Baja corriendo las escaleras. Llega tarde. Los clientes del viernes suelen buscarlo en la pequeña rotonda del polígono industrial Los Huertos desde las ocho de la tarde, noche ya cerrada en este decaído noviembre. Hace dos años que alquila su cuerpo por media o una hora a hombres que necesitan que él, con su cara aniñada y culo prieto, les haga una mamada o se deje dar unos cuantos empellones. Sus clientes, mayoritariamente, llevan el carné de heterosexual en la boca cuando se encuentran entre amigos y familiares. Que quieran desahogar la tensión sexual y desanudar los embrollos mentales echando mano de sus servicios, no implica a la fuerza que no lo sean. Tenemos muchas caras y un solo culo. La naturaleza humana es muy extraña.
Erico, en poco tiempo, ha visto mucho. Erico, mientras maneja su pequeña moto hacia el polígono, recuerda cuándo empezó en esta faena: fruto de un dolor que no fue capaz de verbalizar y que le llevó a hacerse daño. Parece estúpido, pero así ocurrió. Uno se autolesiona (hay muy variadas formas de hacerlo) por desviar la sensibilidad del dolor que no puedes soportar hacia otro lado. Es una alternativa basada en someterse a un nivel inferior de daño, es inocularte un virus en dosis pequeñas para que haga de vacuna que te libre de la enfermedad grave. Su dolor a sepultar fue una serie de muertes de personas queridas, el abandono de otras y un juicio implacable al que se sometía sin compasión. Cuando no te estimas, necesitas que te desprecien para confirmar tu juicio. Por esa razón se echó a la calle a saciar los bajos instintos del prójimo. Es una actividad que nunca entra en crisis. Ni los funcionarios están tan seguros de que no les faltará curro. Los apetitos del cuerpo nunca se colman. Al cuerpo, cuanto más gusto le das, más a disgusto está y antes vuelve al abrevadero. El sexo, el juego y la muerte son realidades que no defraudan si pretendes hacer negocio con ellas.
Erico ha tocado fondo. Esta misma noche se va a dar cuenta de ello en cuanto dos tipos de mediana edad le inviten a un trío donde él va a ser el receptor de sus goces violentos, de golpes rabiosos y de escupitajos a su cuerpo encarnado y descoyuntado tirado más tarde en una cuneta. Cuando se toca fondo no se sufre. Ya no. Una árida explanada te inunda por dentro y se rebosa hasta la galaxia más lejana difuminando los contornos. Erico se arrastra hasta donde ha dejado aparcada la moto. No puede subirse a ella. Un compañero de rotonda le asiste con lágrimas en los ojos. Cada uno sabe por qué llora. Dice de llamar a una ambulancia. Erico le ruega que no lo haga. Tendría que poner una denuncia y lo que quiere es olvidar. De hecho, sólo una vaga neblina ocupa su memoria. Él sabe cómo olvidar. Es experto. Y sabe sobrevivir, salir adelante. El milagro de Erico es que no ha visto a dios en el culo de los hombres. Dentro ha visto la irrealidad del tiempo y la profundidad del instante que no juzga ni moraliza. Erico ha sobrevivido cientos de días y noches en sus hediondas profundidades. El olor pestilente otorga verdad a lo dudoso.
Su colega de rotonda llama a un amigo y le pide que se acerque con su coche. Meten a Erico en él y lo llevan a casa. Le hacen una cura casera y lo meten en cama. Antes de que la neblina se lo trague del todo escucha decir a su colega que no se preocupe por la moto, que se la recogerá en cuanto pueda.
Erico permanece semanas en un estado de duermevela: “El mundo no me hace infeliz, los sucesos por sí solos no provocan malestar, es la trama de mis pensamientos lo que me ha hundido. Ahora a volar, a soltar las amarras, a dar por culo a las historias que me he contado a mí mismo; historias melodramáticas, de telenovela interminable. Ahora es el fin de las historias que cuentan pasados”.
Llega un punto en que nuestra voluntad, intelecto y fe se topan con una puerta blindada de la que no tenemos llave ni forma de traspasar. Es una puerta que con un leve soplo se abre desde el otro lado. Sólo queda esperar con paciencia sin esperar nada, ni siquiera a que se abra. Ese soplo desde el otro lado abre la puerta cuando quiere y a quien quiere. Es un misterio de dónde viene y adónde va.
Me gustaría contar dónde y cómo se encuentra hoy Erico. Pero no lo sé. Es posible que viva enfrente tuyo, es posible que sea el terapeuta al que buscas para apaciguar tu ebullición de vida, es posible que se encuentre en alguna cueva perdida o en una ermita ignota. Es posible que ahora mismo le estés dando por culo porque ha decidido aceptar su estatus, porque no se resiste, porque se ha topado con la puerta blindada y busca atajos por la puerta de atrás. Entrar por donde los residuos deben salir no augura nada brillante. Pero en ocasiones sonadas se llega al paraíso pasando por los infiernos intestinos, subiendo por los chakras malheridos. La resistencia es una trampa que utiliza el ego para ganar peso. Si te encuentras con Erico, fíjate si sonríe, porque igual sabe algo que nosotros ignoramos.
- El recodo - sábado 4 de abril de 2026
- Nuevos tiempos viejos - sábado 13 de septiembre de 2025
- El bruñido de Lucas Mello - miércoles 21 de mayo de 2025


