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Jorge Gómez Jiménez |
Un siglo de tango
Hace pocos días se celebró mundialmente el Día Internacional del Tango, ese día se cumplieron 109 años del nacimiento de Carlos Gardel, máximo exponente del famoso género musical. A pesar del tiempo transcurrido el lugar de nacimiento del zorzal criollo, nombre con que también se le conoce, es motivo todavía de controversia, según algunos, Gardel nació en Tacuarembó, Uruguay, mientras otros aseguran fue Toulouse en Francia el lugar que lo vio nacer. Al menos ambas partes reconocen el día 11 de diciembre de 1890 como su verdadera fecha de nacimiento. Todavía hoy, a finales del milenio, un buen número de uruguayos y argentinos continúan enfrascados en una permanente discusión sobre la paternidad del tango. Por lo difícil de engarzar sus orígenes con certeza y de unir todas las piezas históricas que le precedieron, el tango se ha convertido en una cuestión de permanente rivalidad. La palabra "tango" apareció mucho antes de la que sería una conocida danza, según Esteban Pichardo en su Diccionario de voces cubanas (Matanzas, Imprenta de la Real Marina, 1836, p. 242), decía, Tango: reunión de negros bozales para bailar al son de los tambores; según Gobello, era una palabra que circulaba entre los paises esclavistas y se refería al lugar, tanto en África como en América, donde se concentraba a los esclavos. En Buenos Aires, a comienzos de los años 1800, se le llamó tango a las casas donde los negros realizaban sus bailes.
Junto a las compañías de zarzuelas que visitaban los puertos del Plata llegan los marinos de las escuadras españolas, que traen el género musical cubano de moda en aquel entonces, la habanera. Para 1865 los teatros porteños la han hecho popular incorporándola a sus cuadros artísticos y musicales con el nombre de tango americano. El aporte de la habanera hispano-cubana al tango es de igual importancia que el aporte africano, junto a la milonga y el candombe de igual ascendencia Oche Califa. El tango, un lazo sensible y sentimental, al igual que el bolero y otros géneros musicales, nació en las esferas de prostíbulos o ambientes marginales de la época. Los primeros tangos propiamente dichos datan de comienzos de 1880, sus letras son obscenas y sus títulos no dejan lugar a dudas, el primer tango conocido fue Dame la lata: la lata era un objeto metálico que la "madama" de un lupanar entregaba a "las chicas" por cada cliente; para cobrar su parte del "macró", les decía dame la lata. Otros títulos como Dos sin sacarla, Con qué tropieza que no dentra, Siete pulgadas e incluso El choclo, que aunque realmente significa mazorca de maíz, en el sentido figurado y vulgar equivale al castellano "chocho" o "coño" que revelan la procedencia de estos primeros tangos. Ya a comienzos del siglo XX aparecen los grandes creadores del tango como el uruguayo Enrique Saborido, Rosendo Mendizábal, Ángel Villoldo, Manuel Campoamor y Eduardo Arolas, entre otros, quienes crearon con sus composiciones las bases del género musical; es cuando se escuchan El entrerriano, La morocha y El porteñito; esta fue la época de la primera revolución del tango y el surgir de la "Vieja Guardia" rioplatense. En 1907 se produce la internacionalización del tango cuando es llevado a París por los uruguayos Alfredo Gobbi y Enrique Saborido. En Francia el género produce una verdadera locura y desde allí se expande a toda Europa y Norteamérica. Hacia 1916 un tango de Samuel Castriota titulado Lita, unido a la letra del compositor Pascual Contrusi, hacen nacer a Mi noche triste, un tango-canción que en 1917 es popularizado por un humilde cantor rioplatense llamado Carlos Gardel, el más conocido intérprete de tango de todos los tiempos y convertido en leyenda después de su muerte en un trágico accidente aéreo en Colombia en 1935. Desde el primer tango y pasando por la revolución de la Vieja Guardia, el tango-canción; el tango orquestral de Julio de Caro que incorpora a la música rioplatense los recursos de la técnica musical; las famosas letras de Celedonio Esteban Flores que encarnan a la misma evolución de la sociedad y añaden con éxito la jerga vulgar al género, el lunfardo, y lo hacen popular; Enrique Santos Discípolo, Catulo Castillo, Eduardo Rivero, Alberto Castillo, Piazzola, Pugliese, el uruguayo Canaro, Roberto Goyeneche y muchos otros que nos hacen imposible concentrar en tan pocas lineas, sus triunfos como El día que me quieras, Madame Ivonne, Garúa, Por una cabeza, Mano a mano y Caminito, del argentino Juan de Dios Filiberto, todos, junto a las historias del hoy reconstruido Viejo Almacén en el barrio de San Telmo, Buenos Aires, así como el Café La Giralda, en Montevideo, Uruguay, donde se estrenó La cumparcita, el llamado "himno de los tangos", no son sólo recuerdos de un siglo que ya termina, un siglo de tango; son reminiscencias de un género que vivirá y perdurará para siempre como patrimonio de América.
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