Letralia, Tierra de Letras Año VIII • Nº 100
22 de septiembre de 2003
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Textos
Dubraska González Gámez

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Amarga
Amarga

llegando inevitablemente tarde a todo
a la vida
al despertar
a sembrar las margaritas que se deshojan solas

Amarga
mil veces
repetidamente
amarga
caduca
extranjera

atando a esta amanecida
perenne
torcida
mis manos llenas de siluetas
escarchadas
y
vacías

Amarga
mil veces
cansadamente
amarga
caduca
molesta

robando unos ojos
para incrustarlos en mi mirada
ciega
pasmada de una agonía
condenada
y
ancestral

Amarga
mil veces
fatigadamente
amarga
caduca
hastiada

durmiendo este llanto
en la indecible sustancia
de tu voz
arenosa
remedada
y
sustraída

Amarga
mil veces
asqueadamente
amarga
caduca
aborrecida

muriendo rápidamente este dolor
en el corazón letrado
de un tormento
idílico
verdugo
y
divino

Amarga
mil veces
difunta
amarga
caduca
liquidada

Amarga


Conjugándonos
Yo
la insigne
la nefasta
la violenta
la perdida
la
más puta
como siempre
la vendida


el extraño
el recordado
el emigrado
el
más dulce
como siempre
el vendido

Él
el aliado
el amante
el albacea del deseo
el
más dispuesto
como siempre
el complacido

Ella
la asesina
la sanguinaria
la Bernarda
la terrible
la
más tierna
como siempre
la pagada

Nosotros
los desterrados
los sin nombre
los enamorados
los
más crueles
como siempre
los hechizados

Ellos
los insomnes
los náufragos
los dolientes
los
más fuertes
como siempre
los deudores


Existo
Existo, porque trato inútilmente
de
corregirte
las palabras
para poder armar
las mías
en
mis
desvelos

Existo, porque tu ruina
me
duele
inmensamente
desnuda las grietas
y
me comprime el alma

Existo, porque no sirvo
para las despedidas
por eso
nunca terminaré
de
escribir
mi renuncia


Renuncia
última letra
final
aparte
tardío

no
quiero
verme
coser
mis
venas
con
los
hilos
de
tu
martirio

no
quiero
verme
reventar
tu
alma
con
poemas
de
despidos

última letra
final
aparte
tardío

quiero
seguirme
en
las
huellas
que
dejaron
las
rosas
crecidas
de
mi
vientre

quiero
seguirme
en
esta
renuncia
a
tiempo
en
las
voces
de
todos
mis
silencios


Morir
Morir
entre nubes
fuego brutal que abraza
la perra maldita

te espera

perra callejera
preñada de demonios
hechicera

Morir
entre besos dulces
fuego materno de estrellas
la perra pagada

te venera

perra vagabunda
violada por espíritus
traicionera

Morir
entre lágrimas amargas
fuego de tumores rojizos y mortales
la muerte inclemente

te llega

perra errante
parida por azar
embrujada

Morir
entre cenizas
deshecho
dormido
fuego virgen de dolores
la muerte violenta
y
grosera


Tus manos

borrador
de recuerdos
hoja suelta

mano zurda
negada
infantilmente
a
escribirme


diluyente
de memorias
papel en blanco

mano derecha
derramando tinta
a raudales
buscando
torpemente
un lienzo
para
dibujarme


Empuña los claveles

Empuña los claveles de la despedida hasta que florezcan las semillas de la esperanza, y junto a otro pueda construir jardines floridos y distantes.

Rompe este cielo, hazlo llorar toda la lluvia de este mundo, para que así mi llanto huela a tierra húmeda y reverdecida.

Arranca todos los escombros de cruces del templo remoto, que cansado de esperar el perdón enterró sus ansias y lisonjas.

Golpea fuerte este sentimiento tardío de clemencia, para que sientas con esos puños la solidez de la hembra que ya no te extraña.

Violenta la tierra que sembramos juntos, para poder asegurar en mi memoria el desierto hostil e infértil de tus huellas.

Extirpa toda remembranza del encuentro, del recuerdo nublado de quererte y flagelarnos, para que podamos nombrarnos en otra alma y en otro lienzo.

Sujeta fuertemente los puñales que clavaste en mis entrañas, porque en un arranque de ira pueden hacer retoñar violetas y margaritas, deshojando el dolor enterrado desde el último día.

Destroza definitivamente mis deseos fugaces de inmortalizarte, para que puedas dormir tranquilo en la casa ajena, en la elegida.

Sacude el estupor producido por el olor de otro cuerpo, por la dolencia del extraño sentimiento y rememora lo que fue tuyo, las rosas espinosas que se clavaron un día en el vientre.

Destierra la lástima de no poder ver el pasado sin estremecerte, antes que se conviertan en cadenas pobladas de extrañezas y rencores.

Triunfa definitivamente en la lucha imposible de inhumar la ausencia y el destierro.


       

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