
Félix Anesio destaca como una figura singular de la literatura cubana que ha sabido combinar su formación en ingeniería con una profunda vocación poética. Nacido en Guantánamo en 1950, ha desarrollado una obra literaria que abarca desde relatos hasta diversos poemarios, ganándose el reconocimiento en varios países y a través de múltiples publicaciones.
Su más reciente libro, Altar de nadie, es una antología que recoge una década de producción poética, entre 2011 y 2021, ofreciendo una ventana a su evolución y a los temas que lo han obsesionado a lo largo de los años. En sus versos, el autor aborda temas de justicia social, dignidad humana y desafíos existenciales, reflejando la incidencia que su devenir como emigrante ha tenido en su obra. La angustia y la reflexión profunda son constantes en su poesía.
Antes de Altar de nadie, Anesio ha publicado el libro de relatos Crónicas aldeanas y su versión en inglés A Tale of Two Villages (2011-2012), y los poemarios La cosecha (2013), El ojo de la gaviota (2016), Los cuervos y la infamia (2018) y País sin moscas y otros poemas (2020). Además aparece en diversas antologías publicadas en Cuba y Estados Unidos y en varias revistas literarias. Ha obtenido dos premios editoriales Carmenluisa Pinto en narrativa y poesía, la Distinción Pluma de Plata y el Florida Book Awards 2018. En esta entrevista nos habla de sus motivaciones, la intersección entre su carrera técnica y su pasión literaria, y cómo la experiencia de la emigración ha moldeado su voz poética.
La profunda poesía de Félix Anesio
Altar de nadie está compuesto por textos pertenecientes a cuatro libros de poesía. ¿Cuál fue el criterio con el que hiciste la selección de textos? ¿Hay un hilo conductor o tema subyacente que une estas obras?
Si les digo que Altar de nadie comienza con estos versos: “Todo es efímero, banal, pérdida, ausencia...” y termina con este otro verso: “El pistoletazo no se hizo esperar, sobre la sien, la víspera”, este hecho no ha sido producto del azar, sino que obedece a una acuciosa selección de poemas de los cuatro libros que lo conforman, en aras de lograr una intensidad dramática que va in crescendo. El libro está estructurado en siete partes denominadas: “Surmenage”, “Quiénes somos”, “Transformación”, “Revelaciones”, “Goce y desengaño”, “Turbación y vigilia” y “Testigos”, como si fueran movimientos de una compleja pieza musical, de una sinfonía.
Según Kafka un libro debe ser “el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros” y este es el leitmotiv de Altar de nadie: alcanzar el estremecimiento de cada lector y provocar la reflexión.

¿Están estos cuatro libros presentados cronológicamente en Altar de nadie?
Realmente no lo están. Pueden encontrar poemas más recientes al principio de la antología y viceversa. Descreo de lo cronológico en materia literaria y aún, de la vida misma.
A medida que el lector se interna en las páginas de este libro, nota cómo va cambiando tu poesía, adquiriendo cada vez mayor profundidad. ¿Puedes evaluar para nosotros cómo ha evolucionado tu estilo poético a lo largo de los años?
Mi poesía se ha hecho cada vez más profunda, como usted dice en su pregunta. No ofrece gratuidades, ni buenismos, ni melindres, ni excesos barrocos. Por otra parte, he tratado de hacer más concisos los poemas despojando la hojarasca (el signo innecesario a la idea o al sentimiento), yendo al mensaje central sin tanta palabrería. Uno va depurando, concentrándose en lo esencial desde el punto de vista poético, sin divagaciones. De hecho, algún crítico ha señalado mi poesía como “de una sencillez franciscana”, lo cual aprecio.
Altar de nadie, la poesía del exilio
Uno de tus poemas, “Farewell”, es un lamento ante la difícil decisión de dejar tu país. “Si he de partir (...) Qué más da, si mi destino no es otro que partir”, escribes en este poema que justamente es uno de los dos que están fechados. ¿Puedes hablarnos de las circunstancias en que escribiste este texto?
Ese ha sido uno de mis primeros poemas y fue escrito de un tirón (rareza) en una reunión de amigos en Cuba, momentos antes de mi partida como asilado político. La emoción de esa despedida suscitó el poema, que en verdad se me hace inolvidable. Recuerdo los rostros de los amigos a la hora de la partida; amigos que nunca más volví a ver. De eso hace ya veintitrés años...
