guía se acurrucó en el último rincón del bote. Oteaba esperanzado el horizonte mientras una intensa brisa marina arropaba su cuerpecito helado.

De improviso sintió un terrible estruendo, al tiempo que divisaba los acantilados. Cerró los ojos. Sólo quedaron fragmentos de aquel instante diseminados por el mar.

 

5:00 am
Estrella

Anna registra todo lo que hace con el teléfono inteligente que le regaló su padre el año pasado, cuando cumplió sus quince años. Los selfies se han convertido en su pasión. Hace fotos impactantes en lugares insólitos. Tiene más de tres mil seguidores. Su vida ha cambiado. Se siente satisfecha y feliz.

Hoy salió a escondidas, antes del amanecer. Una amiga la acompaña. Escoge la valla más alta de la autopista. Trepa a toda velocidad. Toma la primera serie de fotos. Alguien pasa y les advierte acerca de un tendido eléctrico. La amiga sube con dificultad. Ella ya se dispone a bajar cuando un inesperado encuentro la transforma en luminaria. La amiga alcanza la cúspide sólo para sentir un impacto que la dispara por los aires. Un vehículo se detiene. Una persona trata de auxiliar.

La imagen de Anna convertida en antorcha humana circula en todas las redes sociales.

 

6:00 am
El almuerzo

El anciano salió muy temprano a trabajar, tal como lo había hecho durante los últimos cincuenta años. Lleva la vianda para el almuerzo que le prepara su hija. No hay nada extraordinario, en ese particular día, que le haga sospechar que está a punto de romper en forma abrupta su rutina.

Pero sí. Esta vez hubo algo diferente. Lo sorprendió en la forma de un intenso dolor en el lado izquierdo del pecho. No llegó a tocar su almuerzo. Quedó intacto, a un lado del viejo caucho que tomaba por asiento. Allí, sentado, inerme, lo encontraron al día siguiente los transeúntes.

 

12:00 m
Noticiero de radio

—¡Un herido!

Andrea está embarazada de su primer hijo. Acaba de salir de su clase de literatura española y se dispone a abandonar el recinto en dirección contraria a la muchedumbre. Sin mediar palabra dos estudiantes de ingeniería abren la puerta de su Volkswagen y tiran dentro el cuerpo desguarnecido de un joven. Luego suben ellos. Desde el puente se escuchan los disparos de la guardia que trata de dispersar a los manifestantes. Tranquila, son balas de salva. Lo acabas de oír en la radio.

—¡Llévanos al hospital, por favor!

Siente un ardor en los ojos. No quiere mirar. El muchacho tiene un orificio de entrada en la espalda y en el pecho un desastre de carne y sangre con olor a pólvora.

Es casi la una. Pronto van a abrir el comedor. Bajo el puente los manifestantes se desperdigan para ir a almorzar. En la sala de emergencias una sábana descartable cubre los sueños de una madre.

 

1:00 pm
Desahuciados

Con la mirada en la ventana, un hombre espera de pie noticias de su esposa. A su lado, sentada en el piso, su pequeña hija hace una y otra vez la misma pregunta que él, aferrado con obsesión a la esperanza, no se atreve a formular en voz alta. Desde otra dimensión, muchos ojos lo observan. Lo miran con tristeza, ellos saben de antemano la respuesta.

También tuvieron ilusiones, escucharon palabros de aliento. Luego los fueron echando uno a uno a uno al basurero. Eran un desperdicio, una pérdida de tiempo. Desistieron.

Un médico se acerca al hombre frente a la ventana moviendo negativamente la cabeza.

 

2:00 pm
El personaje

—¡Mamá, hasta cuándo vas a estar ahí sentada escribiendo cuentos y matando gente! ¡Estás pegada desde la una de la mañana!

Afuera en la calle, una interminable fila de difuntos esperan ser rescatados temporalmente del olvido. Desde que se enteraron de que comenzó un taller de literatura la persiguen para que narre, si no sus vidas, al menos las circunstancias de sus muertes.

 

Cinco balseros cubanos sucumben al intentar salida ilegal. Fiscal General de la República confirma que son cuarenta y dos los fallecidos en protestas. Naufraga barcos de migrantes en los barcos de Turquía. Doscientos policías han caído a manos del hampa. Septuagenario aparece muerto en estacionamiento. Cada veinte minutos un ser humano muere de forma violenta en nuestro país. En Irlanda más de cien adolescentes han acabado con su vida intentando hacer selfies extremos. Mueren pacientes de hospitales por falta de insumos. La Organización Mundial de la Salud registra doce mil causas diferentes de defunción.

 

—No son cifras, hijo. Son relatos intrascendentes de vidas que solo sirven para inspirar escritores.

—¡Ay, no, mamá, que tétrica! Definitivamente, tú eres un personaje. ¿Me prestas el carro esta noche?

 

10:00 pm
Silencio

No ha sucedido el próximo acontecimiento.

 

11:00 pm
Procedimiento Copperfield

—Bajen del vehículo con las manos en alto.

—¿Ustedes andan armados? ¿A dónde se dirigen?

—Tú contra el capot. Tú, ven acá que vamos a revisar la camioneta. Muéstrame los documentos.

Los dos amigos transitan por una de las cuatro avenidas más populares de la ciudad.

Trabajan juntos y vienen de tomar unas cervezas. Finalmente lograron que la mamá de uno de ellos les prestara el vehículo.

Aparecen siete uniformados en sus motos. Los rodean. Una ráfaga de aprehensión y fastidio los invade. Ya están familiarizados con el procedimiento. A la voz de alto se detienen. La revisión es exhaustiva. El joven vigila cada movimiento del policía.

No le quita los ojos de encima, pendiente de que no haga aparecer ninguna cosa en el carro, como pasó la última vez.

Hoy parece que no va a ser así. El policía se pone paternal, les habla amistosamente, mientras los otros seis que cercan la camioneta continúan apuntando sus armas contra ellos.

—Los voy a dejar ir —baja la tensión—. Todo está en orden. No hay armas, no hay drogas, los papeles están en regla. Pero les voy a dar un consejo, muchachos. Ustedes no pueden andar así por la calle. Tienen que andar activos y pendientes. Pilas pues, como quien dice, para que no los vayan a joder.

Arrancan. Recorren las dos cuadras que los separan de la casa entre maravillados y perplejos. Todavía no se lo creen.

—Pana, ¿Y los teléfonos?

—¡Coño de la madre! ¡Los teléfonos!

 

12:00 pm
Un pajarito azul

Una mujer escribe una noticia, con foto incluida, en menos de ciento cuarenta caracteres: Un policía ha resultado muerto como consecuencia de un robo durante el cual dos jóvenes fueron sometidos para despojarlos de sus teléfonos. Al otro lado del mundo un noticiero web transmite su versión de lo ocurrido.

María Alejandra Gámez
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