“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Las mentalidades del dominio
Teoría y práctica del pensamiento gobernante

lunes 3 de febrero de 2020
Édgar Sanabria
Édgar Sanabria condujo la transición a la democracia en Venezuela tras la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.
Dedicado a mi primogénito Mathías Montoya Gutiérrez

1

Toda mentalidad de dominio se determina por tres asuntos de impacto global: ciudades, ideas y democracia. En su extraordinario libro clásico Muerte y vida de las grandes ciudades, de 1961, la urbanista estadounidense Jane Jacobs establece que el dominio se ejerce sobre la ciudad que diseña el futuro de sus habitantes. Por su parte, el filósofo español José María Valverde, en su libro atrapante Vida y muerte de las ideas, de 1980, conforma que el dominio del hombre sobre su destino y su carácter está prefigurado en las ideas que ama y rechaza y defiende. Y por último, el pensador australiano John Keane, en su libro exhaustivo de 2009 Vida y muerte de la democracia, declara que el dominio se mantiene positivo cuando una nación ha logrado un sistema de mayor sinergia social. Hubo un presidente venezolano que en su corto período de gobierno (1958-1959) tomó dos decisiones que le han dado un lugar preeminente dentro de la política venezolana. Se llamó Édgar Sanabria. El doctor Édgar Sanabria, en su período como presidente interino del país, luego de la caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, fue conocido por su versatilidad al demostrar un carácter altamente democrático y altamente visionario cuando firmó la decisión de promulgar la ley de autonomía universitaria y otra ley para elevar los impuestos por la actividad petrolera del país. Asentar estos dos hechos poderosos significaba un rompimiento con las ideas más caducas de la política errática de los antiguos dirigentes. Porque una nación viaja al ritmo de las ideas de sus dirigencias. Un país vive la excelencia que sus líderes promueven con sus ideas y con sus decisiones. Pero una nación sufre cuando sus dirigentes practican sistemas ideológicos improductivos y opresores. Así que el “código Sanabria” (que yo lo denomino así) es: la autonomía de los saberes y la forja de sistemas de riqueza. En otras palabras: la formación y activación de mentalidades de dominio. Ese es el “código Sanabria”. Sanabria entendió el poder del pensamiento gobernante porque asentó verdades sobre ciudades, ideas y la democracia de su época.

 

Se derivó hacia un proyecto popular-bolivariano que terminó siendo una gangrena agresiva en todo el organismo nacional.

2

Ahora bien, para entender qué son las mentalidades del dominio se precisan una genealogía del impacto de esas ideas (¿cómo surgieron?, ¿quiénes las crearon y las difundieron?, ¿cómo fueron puestas en práctica?, ¿de qué forma siguen teniendo vigencia en nuestra cultura y ciudadanía?) en la historia de las naciones. Desde el punto de vista venezolano nuestro país ha sido influenciado enormemente por siete esferas ideológicas (de acuerdo al filósofo alemán Peter Sloterdijk una esfera es una atmósfera de pensamientos que inclina a un grupo determinado de multitudes a vivir por patrones parecidos de vida y de gusto) a través de quinientos años: la esfera colonial, la esfera independentista-romántica, la esfera republicana caudillista, la esfera positivista, la esfera de democracia representativa, la esfera neoliberal y la esfera de lo popular-bolivariano. Es decir, nuestras ideas de ciudadanía, de poder y de control social vienen de todas esas esferas ideológicas. Y, claro, cada sistema de pensamiento tuvo sus defensores y tuvo sus disruptores. En lo colonial tenemos una mentalidad escolástica y atada a lo que la Iglesia Católica definía como justo y verdadero. La tesis independentista-romántica, aunque nos diera libertad política, sin embargo no pudo descifrar los códigos correctos para hacer avanzar económicamente y socialmente a las multitudes. En cuanto a la doctrina republicana caudillista se proyectó un falso concepto de que un hombre rudo era la solución para poner en orden a los bárbaros, a las torvas muchedumbres que habitábamos esta tierra. De la misma forma el concepto social positivista daba su razón del desmadre cultural a nuestra “raza y color” porque no teníamos otro camino que ser serviles y padecer miseria y podredumbres. Por parte del sistema de la democracia representativa se indujo una organización social hacia la dependencia del Estado y un populismo atroz. Entonces el corolario neoliberal fomentó sus planteamientos de privatizar el sistema público y social como panacea a todos los problemas colectivos y políticos. Pero luego se derivó hacia un proyecto popular-bolivariano que terminó siendo una gangrena agresiva en todo el organismo nacional.

 

3

No obstante, ninguna nación ejerce potestad o dominio sin ser influida por el orden mundial imperante de su época. Es decir, el orden o desorden mundial en cuanto al dominio de la esfera geopolítica por parte de ciertos y específicos países determina la mentalidad que gobierna. A través de la historia universal sabemos que el mundo ha estado sometido a diversas corrientes de pensamiento de acuerdo al modelo cultural del pueblo más avanzado tecnológica y políticamente hablando. Como primer orden mundial podríamos hablar de las antiguas civilizaciones e imperios (asirio, babilónico, medopersa, griego, romano, hindú y chino, por nombrar algunos) que, con la desintegración del imperio romano, llegan a su fin estos diseños civilizatorios. Luego este orden mundial es transformado por monarquías universales de diversos pueblos europeos que son direccionados por la religión católica como eje axial. Así se mantiene hasta el tratado de Westfalia (1648). Más adelante cobra importancia el Concierto Europeo (1815) debido a la derrota de Bonaparte y la intención de evitar guerras entre los países europeos. Esto se mantuvo hasta el orden proveniente de las crisis y de las dos guerras mundiales (1914-1918; 1939-1944). De allí surge el orden mundial bipolar entre Estados Unidos y Rusia soviética hasta la caída del muro de Berlín. Y de esta manera entramos en el orden mundial de la unipolaridad estadounidense, que se rompe con la guerra en Irak, y desde esa época se empieza a ser más notorio el nuevo orden mundial tripolar dirigido por Estados Unidos, Rusia y China. Por consiguiente, ninguna persona como ningún país podrá ejercer dominio sin estar influenciado por el(los) país(es) más poderoso(s) de su tiempo. La manera de dominar de ese país dirigente le formará su mentalidad.

 

4

Por tanto, Jesús de Nazaret tenía claro que estamos en cada época bajo un choque de dominios. En Marcos 10.42-45, Jesús diserta diciendo así: “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Es un choque del dominio de la opresión y el dominio del servir. Allí se determinan las mentalidades del dominio. Jesús de Nazaret está diciendo que el más alto nivel de dominio es el servicio. El filósofo Castoriadis, en su libro Los dominios del hombre, establece que los sistemas humanos de poder proponen su teleología desde la opresión o desde la libertad. Y sólo los libres sirven al hombre. Por su parte el escritor Javier Marías, en su primera tentativa novelesca Los dominios del lobo, demuestra en múltiples historias que el dominio del hombre repercute en cómo decide la vida que aventura. Y que la opresión le persigue constantemente. Por consiguiente, el hombre requiere códigos lúcidos para forjarse mentalidades correctas de dominio. En el libro de Jueces 9.8-12 somos iluminados por cuatro mentalidades de dominio. Allí se afirma una parábola poderosa sobre el poder y el dominio: “Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre vosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo mi sombra, y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano”. Estamos en presencia de tres mentalidades de dominio correctas y una altamente depredadora. Porque dominar se define por la mentalidad.

 

La zarza es un arbusto espinoso. Estos sistemas de gobierno y de poder hieren y dañan a las multitudes.

5

La primera mentalidad de dominio es la mente de olivo, la cual representa el aceite. Aceite que es el contenido base para que una lámpara emita su luz. Sin aceite no hay iluminación, conciencia de ser y de visión. Es decir, es la mentalidad de la lucidez, de los conocimientos, del aprendizaje, de la sabiduría. Y en la parábola se habla de que este aceite honra a Dios y a los hombres. Es decir, la mente de olivo representa la honra de la inteligencia. Tener mente de olivo es desarrollar pasión por aprender y por honrar. La segunda mentalidad de dominio es la mente de higuera, la cual representa dulzura y productividad. Dulzura es capacidad de generar bienestar, vida de calidad. Y todo bienestar se basa en la alta productividad. Porque al ser personas diligentes y productivas rompemos cualquier círculo vicioso de mezquindad y de ruinas. Tener mente de higuera es desarrollar ideas y acciones de abundancia y de crecimiento personal y corporativo.

La tercera mentalidad de dominio es la mente de vid, la cual representa vino nuevo, revelación, nuevas ideas de poder y de avance. El mosto (vino nuevo) es la inventiva de los tiempos actuales. Y no hay vino nuevo sin una búsqueda constante de respuestas a los desafíos de nuestra sociedad. El vino nuevo requiere personas que piensen de forma divergente y disruptiva, y que pongan en práctica proyectos con visión de largo alcance en permanente actualización. La cuarta mentalidad de dominio es la mente de zarza (mentalidad destructora). La zarza es un arbusto espinoso. Estos sistemas de gobierno y de poder hieren y dañan a las multitudes. Generan en los pueblos caos, mendicidades y podredumbres. La zarza busca devorar lo empresarial, el avance educativo y la salud física y mental de los países. Donde las zarzas gobiernan siempre habrá incendios voraces que acabarán con las grandes estructuras para edificar sueños.

 

6

Por tanto, Jesús de Nazaret se refiere al dominio del servir y se sirve siendo aceite, higo y vino nuevo. Las mentalidades del dominio te llevan a gobernar con la autoridad que te da la luz, la productividad del bienestar y las ideas de poder. Y ese es el “código Sanabria”: el código de los que activamos el pensamiento gobernante en nuestras generaciones. Dejamos el fenómeno del Diente roto y de nulidades engreídas y de reputaciones consagradas y vamos hacia nuevas dimensiones de gobernanzas efectivas y eficaces.

Últimas entradas de Salvador Montoya (ver todo)