XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

El desfile

martes 13 de junio de 2023
¡Comparte esto en tus redes sociales!

La vida en aquella región al occidente del país, apacible y pura, le proporcionaba tranquilidad a su espíritu y felicidad indescriptible a su alma de niño. La inmensa verdura del campo, la pureza del aire y el silencio delicioso de las tardes, lo hacían sentirse suspendido en las cuerdas de la dicha; la escuela, blanca como ánima infantil, se constituía en su regazo y dejaba brotar con libertad absoluta su alegría y su admiración por la existencia. El contacto con la gente del campo le daba la sencillez necesaria para la felicidad. Su maestra, fuente inagotable de energía, era para él un sol esplendoroso que calentaba hasta los más ínfimos rincones de su alma. Pero el mayor gozo, desde la vez en que llegó el ministro de Educación a visitar su escuela, le era dado por los desfiles. En esa oportunidad, ante lo inusual de una visita tan importante al pueblo, y sobre todo a la escuela, se organizó una vistosa marcha con los empleados de la Municipalidad y con todos los alumnos. Un redoblante como único instrumento acompañaba el desfile que seguía al señor ministro y a su comitiva; éstos levantaban las manos para saludar a las personas colocadas a la vera de la calle principal que conducía directamente hacia el edificio municipal. En su alma se arraigó desde ese momento el ferviente deseo de ser algún día persona importante. Se dijo a sí mismo que debería luchar duro para convertirse en persona relevante. Quedó fija en su mente la escena: la majestuosa marcha hacia su venerada escuela, el discurso de la máxima autoridad del Ministerio de Educación y, sobre todo, la presencia del señor ministro que dormiría en el pueblo esa noche. Casi no pudo conciliar el sueño pues se veía a sí mismo caminar delante de un desfile haciendo venias al público, con traje completo y corbata importada. Al amanecer se vistió de nuevo con camisa blanca de manga larga y se calzó su pantalón azul menos desteñido; los zapatos, reparados quién sabe cuántas veces, habían quedado listos desde la noche anterior. Un nuevo desfile de empleados municipales y de escolares acompañó a la comitiva hacia la nave aérea y con toda la admiración reflejada en sus rostros la vieron ascender y desplazarse por el firmamento hasta que se perdió en lontananza.

Cuando estuvo listo para la escuela secundaria, sus padres, a costa de grandes sacrificios, lo enviaron a la capital con los ahorros de muchos años logrados a través de la venta de las cosechas. La despedida fue triste; prometió a sus padres luchar por sobresalir y convertirse en persona importante para orgullo de ellos y de su pueblo. En su mente estaba fija la idea de colaborar lo mejor posible para la superación de todos sus coterráneos.

La ciudad lo recibió con todo el esplendor de su desarrollo; con el ruido de motores y bocinas, con el pulular de personas impresionante, con el humo asfixiante de su engranaje que poco a poco lo fue absorbiendo hasta convertirlo en una célula más de ese monstruoso organismo. El estudio por las noches y el trabajo diurno lo fueron moldeando poco a poco, hasta cambiarlo de un muchacho inexperto a un adulto. Su principal distracción en el barullo citadino lo constituía la fiesta anual de la independencia, celebrada con un interminable desfile; al principio, en su época de estudiante, participaba activa y fervorosamente en él; pero ahora debía conformarse con observar. Entonces volvía a su mente el recuerdo de la inusual visita de un ministro de Educación a su pueblo y el primer desfile en el que participó después de muchas horas de ensayo. Desde que llegó a la capital su lucha fue constante y su idea una: convertirse en persona importante, poderosa; encabezar algún día una marcha y que las personas acompañantes se sintieran orgullosas de hacerlo. Pero hasta ahora, debido a la tenaz batalla por la subsistencia, a la ayuda económica mensual que enviaba a sus padres, le había sido imposible dedicarse con ahínco a otras actividades, al trato de personas que pudieran conducirlo hacia la meta anhelada. Los años fueron sucediéndose unos tras otros y la madurez arraigándose en él; las horas de estudio, la experiencia acumulada con el bregar cotidiano, fueron acomodándolo perfectamente dentro del engranaje de la colectividad. La lucha por su superación lo llevó finalmente a obtener un título universitario; su conciencia social continuó creciendo poco a poco hasta llevarlo a alcanzar posiciones políticas altas desde las que luchaba por el beneficio de la mayoría. Se sentía una persona realizada; le encontró un sentido a la existencia y sus múltiples ocupaciones lo fueron fogueando para sortear con bien la sucesión de días, de meses, de años de vida. Tenía sin embargo una frustración: jamás logró encabezar un desfile y esta idea laceraba su mente manteniéndolo insatisfecho, hasta ese día en que la violencia lo llevó a ser el personaje principal. Iba a la cabeza de una marcha lenta, acompañado por sus familiares, por sus amigos, por una multitud de simpatizantes que, con sus trajes negros y sus caras compungidas, lo conducían por la larga avenida adornada de cipreses hacia un nicho del Cementerio General.

Antonio Cerezo Sisniega
Últimas entradas de Antonio Cerezo Sisniega (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio