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La pregunta

sábado 11 de julio de 2020
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Cuando salió la publicación, todo el mundo andaba alebrestado tratando de identificar a los señalados. Que al sur todo el día ven pornografía, señalaba el artículo del periódico y todas las miradas iban hacia Juan, cuyo escritorio estaba estratégicamente colocado al final del pasillo. Que al norte leen cuentos todo el día, continuaba el artículo y las miradas iban hacia Arturo que algunos libros lee de vez en cuando. En el centro hay una vieja que se quita los zapatos y se rasca los pies uno con otro como si tuviera hongos, seguía el relato y las miradas y los murmullos se dirigían a Olga que, con todo desparpajo, se dedica a esa actividad día tras día. Pero cuando leyeron que agarraron a la Letty en el preciso momento en que se la clavaban en las gradas, todo mundo se preguntó: ¿quién es la Letty?

El relajo que arman por una simple publicación que sólo pone de relieve el diario vivir de la oficina.

La oficina es un tanto sui géneris. Hay de todo. El que no ve pornografía, la hace. Las viejas que se soban los pies están por todos lados: las panzonas, las flacas, las negras, las canches… tal parece que los hongos hubieran decidido sobarles los pies a todas, pero sólo a ellas porque los hombres no se rascan igual. Bueno, no los pies y tal vez les cuesta más quitarse los zapatos. Pero que se agarraran a la Letty ocasionó tal alboroto que más parece una medida de camuflaje como si todas quisieran esconderse de algún acto indiscreto o desearan saber a cuál de todas descubrieron.

Porque que se dejen de pajas. Yo sé de parejitas de flacos con gordas, negros con canches, chaparras con indios, indios con altas, gordos con flacas, en fin, de todas clases y algunas utilizan el motel, pero para otras las oficinas son suficientes. Entonces no sé el sentido de la pregunta ¿quién es la Letty? Cuando la Letty puede ser cualquiera. Que sólo hay dos en el edificio, me dijeron, pero dos que fueron bautizadas como Leticia y les dicen Letty. Aunque por sus acciones las Lettys abundan.

Yo he visto a las gorditas con sus flacos cuando ponen ojos de gallina clueca y ríen como queriendo tragarse a su flaquito. “Las gordas son más agradecidas”, dicen los flacos, y yo creo que tienen razón. Algunas con cuerpecitos esculturales de esos que se ven por ahí donde uno puede tomarse algo y recrear la vista, parecen magas con las billeteras. En cambio las gorditas dan lo que tienen sin remilgos.

También he visto chaparras con indios altos y feos. A lo mejor tienen sus secretos con los brujos, o a negros con canches, como si quisieran mejorar la raza. Aunque parece imposible.

El relajo que arman por una simple publicación que sólo pone de relieve el diario vivir de la oficina. Y a mí me preguntan… ¿quién es la Letty? Como si yo hubiera escrito el artículo famoso o fuera mago para saber cuál de todas las Lettys le daba gusto a sus sentimientos junto a las gradas. El hecho de que en la escuela primaria me hayan enseñado a leer y escribir, no quiere decir que cualquier cosa que se publique venga de mí. Bueno, no todo.

Y dejo en el aire la pregunta por si alguno de mis compañeros sabe algo, quiere contarlo o fue partícipe del suceso.

¿Quién es la Letty?

Antonio Cerezo Sisniega
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