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Poemas de La dulce Aniquirona, de Winston Morales Chavarro

viernes 17 de abril de 2020
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Winston Morales Chavarro
“Aniquirona / Ha llegado el instante de multiplicar pájaros y peces”, escribe el colombiano Winston Morales Chavarro en estos poemas.

I

Y estoy buscando las voces del camino
Para traducirlas
Seguro llevarán tu nombre
He aprendido a interpretar la voz del viento
Esa misma que arrulla las hojas entreabiertas
De tu árbol.

¡Aniquirona, Aniquirona!
Te llama el río
Y en las gotas frenéticas del aire
Va tu aliento prendido a las veletas.

Al cuenco de mis manos
Llega impetuoso el sol
Con el oro y el trigo de tu cima
¿Debo ascender al principio del lenguaje?

Allí narran las gaviotas
Los días difíciles del cielo
El trasbordo misterioso de las nubes
¿Debo traducir el idioma musical de sinsontes y de mirlos
para conocerte?

He de cuestionarme
Mujer de largos sueños
E inexplicables trances
¿Cuál es el país al que me invitas?

Apenas sé cómo te llamas
Me lo ha contado el río
Y sé que Aniquirona
Es el umbral de otros caminos.

 

“La dulce Aniquirona”, de Winston Morales Chavarro
La dulce Aniquirona, de Winston Morales Chavarro (Trilce Editores, 1998). Disponible en Amazon

 

 

II

Toda vez que me aproximo a Schuaima
La muerte posee la voz
De múltiples aves
El aire azul revolotea de fibra en fibra
Mientras las piedras
Juegan a pronunciar sus palabras menos comunes
Y las hojas saben de antemano
Que soy nuevo en este sitio.

Aniquirona
Hay un yo que me detiene
Que se esmera en el regreso.

A veces pienso
Que ese habitante
Joven entre los viejos
Ama las mismas cosas
La obscura puerta de las posibilidades
La famosa casualidad de las instancias
¿A dónde van todas esas voces
que me conducen a tu reino?
Sigo las hojas que corretean presurosas
Sigo la lluvia y su música húmeda
Sigo los pájaros y sus ondas
Hay una aproximación entre el lenguaje de los árboles
Y el mío.

Sólo así puedo acercarme
Sólo así sé que existo
Y que el camino no es camino
Si no va cargado de palabras y de voces.

Estoy en Schuaima
He llegado con la brisa
Sólo su silencio musical me satisface
Aniquirona:
¡Hablemos de poesía!

 

VII

Extranjera
Danza de fuego
Sé que la muerte es escuchar otras voces
Y por eso
Poso mi oído
En la cascada de tu río.

Busco la muerte
Y camino desnudo entre las piedras
Busco esa voz
¿Acaso distante?
¿Acaso cercana?
Tal vez en mí
Disfrazada en mí.

Sé que allí
En el silencio obscuro del espejo
Está el sonido orquestal de otra mañana,
Mi cabeza se agita con el viento
Y llueve
Llueve y he sabido con la lluvia
El diccionario abierto del camino.

 

XII

Mujer en el espejo
Toma de mí
Las cosas que ya fueron tuyas
El sonido de las hojas
El silbar quedo de mis ramas
Haz de este escueto tronco
Un asentamiento para tu estadía,
¡Ven, forastera!
Sólo ofrezco para tus manos
Un ramillete de fragantes piedras
Bajo la pequeña
—casi mi diminuta sombra—
puedes quedarte
no importa el tiempo
al fin y al cabo
el tiempo para los dos no existe.

Soy un hombre viejo
Un árbol moreno y oxidado
Pero te juro
Que aún puedes hacer de mí
Una canción para la muerte
Para la vida
O quizás para otra cosa más hermosa.

Forastera
Aún anidan en mi tallo
Escarabajos transparentes
observa mujer de ojos luminosos;
mi coraza de colibrí y de mariposa
resiste millones de guerras, de guitarras
y otro caminar para la suerte de tus días.

Quédate extranjera
Mañana ya seré otra cosa
Y tú estarás demasiado joven
Para comenzar de nuevo.

 

XVII

Extranjera
Hemos llegado a este ritual
Esta es la ceremonia de las flores
El ritual de la palabra;
Palabra olorosa que se expande
Como enredadera de músicas balsámicas
Y que trepa suavemente
Por la savia de los árboles.

Esta es la ceremonia de las flores
Entra y gózate la fiesta
Entra y gózate la vida
Ven a festejarme
Todavía hay vida en estas manos
Tómalas
Estas manos que aún escriben
Poemas de amor para mujeres solitarias.

He venido a este festejo
Llorando ante la belleza de la noche.

Aniquirona
Diana de los bosques
Dime hasta qué lugar se extienden tus visiones
¿Dónde el cáñamo de la música?
¿Dónde las hogueras de los besos?
¿El suave murmullo de las hojas?
¿Qué de venturoso tiene
ser laureado por la muerte?

En algún punto
Entre la vida y la muerte
He venido a este reencuentro,
Todavía hay vida en estas manos
Míralas
Ellas escribieron con anterioridad
Sobre estas cosas
Ellas pronosticaron
Esta magnificencia

 

Este acto de laurear a los hombres soñadores
Este acto de celebrarse mutuamente
Cuando silencio, poesía y muerte
Suelen restituirnos.

 

XXII

A Roberto Chavarro Chavarro

Aniquirona
¿Dónde están los versos perdidos?
¿En qué lugar la alforja
que esconde las palabras
y el mundo de las premoniciones?
¿En qué lugar los pañolones de las viudas
que enlutaron su tristeza
hasta fraguar la música?
¿Acaso en Schuaima la luz?
¿La gran nube en forma de ánfora
Donde todas las tristezas se evaporan
Y los niños juegan con los tamariscos y los pájaros?
Schuaima es la nación
Donde todos los que se fueron han llegado.

Crucen amigos de infancia
Vengan marineros y soldados muertos
vengan prostitutas
que los músicos desnuden su tristeza de guitarra
y los villanos se levanten de las prisiones
¡Hay pan para todos!
Venga también el salmista, el misionero,
Judíos, mahometanos y gentiles
Crucen pescadores con sus redes de plata
Y el místico con su trozo de parafina.

Marchen hacia Schuaima
La luz de la lámpara gigante
Es el arco de la travesía.

Marchen que las campanas del calvario
Han cesado su repicar de entierro
Y la brisa se ha detenido
Para no despeinar el sueño
De extranjeros y visitantes.

Aniquirona
Ha llegado el instante de multiplicar pájaros y peces
Es la hora del fuego
La hora del canto y el grito
Despójense de su armazón y de su escafandra
Los científicos
Vengan los alquimistas con el rayo y el trueno.

Marchen hermosos gusanos
Es hora de tejer las alas para remontar el vuelo,
Después de la metamorfosis
¡Todas las larvas serán mariposas!

Winston Morales Chavarro
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