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Al regreso de un largo camino
Patricia Suárez
Pero el viejo
no se mueve en la sombra, está insomne de noche
y querría tener sueño y olvidarse de todo
como antes, al regreso de un largo camino.
Cesare Pavese.
I
Hubo un tiempo
en que yo me perdía en las ciudades.
Un suponer,
encallaba en una esquina que no era
y era como una ballena
que de pronto decía:
¿Qué pasó?
Se me ha acabado el mar.
Usaba una
guía-te
pero no guiaba
y solía subir perdida a un taxi
y el taxi me mareaba
yo tenía la piel blanca
muy blanca
subía y bajaba de los autos
a veces todavía en movimiento
subía bajaba
a veces terminaba por no saber
en qué zapatos
estaba parada
Dudaba
dudaba todo el tiempo
¿estaba en Arenales o en Juncal
la dirección que yo buscaba?
Todo el tiempo me lo pasaba
dudando
¿es que existe la calle Moguillanes?
Había un árbol gigante en una plaza
Cerca del árbol y la plaza
un hombre vendía salchichas
las untaba con una mostaza verde
y las salchichas un poco se resistían
a veces me preguntaba si,
a veces me parecía que sentían.
II
Ciertas tardes
seguidas
estuve triste.
Los reproches
sonaban como campanas
dentro mío
el tiempo
es cojitranco
y anda en círculos
Una vieja salió a abrirles:
eran tres reproches
más o menos pequeñitos
ella dijo:
¿Qué hacen, niños míos?
Se reían los tres:
uno era albino, otro era sordo,
el último estaba tullido.
¿Qué hacen?
El pasado,
decía la matrona,
se ha ido,
y también el presente se está yendo:
todo el tiempo es ido.
Hay una planta en un lugar,
es de color amarillo.
Ahí no crece
el tiempo ni la cebolla
—y todos sabemos,
en qué se parecen el tiempo
y las cebollas—
Pero ellos igual
—eran compañeros
como son compañeros
los flecos
de una misma manta—
y pasaron sus dientes sobre limas de hierro
zap ziss zap ziss
y mordieron a la vieja
los reproches
y la manta quedó rasgada.
III
Soñé con agua
íbamos en
tu bote
el agua pasaba
y nosotros...
yo estaba recostada
en tu hombro
el agua era tan transparente
íbamos río abajo
y yo pensaba,
pensaba
entonces
¿cuándo?
¿cuándo y adónde se acaba el agua?
IV
En la película
que he visto
ella era roja como la sangre
negra como el ébano
blanca como la nieve
era hermosa pero tenía colmillos
y a todos los mataba
ella huía de las estacas y los ajos y las cruces
ella era un alma que se llevaba el diablo
apagué el televisor
me corría un sudor frío
por la espalda
me levanté en camisón
y fui a la cocina
en la heladera
un huevo huérfano
hervido en imperios anteriores
un tomate cejijunto
un apio solo
como solo está un muerto en la tumba
el limón centenario
llorando su vejez
en la alacena un pan verdoso
me miraba indefenso
el reloj se sacudía el tiempo
de encima
no,
no,
ya no podría
llamar a la pizzería de la esquina
el pizzero me odia
no entiende no entiende
que no me gusten
las aceitunas
ni su cara
ni ese aspecto seborreico
a las cuatro de la madrugada
café retinto
hecho en la mañana
lidiaba con la borra
encima de la hornalla
si me hubiera inclinado
habría podido leer
mi destino
mi destino
clama
yo acomodo mi pie
dentro de la pantufla
vuelvo a la cama
un lobo aúlla
en la pantalla
yo siento que temo
y en realidad,
pienso:
ya no le tengo miedo a nada
V
La fachada del hotel
era blanca
las tejas verdes,
a dos aguas.
Yo pasaba por la ruta
granulaba las imágenes
el vidrio empañado
de mi ventana.
La fachada del hotel
era blanca
impecable
y
las tejas eran verdes
cubrían un techo a dos aguas
como zarpas
sobre el hilo de los postes
descansanban los buitres
miraban aburridos la ruta
yo pasaba ante ellos
y ellos estaban
preocupados
dentro de su plumaje descolorido
si yo atrapo un pájaro
que nunca sea un buitre
o al menos,
deseé,
que sea un buitre parado en un álamo.
La fachada del hotel
era blanca
y de pronto punto borroso
las tejas,
verdes
parecieron trampas.
VI
Una marea de nubes
van debajo
ivanivienen
el ala del avión
es un mosquete
a la hora de cortar el aire
el aire se rasga:
es la sábana de Holanda
que rompimos cuando
te fuiste de mi casa
ese azul del cielo
ese azul tan sereno,
tan paciente,
tan insoportable
más vale alejar la mirada.
VII
Recorro esa calle todos los días
varias veces
porque me alegra
en los escalones del templo bautista
duerme un perro gris
y un poco sarnoso
que no levanta la vista
cuando paso
Enfrente está el billar
Como moscones se mueven los hombres
Abrillantan los tacos
—el taco es un codo de mujer áspera
que se ha pasado demasiado tiempo pensativa—
y se gritan por los apodos
anotan en una pizarra
los tantos
y a veces ganan y a veces pierden
pero siempre juegan
y siempre por plata.
Venden Biblias
un poco más allá
yo he comprado una una vez
como amuleto
—había ganado un premio a la lotería
y quería que mi vida cambiara
hacia la buena suerte
—la estela de baba que deja
un gusano
arrastrarme detrás
con
mis pasos lentos
por la estela de la buena fortuna—.
Justo antes de que se terminara
el dinero
fui y compré la Biblia
—diminuta paloma y cuervo,
cabe dentro de mi mano
no puedo leer sus letras pequeñas—
como tributo
y dije:
Dios me dará dinero
no me dejará caer,
Dios me hará
una persona feliz.
Camino
—yo siempre sigo mi camino
y paso la panadería vacía
y paso la casa de lanas
y pateo piedras
y miro el precio de los esmaltes
para uñas
y sigo—
y sigo
mis padres tienen un negocio
a media cuadra
La gata manchada
está a la puerta,
ojos como tenazas.
La mañana está clara
y parece que al anochecer hará neblina.
mi padre frota grasa sobre un cuero seco
y transpira.
Mi madre
dice
y no dice nada.
el café dentro del termo
arde
las galletas son húmedas
Digo para mí misma
Ya estoy de vuelta.
Pero siento que ya me he ido.
No hay retorno
en este largo camino.
La gata
salta
salta sobre el mostrador
y huye hacia el fondo
más allá de la estantería
y de los nidos de ratas clandestinas
adonde el ventiluz
adonde el ventiluz
ella se marcha
y mi madre la llama
y mi padre la llama
y yo permanezco
sola
y en silencio.
VIII
Tres cartas
mandé a Segovia
como tres capullos
y nunca
me respondiste
IX
Todas las veces
que hablé con el demonio
me prometió
aquello que no habría
de cumplirse.
Nos encontrábamos
en una curva
del camino
yo usaba un pañuelo
azul
en la cabeza:
así él sabía que yo
era yo
y no otra
aunque yo
ya
verdaderamente
no sabía
Cuando estaba con él
me cuidaba
de no pronunciar
el nombre de Dios
para no herirlo
y es algo,
sin embargo,
a lo que estoy
bastante
acostumbrada
Y nada cambió
para mí
ni siquiera
con la ayuda
del demonio
Los tomates siguieron
flacos en mi huerta
y los conejos
cobraron cariño
a sus piojos
y tu paso
fue cada vez
más
leve
en
la madrugada
y
un día
ya
no
regresaste
ni pisaste la senda
de piedras blancas
que te traía
a mi casa.
X
Cuando te fuiste
era otoño
y había viento en la mañana
llevabas la polera negra
con el mickey,
ésa que habías comprado
en Tío Salim
como saldo
el polvillo de los plátanos
flotaba
y no me dejaba verte
eras punto entre negro y oro
cuando te marchabas
La mañana de ese otoño
no era clara:
los plátanos se desmenuzaban
XI. Nunca he hecho nada extraordinario
Nunca he hecho nada extraordinario.
Me resultaría imposible
escribir mis memorias,
por ejemplo.
Una vez crié conejos
en un sótano
y también
cuidé y alimenté uno
que era negro y ciego
y un día desapareció
y ya no volví a encontrarlo
hubo quien urdió la idea
de que los conejos eran caníbales
y se habían comido entre ellos
No he hecho nunca nada
nada
extraordinario
que valga la pena de ser contado
excepto
claro está
la vida de aquel conejo.
XII
Durante el sueño profundo
de una siesta
la saliva
cayó de tus labios
y formó
una oquedad
diminuta
en la almohada
Si la miraba de lejos
era una planta de jardín
una estrella federal
castamente defendida
de las orugas;
de cerca
agua,
manantial
Hubo un instante
en que pensé:
Epa, podría detenerme ahí
y lavarme.
XIII
Dos veces crucé la cordillera
para verte
y para olvidarte
era en enero
a cada curva de la montaña
me santiguaba
la retama a mi lado
pasaba muy rápido
vi un pimiento silvestre
y un halcón planeando debajo mío
y las orejas lejanas de unos guanacos
Fui y vine de Chile
para verte;
me gustaría tener sueño
y ya no pensar en tantas cosas:
fui y vine de Chile
para olvidarte.