XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Bajo la luz del farol

sábado 12 de agosto de 2017
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Yo la conocía desde hace años, pero ahora era difícil, difícil reconocerla, y dolía verla. La conozco desde cuando éramos niños. Mis padres siempre me han llevado a la iglesia, desde pequeño, pero lo mío era correr e ir de aquí a allá sacando el quicio de los que quisieran tranquilidad.

Yo tenía como diez años y ya quería cuidarla, la quería.

Una vez llegó una señora, usaba muletas, tenía cierto problema en la pierna, lo cierto es que tenía esos horribles clavos y esas muletas, una señora, no tan vieja, de unos veinticinco a treinta años, se hizo amiga de mi madre, creo que tenía muchos problemas esa señora y por eso había llegado a la iglesia, en fin, no lo sé. Fue un lunes por la noche cuando llevó a su hija, mi misma edad, más pequeña que yo, su piel se debatía entre caramelo y blanca, muy poco morena o casi blanca, y una carita, oh, a esa edad no me fijaba mucho en los cuerpos, lo que me importaba a esa edad era la piel y la cara y el rostro de ella era como de muñeca de porcelana, delicado, fino, hermoso, esos ojos parecían iluminarse cada vez que me veían, quizás eran los míos que se iluminaban y se reflejaban en los de ella, no lo sé, creo que me había enamorado.

Ella ha sido una de las pocas mujeres a las que he tenido el valor de acercármeles a hablar. Y sé que le hablé, de alguna manera me acerqué a ella y hablábamos, a mí me gustaba hablar con ella, estar cerca de ella, hacer lo que sea con ella, realmente estaba o muy enamorado o muy ilusionado, recuerdo que sólo quería estar con ella, y sólo nos veíamos por las noches en la iglesia cristiana. En el día buscaba dinero para comprarle algo, un dulce, cualquier cosa, en las noches iba a la iglesia y se lo entregaba. Oh, qué sonrisa, sí que tenía una hermosa sonrisa, era tan pequeña, tan bella, tan para mí. Yo tenía como diez años y ya quería cuidarla, la quería, tuvo que ser muy evidente porque su madre se enteró, mi madre también y al parecer les gustaba la idea, su madre decía que nos veíamos bien juntos, todo aquello estaba arreglado.

Antes de irse a Santa Bárbara la vi por última vez, era un viernes, treinta de diciembre, en la iglesia harían una especie de fogata donde las personas tiraban cartas para que fueran consumidas por el fuego, algo que hacen en esa iglesia desde que tengo memoria, yo tenía como trece o quince años, quizás tenía doce, no lo recuerdo bien, sólo recuerdo esa escena, yo me paré a ver el fuego y ella estaba a mi lado, me pasó el brazo por la cintura y me dio un abrazo a medias, yo la abracé y le di un beso en la frente, aún no éramos novios, pero igual le seguía viendo la carita de porcelana, la inocencia y el brillo en los ojos, aún sentía las ganas de cuidarla. Luego se fue, pasaron años, se mudó con su madre…

Los planes empezaron desde el lunes, no salgo mucho a fiestas pero de vez en cuando me dan estos arrancones y quiero salir, beber un poco y escuchar esa terrible música que ponen en las fiestas de ahora, la mitad de la culpa la tiene Bukowski. Iríamos el viernes a una discoteca, estaba todo arreglado, yo no hacía más que levantarme a la hora que sea, escribir un poco, comer e ir a practicar rugby, después del rugby planeábamos lo que íbamos a hacer, los planes fueron muchos, el lunes acordamos ir a una fiesta de una amiga, el miércoles los planes fueron otros y por fin el jueves acordamos que iríamos a una discoteca en la Coromoto.

Yo me había ido a dormir a la casa de mi hermana, de allí me iría a la casa de Jonathan, esperaríamos que se hiciera de noche e iríamos a buscar a los demás para tomar un taxi hasta la Coromoto. Esos eran los planes.

Recibí una llamada de mi madre:

—Buenos días, hijo, ¿cómo estás?

—Buenos, estoy bien, ma, ¿y tú?

—Estoy bien, mi amor, ¿a qué hora te vienes a la casa?

—No voy a ir a la casa hoy, me quedare aquí con Génesis.

Le mentí para que no se fuera a preocupar, siempre se preocupa cuando salgo. Aunque salgo muy poco.

—No, no, tienes como dos meses sin ir a la iglesia y hoy hay vigilia.

