Letralia, Tierra de Letras Año VIII • Nº 100
22 de septiembre de 2003
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Al borde de la estación
(extractos)

Claudia Hernández

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A Ednodio Quintero

Es verdad
que te estoy esperando

a nadie
le interesan estas sombras

cada momento
voy junto a tu cama
hacia ese apartamento
repleto de caballos

queda abierto el libro
ya no hay historia
sólo niebla caliente
el espejo girando
          y mis labios dentro.


De este nácar
no saldrán perlas

como animal marino
que soy
comulgo en el agua

son muchos los ríos que desembocan aquí
y quizás me pierda

yo
probablemente llueva

te tocara mi agua
el recuerdo a mordiscos

eso
si no te cumbres.


Si yo te hablaba del pez
era sólo una forma
que apenas podríamos detener
un brillo que se desliza
por toda memoria
y no otro

algo pequeño que se nombrara
con dos o tres palabras

la aleta rompiendo el agua

ese ojo único
sin parpadeo

quise decir
                  sólo eso.


El Sur también era mío
bajaba tranquilamente
y escuchaba las voces
mezclándose en una canción

era lindo y tristísimo
completamente ajeno
de lo que yo venía

el Sur
me repito dentro de la tarde

cada hoja tiembla ante la débil brisa

voltear no significa nada
          en estos momentos
querida hermana

paso la mano
por la baranda medio oxidada
y me da grima
mientras el frío crece junto con la noche

es imposible leer ene este estado
tal vez
caminar un poco
seguir bajando hasta la Patagonia
donde todo es soledad
el fin de mundo
             sí

olvidar un poco
y alivianarse

si sigo caminando
¿daré la vuelta al mundo?

y después qué

tendría que bajar de nuevo
pasar por un país
    y luego otro

soñar con Buenos Aires
podría ser un círculo
que recorrería hasta el cansancio

un poco de miedo
sudan las manos
por momentos
cierro los ojos
logro verme en el balcón
sin cantos ni nada
solo la brisa
que bate el vestido mansamente
y vuelvo al Sur
       al Sur
           al Sur.


Tendremos que esperar que esta sombra de noviembre se diluya
el aire se hace espeso en el paisaje blanco del Caribe
a qué otro rumbo partir
el agua simple de la noche tocando la levedad de la mano
y está todo ahí, surcando la niebla transparente de la luz
el azul casi perenne al que estamos divinamente condenados

si hay una brisa que me empuja
es esta que viene del océano
me hace girar como niña y recoger caracoles que nunca más veré

todo está allí, quieto en lo blanco
lo que recuerde será intervenido por un carro de heladeros
que atraviesa la calle con un tango
por un camino sinuoso lleno de árboles y nieblas por donde se llega al mar

qué más iremos a encontrar
ese callejón donde nos fuimos perdiendo
agua salada repicando en los talones

mas ya no hay sino este paso
un minuto apenas donde encontramos decirnos


Todo calla afuera raramente
el calor del domingo
revuelve los objetos y nos adormece

las vueltas que doy en mi dormitorio
¿a dónde me llevan?

la cama como centro del diminuto mundo
donde se escribe este poema

¿cómo nombrar esta distancia
sin que aparezca este gesto?

hemos de detenernos aquí
cercanos al mediodía

quisiera encontrarte en otra parte
en Ciudad de México por ejemplo
con todos sus millones de habitantes

abrirme paso entre unos y otros
y llegar a una fuente

el ruido nos hará invisibles
en esa ciudad...

seremos humo también
un remolino pequeño
que levanta la ventisca

deberíamos volver a los puentes

a las ciudades atravesadas por el agua

hay un momento donde ya no hay giro
el vértigo de la espiral
que nos asoma

había querido acortar las distancias

y eran papeles
palabras empapadas de tinta azul
y brisa.


       

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