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El público pudo visitar la exposición el pasado fin de semana.
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Este 10 de octubre concluyó la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, evento en el que
participaron 6.700 expositores y que fuera inaugurado por el canciller federal de Alemania, Gerhard
Schröeder, y el secretario general de la Liga Árabe, Amre Mousa, el lunes 5.
La feria cerró con un balance en principio positivo y con una cifra récord de 250.000 visitantes,
aunque con muchas dudas sobre el futuro de la muestra, principalmente por la falta de continuidad en la
dirección —el contrato del actual director, Volker Neumann, no ha sido renovado—, y en segundo lugar
por la posibilidad de que los propietarios de la feria, la Asociación de Libreros Alemanes, vendan la
muestra, lo que le quitaría al encuentro su característica fundamental, ser organizada por los propios
editores y libreros.
En el marco de la feria se realizaron más de 2.500 actividades y participaron cerca de mil escritores de
todo el mundo. Este año el evento estuvo dedicado a la cultura árabe, que estuvo representada en unos
doscientos autores, muchos de ellos exiliados, procedentes de 17 de los 22 países árabes.
La presencia histórica de la cultura ibérica en el mundo árabe fue recalcada en el discurso de Mousa,
quien memoró la España de Alfonso el Sabio y del Siglo VII, cuando floreció en Andalucía "un
ejemplo de tolerancia que ahora debe ser retomado por el mundo". Se trata de la coexistencia, durante
siglos, que en Andalucía tuvieron las tres grandes culturas y religiones monoteístas de la humanidad, el
judaísmo, el islamismo y el cristianismo.
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Mahfuz envió su discurso.
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El discurso inaugural corrió a cargo del egipcio Naguib Mahfuz, Premio Nobel de Literatura y autor de
El
Callejón de los Milagros,
quien envió su discurso para que su colega y compatriota, el escritor Mohamed Al Salmavi, le diera lectura,
ya que su avanzada edad —nació en 1911— no le permitiría hacerlo personalmente.
Los organizadores de la feria informaron que este año acudieron 250.000 visitantes especializados para
establecer contratos y realizar negocios entre editoriales. Más de 350.000 títulos fueron expuestos en los
178.000 m2 del recinto ferial.
El tema central de esta feria —que se desarrolló bajo el lema "Occidente encuentra el
Oriente"— desencadenó en Alemania una amplia discusión intelectual sobre las relaciones entre
Occidente y un Oriente más o menos exótico y sobre la posibilidad de superar los estereotipos al uso o las
diferencias entre los árabes y el islamismo.
La asistencia de los países árabes tuvo sus inconvenientes. Cinco países rehusaron desde un principio
asistir. Fue el caso de Irak, envuelta en un conflicto armado por la definición de su autonomía. Marruecos
y Argelia estuvieron presentes, pero no bajo el pabellón conjunto de la Liga Árabe, que consideran
controlada por Egipto. Kuwait y Libia no acudieron y alegaron —pese a sus ingresos petroleros— motivos
económicos para su ausencia.
A pesar de que el tema central de la feria fue el de la literatura árabe, la presencia iberoamericana se
destacó con todas las grandes casas editoras españolas, así como por la participación de editoriales
latinoamericanas de Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, México, Nicaragua.
El Grupo Santillana ofreció el miércoles 6 una fastuosa recepción en el exclusivo Hotel Maritim,
aledaño a las instalaciones de la feria, para los editores, agentes literarios, escritores y traductores
europeos y extraeuropeos, vinculados a Iberoamérica.
Durante el evento, el director del Instituto Ramon Llull (IRL), Xavier Folch, anunció que en la edición
correspondiente al año 2006, o en la de 2007, la cultura invitada será la catalana. La decisión entre una
fecha u otra se tomará el próximo noviembre cuando se firme el acuerdo formal entre la feria de
Fráncfort, el Gremio de Editores de Cataluña y el IRL, y teniendo en cuenta los compromisos adquiridos por
el certamen alemán con anterioridad.
Cataluña trabajaba desde hace varios años para ser protagonista de la feria, y ya en la edición de
2003 lo solicitó formalmente. "Para nosotros es una enorme satisfacción que tiene su origen en la
estrecha relación de los editores catalanes con la Feria de Fráncfort", indicó Folch en una
conferencia de prensa el pasado 7 de octubre.
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Esterházy se burló de la seriedad.
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Uno de los puntos culminantes de la feria fue la entrega, el domingo 10, del Premio de la Paz de los
Editores y Libreros Alemanes, que este año recayó en el escritor húngaro Peter Esterházy, y en cuya
ceremonia participó el presidente de Alemania, invitados árabes y buena parte de la clase política
alemana.
Perteneciente a la más rancia aristocracia de su país, que fue desposeída de todos sus bienes por el
régimen comunista (y tras la caída de éste ha recuperado algunos), Esterházy se formó como matemático,
trabajó para la industria siderúrgica húngara y desde 1978 se gana la vida como escritor. Entre sus
libros más conocidos se encuentran Pequeña pornografía húngara,
un crítico retrato de la vida cotidiana bajo el totalitarismo, y Armonía celestial,
un volumen de más de 800 páginas en el que reconstruye la historia de su familia.
En su discurso, el escritor sostuvo la idea de "la literatura no está diseñada para conseguir la
paz", y de que por el contrario tiene más conexiones con la libertad, cuyo mantenimiento "a veces
implica paz y a veces implica guerra". La libertad es más importante que la paz, y por otra parte la
literatura no está hecha sólo de buenas intenciones, "eso es lo que la diferencia de la Cruz
Roja".
En una parte final de su discurso, intercalado con citas, reflexiones hilarantes e incursiones en la
crítica del lenguaje, Esterházy declaró que la seriedad no es el sitio donde se siente en casa y que por
eso le sigue rindiendo honor a la "falta de solemnidad". Hizo una comparación entre la manera de
cómo los alemanes se han enfrentado a su pasado y cómo lo han hecho otros pueblos europeos. Los alemanes
"han dado nombres a sus propios crímenes pero no han dado nombres a sus penas" y cuando intentan
hacerlo causan una "desconfianza histérica", dijo. En el resto de Europa, en cambio, se ha
convertido en una costumbre "esconder los propios crímenes bajo los crímenes de los alemanes",
añadió Esterházy, quien pidió a los europeos el mismo esmero a la hora de trabajar en su pasado que los
alemanes.