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Jelinek no recogerá el Nobel personalmente.
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Este jueves 7 de octubre se develó el misterio del Premio Nobel de Literatura 2004, que recayó sobre la
escritora austríaca Elfriede Jelinek, pero que —como todos los años— puso a sonar diversos nombres
como posibles ganadores del mayor galardón literario en el planeta. Igualmente, el viernes 8 se anunció
que la ganadora del Nobel de la Paz era la ecologista keniata Waangari Mathai, primera africana en obtener
el galardón.
La Academia Sueca premió a Jelinek "por el flujo musical de voces y contra-voces de sus novelas y
obras teatrales, en las que muestra con un extraordinario celo lingüístico el absurdo de los clichés
sociales y su poder subyugador". La escritora debería recibir el premio, dotado con 1,1 millones de
euros, el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel, pero no podrá asistir por
motivos de salud.
"En este momento no estoy mentalmente en forma, sufro de fobia social", explicó Jelinek a la
radio pública sueca. "Me temo que esto se transforme en una carga por el grado de exposición al que
me somete". La autora recalcó que no concibe este premio como "una pluma en la gorra" de su
país, lo que era de esperar si se piensa que se retiró de la vida pública en 1996, luego de que
políticos de ultraderecha del partido FPOe de Joerg Haider denunciaran que su obra era un arte bajo e
inmoral.
Mientras el presidente austríaco, Heinz Fischer, afirmaba desde Roma que se congratulaba de corazón con
la noticia y que el premio servía de tributo a la literatura austríaca, Jelinek decía otra cosa: "No
deseo que el premio tenga algún significado para el país. Me distancio totalmente del actual gobierno. Y
no estoy segura de que todos aquellos que dicen alegrarse conmigo se alegren de verdad".
El anuncio de la Academia Sueca no dejó de levantar algunas polémicas. El filólogo Miguel Saenz,
traductor de las obras del escritor alemán Günter Grass, dijo a la prensa que Jelinek "ha sido
galardonada por feminista" y que "el Premio Nobel le viene sumamente grande". Aunque admitió
que la galardonada es autora "de una obra interesante" y que "escribe muy bien debido a su
excelente oído musical", juzgó que esto era insuficiente cuando "hay muchos autores por ahí que
se lo merecían más".
Por su parte, el escritor mexicano Sergio González calificó de "insólito" el premio otorgado
este año, y consideró que generalmente se adjudica el Nobel a "autores de trayectoria" y en este
caso "estamos viendo el reconocimiento a autores más recientes".
Escritora combativa que ha dirigido sus lanzas contra el país en que nació, Austria, Jelinek es la
décima mujer en obtener el premio. Nacida el 20 de octubre de 1946 en la localidad austríaca de
Mürzzuschlag, de padre judío-checo y madre de la clase acomodada vienesa, debutó en el ámbito de la
lírica en 1967, con la colección de poemas Lisas Schatten (Las sombras de Lisa).
Pronto se distanció de la burguesía austríaca para desarrollar entre el movimiento estudiantil una
corriente que le era más propicia: la sátira y la denuncia social. De Austria pasó a vivir entre Berlín
y Roma, primero, y Munich, después, donde se casó y escribió su Die Klavierspielerin (La pianista,
1983), una novela de contenido claramente autobiográfico e inspiradora de la película del mismo título de
Michael Haneke.
Con Lust (Deseo,
1989), se enfocó en la denuncia de la violencia sexual contra la mujer como exponente de la brutalidad
escondida en la sociedad. Más tarde volverá en Ein Unterhaltungsroman (Una novela de entretenimiento,
2000) a tratar el tema del abuso de poder por el hombre.
La escritora austríaca dio claramente la espalda a su país en 1995, con Die Kinder der Toten (Los
hijos de los muertos),
en que dibuja a Austria como un reino de los muertos. Con ello, Jelinek se unió a la línea de sus
compatriotas que, como Elias Canetti y Thomas Bernhard, han repudiado su país, al que reprocha seguir
anclado en su pasado nazi.
Exponente de esas rémoras de las que Austria no se ha sabido liberar son, a juicio de Jelinek, no sólo
el líder ultranacionalista Joerg Haider y sus seguidores, sino también la que califica de "ridiculez
pequeño-burguesa" de la sociedad del país centroeuropeo. Su actitud parecía condenarla al ostracismo
en Austria, hasta que la vecina Alemania se erigió en "descubridora" de su talento.
Jelinek llegó a decretar "prohibición de representar" sus obras en escenarios austríacos,
postura que luego revocó y de la que se resarció, en 1989, con Ein Sportstück,
recibido con aires de acontecimiento de la temporada en su estreno vienés.
Junto a la poesía, la novela y el teatro, Jelinek ha entrado asimismo en el terreno cinematográfico y
radiofónico, así como la traducción al alemán de autores como Thomas Pynchon, uno de los escritores
masculinos incluidos en la "quiniela" de los Nobel.
Las anteriores nueve ganadoras del Nobel de Literatura han sido la sueca Selma Lagrloef (1909), la
italiana Grazia Deledda (1926), la noruega Sigrid Undset (1928), la estadounidense Pearl S. Buck (1938), la
chilena Gabriela Mistral (1945), la alemana Nelly Sachs (1966), la sudafricana Nadine Gordimer (1991), la
estadounidense Toni Morrison (1993) y la polaca Wislawa Szymborska (1996).
Otros reconocimientos recibidos por Jelinek han sido la Beca de Literatura del Estado de Austria (1973),
la Medalla Conmemorativa Roswitha de la ciudad de Bad Gandersheim (1978), el Premio al Mejor Guión del
Ministerio Federal del Interior de la República Federal de Alemania (1979), el Heinrich Böll de la ciudad
de Colonia (1986), el Peter Weiss de la ciudad de Bochum (1994), el Premio de Literatura Walter Hasenclever
de la ciudad de Aquisgrán (1994), el Premio de Literatura Bremen (1996), el Georg Büchner (1998), el
Premio de Teatro Berlín (2002), el Heinrich Heine de la capital regional Düsseldorf (2002), el Mülheim al
mejor Dramaturgo por Macht nichts (No pasa nada,
2002), el Else Lasker Schüler por la obra completa dramática (2003) y el Lessing de Crítica (2004).
Antiguos "candidatos" como el peruano Mario Vargas Llosa y nombres nuevos como la argelina
Assia Djebar y el estadounidense John Updike estuvieron en la lista que tradicionalmente se maneja en los
medios, respecto a los posibles destinatarios del premio de este año.
La expectativa sobre el otorgamiento del Nobel a una escritora hizo virar las miradas hacia Djebar, cuya
obra presenta una visión heterodoxa del Islam. Del mundo islámico había otro posible aspirante, el poeta
sirio Adonis, considerado como el lírico actual más importante del mundo árabe, con una obra que está en
permanente diálogo con la modernidad europea.
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El arte de Dylan.
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Tampoco faltó la nominación a Bob Dylan —cuyo verdadero nombre es Robert Zimmerman—, que reavivó
el debate sobre si un compositor de canciones podría ascender a tan alto honor literario. Christopher
Ricks, codirector del Instituto Editorial en la Universidad de Boston y uno de los críticos más
entusiastas alrededor de la figura de Dylan, admitió que aunque "nadie use las palabras mejor que
él", su arte pertenece a "un medio mixto", por lo que "la cuestión no es si merece el
Nóbel como reconocimiento a su arte. La cuestión es si su arte puede ser considerado literatura".
En cuanto al Premio Nobel de la Paz 2004, concedido a la ecologista Waangari Mathai, se trata de la
primera vez que este galardón sea recibido por una mujer africana. El comité noruego del Nobel reconoció
el compromiso de Mathai en la lucha por la preservación del ambiente y en la defensa de los derechos
humanos.
Waangari Mathai ha dedicado buena parte de su vida a defender el desarrollo sostenible, los derechos de
la mujer y la democracia. Su mayor contribución ha sido el Movimiento Cinturón Verde de Kenia, un proyecto
que impulsó en 1977 y que combina la promoción de la biodiversidad con la del empleo a mujeres, y gracias
al que se han plantado 30 millones de árboles en su país y se ha dado trabajo a más de 50.000 mujeres
pobres en diferentes viveros.
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Mathai: su esposo la dejó porque era demasiado educada.
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Desde 1986, este movimiento originó una gran red panafricana que ha llevado proyectos similares a
países como Tanzania o Etiopía. "Si uno desea salvar el entorno, primero hay que proteger al pueblo.
Si somos incapaces de preservar la especie humana, ¿qué objeto tiene salvaguardar las especies
vegetales?", declaró en una entrevista hace unos años, resumiendo su filosofía, que ha expuesto más
de una vez en la tribuna de la sede central de la ONU.
La primera mujer africana en ganar el Nobel de la Paz nació en Nyeri (Kenia) en 1940, tiene tres hijos y
en la actualidad es diputada y ministra adjunta para Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Silvestre en
el gobierno de Mwai Kibaki.
Fue una pionera desde su época universitaria: se licenció en Biología en Atchison (Kansas) y luego
amplió sus estudios en Pittsburgh, en Alemania y en la Universidad de Nairobi, donde se convirtió en 1971
en la primera mujer en obtener un doctorado en toda África Central y Oriental.
También en el ámbito privado, la galardonada rompió clichés en una sociedad que relega a la mujer. Su
marido, un antiguo parlamentario, se divorció de ella en 1980 con el argumento de que "era demasiado
educada, con demasiado carácter y demasiado éxito para poder controlarla", según recoge la Enciclopedia
de biografías
de Gale.
En su época como directora del Departamento de Anatomía Veterinaria en Nairobi, en 1976-1977, Waangari
empezó su actividad en el Consejo Nacional de Mujeres de Kenia, una organización que llegó a presidir
entre 1981 y 1987. Enemiga de la deforestación y defensora de suprimir la deuda externa del Tercer Mundo,
destacó también como decidida opositora al régimen dictatorial de Daniel Arap Moi en Kenia, y durante los
noventa fue detenida y encarcelada varias veces. La organización Amnistía Internacional siempre
intercedió por ella.
En 1997 fue candidata a la presidencia de Kenia, pero su partido retiró su candidatura días antes de
las elecciones. Al año siguiente, su oposición a un proyecto gubernamental de construcción en la selva
desencadenó una revuelta popular que fue duramente reprimida por el gobierno y originó la repulsa
internacional.
Su compromiso se ha visto recompensado con un sinfín de galardones, como el de Mujeres del Mundo de
Women Aid (1989), el de la Fundación Ecologista Goldman (1991), el Premio África de Naciones Unidas (1991)
o el Petra Kelly (2004).