¡Todo se había dañado!

No sabía que había vigilia ese mismo viernes, colgué el teléfono y lo apagué, ahora estaba pensando si ir a la vigilia o seguir los planes e ir con mis amigos. No podía hacerlo, nunca he dejado de ir a una vigilia por ir a una fiesta, no puedo hacerlo, tengo principios, pocos pero tengo, además el pensamiento de que algo malo me pasara por ir a una discoteca en vez de ir a la iglesia me atormentaba, no, no lo hare, iré a la iglesia.

Fui al gimnasio con Jonathan, le dije lo que había ocurrido y por qué no iría a la fiesta, se disputó, tiene razones, había sido yo quien había motivado a todos y ahora yo no iría, en fin, ellos si fueron a la discoteca y yo me fui a la iglesia. Unas amigas me enviaron unos mensajes, me estaban esperando, bueno, aquello tuvo que estar muy bien, había buena música, mujeres y alcohol. Bueno, yo estaba en la iglesia y nunca he comprendido qué género de música es el que cantan en la iglesia, había café. Estas vigilias (para el que no sepa) terminan tarde, algunas veces hasta que salga el sol.

Me senté en la última parte, detrás de todos, desde donde estaba podía observar todo, estaba como a cuatro metros de la masa de gente.

Un amigo de la infancia se sentó a mi lado, me dio un café, miré el pequeño vaso de plástico y pensé: mis amigos deben estar bebiendo whisky con vasos idénticos.

—Hey, ¿te acuerdas de la hija de Carolina?

—¿Qué Carolina?

—Carolina, la chiquita que venía con muletas.

—Ah, ajá, ¿qué pasa con ella?

—Allá está la hija.

Me señaló un puesto, vi la espalda, el cabello sedoso, no recuerdo si estaba del mismo color, han pasado años, estaba sentada.

—¿Es ella?

—Sí.

—¿Dónde está viviendo?

—Vive con su novia.

—¿Con su qué?

No sé si ella me vio, hubiera querido que me viera, que nos hubiéramos mirado, que me hubiera sonreído o que me hubiera abrazado por la cintura a medias.

—Es lesbiana ahora.

—¡No puede ser! —exclamé.

—Sí, vive con una negra gorda, una cucaracha gigante.

—Ella era el amor de mi vida, de mi vida cuando era pequeño.

—Bueno, creo que se te fue esa vida.

—Como los gatos, perdí una.

Mi madre estaba sentada a unas tres filas más delante de ella, fui a donde estaba mi madre, sin ningún motivo, sólo quería ver su rostro, el de ella. Le di un beso en la cabeza a mi madre y le dije que la quería al oído para que no fuera a ser tan extraño, me devolví y de regreso la vi, no sé si me vio, yo tardé en reconocerla, había cambiado, su rostro ya no era tan de porcelana, era como si la porcelana se hubiera roto, como si la rudeza de la vida le hubiera quebrado la cara, se levantó, como para que yo la viera, quizás lo hizo con esa intención, han pasado años, ahora tengo dieciocho, miro sus piernas, impresionantes piernas, cintura fina, aquello era un buen cuerpo, reloj de arena, su cara, no seguía siendo de porcelana pero igual era una buena cara, me lamenté, me lamenté de que estuviera con una mujer y no conmigo, me enojó y hasta ganas de llorar tuve, siempre había pensado que cuando volviera de Santa Bárbara iba a estar conmigo. No, llegó y no me di cuenta, la había olvidado, hasta ese viernes por la noche, en fin. Se levantó y yo miré su cuerpo, su cara, su caminar, la noche estaba muy oscura, la luna estaba oculta en las nubes, apenada también, no sé si ella me vio, hubiera querido que me viera, que nos hubiéramos mirado, que me hubiera sonreído o que me hubiera abrazado por la cintura a medias, pero salió de la iglesia, yo la podía observar, a unos diez o quince metros, estaba bajo un farol que iluminaba un pedazo de la acera, la miré desde lejos, algo mágico sucedió, desde esa distancia se veía como la niña de porcelana, con más cara bonita que buen cuerpo, con esa sonrisa como si se diera cuenta de que la miraba, pareciera que el mundo se hubiera oscurecido por completo y sólo se viera ella, iluminada bajo un farol.

Como porcelana.

Heber Vílchez
Últimas entradas de Heber Vílchez (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio