A Ednodio Quintero
Es verdad
que te estoy esperando
a nadie
le interesan estas sombras
cada momento
voy junto a tu cama
hacia ese apartamento
repleto de caballos
queda abierto el libro
ya no hay historia
sólo niebla caliente
el espejo girando
y mis labios dentro.
De este nácar
no saldrán perlas
como animal marino
que soy
comulgo en el agua
son muchos los ríos que desembocan aquí
y quizás me pierda
yo
probablemente llueva
te tocara mi agua
el recuerdo a mordiscos
eso
si no te cumbres.
Si yo te hablaba del pez
era sólo una forma
que apenas podríamos detener
un brillo que se desliza
por toda memoria
y no otro
algo pequeño que se nombrara
con dos o tres palabras
la aleta rompiendo el agua
ese ojo único
sin parpadeo
quise decir
sólo eso.
El Sur también era mío
bajaba tranquilamente
y escuchaba las voces
mezclándose en una canción
era lindo y tristísimo
completamente ajeno
de lo que yo venía
el Sur
me repito dentro de la tarde
cada hoja tiembla ante la débil brisa
voltear no significa nada
en estos momentos
querida hermana
paso la mano
por la baranda medio oxidada
y me da grima
mientras el frío crece junto con la noche
es imposible leer ene este estado
tal vez
caminar un poco
seguir bajando hasta la Patagonia
donde todo es soledad
el fin de mundo
sí
olvidar un poco
y alivianarse
si sigo caminando
¿daré la vuelta al mundo?
y después qué
tendría que bajar de nuevo
pasar por un país
y luego otro
soñar con Buenos Aires
podría ser un círculo
que recorrería hasta el cansancio
un poco de miedo
sudan las manos
por momentos
cierro los ojos
logro verme en el balcón
sin cantos ni nada
solo la brisa
que bate el vestido mansamente
y vuelvo al Sur
al Sur
al Sur.
Tendremos que esperar que esta sombra de noviembre se diluya
el aire se hace espeso en el paisaje blanco del Caribe
a qué otro rumbo partir
el agua simple de la noche tocando la levedad de la mano
y está todo ahí, surcando la niebla transparente de la luz
el azul casi perenne al que estamos divinamente condenados
si hay una brisa que me empuja
es esta que viene del océano
me hace girar como niña y recoger caracoles que nunca más veré
todo está allí, quieto en lo blanco
lo que recuerde será intervenido por un carro de heladeros
que atraviesa la calle con un tango
por un camino sinuoso lleno de árboles y nieblas por donde se llega al mar
qué más iremos a encontrar
ese callejón donde nos fuimos perdiendo
agua salada repicando en los talones
mas ya no hay sino este paso
un minuto apenas donde encontramos decirnos
Todo calla afuera raramente
el calor del domingo
revuelve los objetos y nos adormece
las vueltas que doy en mi dormitorio
¿a dónde me llevan?
la cama como centro del diminuto mundo
donde se escribe este poema
¿cómo nombrar esta distancia
sin que aparezca este gesto?
hemos de detenernos aquí
cercanos al mediodía
quisiera encontrarte en otra parte
en Ciudad de México por ejemplo
con todos sus millones de habitantes
abrirme paso entre unos y otros
y llegar a una fuente
el ruido nos hará invisibles
en esa ciudad...
seremos humo también
un remolino pequeño
que levanta la ventisca
deberíamos volver a los puentes
a las ciudades atravesadas por el agua
hay un momento donde ya no hay giro
el vértigo de la espiral
que nos asoma
había querido acortar las distancias
y eran papeles
palabras empapadas de tinta azul
y brisa.