
Las hijas de la Noche
Javier Olalde
Poesía
Ediciones Búho Búcaro Poesía
San Sebastián de los Reyes, Madrid (España), 2026
40 páginas
Las hijas de la Noche
Eres tú y, ahora,
esa mirada que divisa las nubes negras,
como escapadas de un incendio,
que, invasoras, avanzan sobre los edificios
y el exánime fondo del ocaso
acarreando con ellas una súbita noche
y el rumor inminente de la lluvia en las calles.
Pues tuya es todavía la dorada hebra de las horas,
la valiosa y frágil trama urdida por la hilandera Cloto,
y constelada por el azar del rumbo que Láquesis decide.
Tuyo es aún el camino y el tiempo del camino
al que han de poner fin las tijeras de Átropo.
Mas sólo cabe cumplir lo destinado por las fatales hijas de la Noche.
Pero, puesto que nada lograrán remediar ni alborotos ni súplicas,
no encomiendes el ánimo a lo aciago
y pide a Elpis, la siempre seductora y divina esperanza,
que no te sean esquivas sus bondades
ni se muestren ajenos los días coronados por augurios propicios y clementes
Selene
Y tú llegabas cuando el deslustre de lo diáfano
con el rostro reverberante de las lunas
que han sido y que se esperan,
erguida en tu designio, próxima otras,
reservada incluso, mudable irredimible,
mas luna resplandeciente al cabo.
Selene, hija de titanes, desveladora de la noche,
que en Latmos yaces olvidada
junto al bello Endimión.
Arrío las banderas
Arrío las banderas de mis patrias antiguas,
aquellas Ítacas ya no me pertenecen.
Penélope ha acallado mi recuerdo
y teje imperturbable
mientras por su ventana pasan soles y lluvias,
auroras y crepúsculos que no hemos compartido
ni conoceré nunca.
No se regresa a Ítaca,
Porque ningún camino,
ningún mar,
ningún cielo conduce a las pasadas patrias.
Aquellas Ítacas son otras,
otras sus gentes y otros sus relatos,
otras sus lealtades.
Nada queda de la vieja memoria
sino la indiferencia
con la que los paisajes ven pasar al viajero
y calles impasibles
de lugares donde nadie me aguarda,
en tanto que las horas y los días
van ampliando el espacio de la ausencia
y extendiendo el olvido.
Arrío las banderas
desplegadas en el solar de la nostalgia,
donde fui alguna vez aquel que imaginó
ser el que Penélope evocaba
o fui quien confió en desandar el tiempo,
cuando era el pasajero de un trayecto sin vuelta.
Aquellas patrias son inalcanzables,
no siempre se consigue ser Ulises.
Fragmento de ubicación incierta
... más tarde,
cuando la luz corría en desbandada hacia poniente,
se afligía Safo por la allegada noche:
“Las horas pasan, pero yo duermo sola”.
El mayor bien
Tiempo habrá para el largo sueño del olvido,
mas ahora, en este espacio aún nuestro, ceñido por la piel
y rodeado por el vario paisaje de la vida,
confiar únicamente en que nos sea benévolo
el hado del designio urdido por la Parca
y el vaivén del destino no sea pródigo en males.
No es otra la esperanza del deseo
ni es otro el mayor bien que Láquesis concede.
- Las hijas de la Noche, de Javier Olalde
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