“Dejar atrás los libros de toda una vida”, escribes en uno de los poemas. “Hoy bebo una taza de café amargo / en un lugar ajeno que se llama exilio”, en otro. Tú emigraste a Estados Unidos y allí desarrollaste buena parte de tu carrera literaria. ¿Cómo ha impactado la experiencia de la emigración en tu visión y enfoque poético?
Fueron las circunstancias de haber tenido que emigrar las que propiciaron mis primeros escritos, algunos en Cuba y luego en Estados Unidos. Mi carrera literaria se he desarrollado casi totalmente en el exilio.
La emigración, ese proceso doloroso, ha sido probablemente el causante de mi literatura, que curiosamente no se ancla en el dolor, sino en la visión de la esperanza de un mundo mejor.
En algunos de los poemas es notoria cierta inconformidad, una suerte de estado de protesta personal contra lo injusto y contra lo indigno. ¿Qué papel juega la poesía en tu activismo o crítica social?
Los versos de mi libro Los cuervos y la infamia denotan esa inconformidad ante lo injusto y la falta de dignidad que se nos hace palpable, visible. En cada libro hay un poco de eso, pero me gusta mejor enunciarlo de esta manera: no me busquéis en ninguna otra parte, sino en mis versos; acaso ahí, no sin dificultad podéis hallarme tal como soy, si es que algo legible soy.
Toda mi postura moral, ética, social y política está en mis versos.
Me llama la atención la forma como por medio de la voz poética te enfrentas a los eventos de la naturaleza. “No me gusta la nieve, ni en mis sueños la sueño”, dices en uno de tus textos; “¿Por qué será tan extraña para mí, la primavera?”, te preguntas en otro. ¿Puedes hablarnos de estos símbolos en tu obra?
Soy criatura de isla, soy cubano y como cubano desconozco el cambio de las estaciones, las cuales son ajenas a mi geografía. Sólo puedo imaginarlas y convertirlas en motivos poéticos; en símbolos importantes en mi obra.
“Mi poesía aspira a la musicalidad”
Uno es lo que ha leído, como dices en uno de los poemas. ¿Qué ha leído Félix Anesio? ¿Cuáles son tus lecturas, tus autores de siempre?
Desde pequeño me di a la tarea de leer apasionadamente; pocas cosas me producían tanto bienestar como un buen libro. He leído todo lo que la vida me ha puesto en las manos, desde José Martí, Lezama, Carpentier, Boti (el poeta de mi aldea), en fin, todo sobre la literatura cubana hasta la actualidad.
Por supuesto, no estuvieron ausentes los escritores y poetas universales desde Cervantes, Shakespeare (leí todas sus tragedias y comedias), Borges (aunque estuviera prohibido en mi país por más de veinticinco años), Rulfo (maestro mexicano de la precisión), Machado, Mistral, sor Juana, Rimbaud, Poe, Kafka, Dostoievsky (tanto lo tributo, que en uno de mis poemas asoma el héroe Raskolnikov, uno de mis personajes predilectos de la literatura universal) y un largo etcétera.
Tengo libros de todos ellos en mi pequeña biblioteca personal y los revisito cada vez que puedo.
Eres ingeniero de profesión y trabajaste en proyectos civiles e hidráulicos por más de veinticinco años. ¿Cómo ha influido tu formación técnica en tu expresión artística y literaria?
Hay una falsa percepción, un mito, sobre la separación de la ciencia, la literatura y las artes en general. Una buena formación matemática me ha facilitado estudiar música, esa otra forma de la precisión a la cual aspiran todas las artes. Mi poesía aspira a la musicalidad, esa condición indispensable para franquear el tímpano del lector como primera instancia. La concisión cartesiana de mis poemas y una despejada sintaxis son prueba de la influencia de mi formación técnica.
“En las altas horas de la noche se escribe el verso”, dices en otro poema. ¿Eres un escritor nocturno? ¿Qué tiene la noche para alimentar tu poesía?
Definitivamente. Luego de las faenas seculares de cada día, sólo me queda la noche para la escritura. Encuentro en ella un ambiente mágico, sosegado, inspirador.
Eres un autor con un lenguaje denso y profundo. ¿En qué proyectos trabajas actualmente? ¿Qué nos espera a los lectores de Félix Anesio?
Gracias por decirlo, pues nada hay más ajeno en mi literatura que la superficialidad. Me lo tomo muy en serio, como si en ello me fuera la vida. La literatura es como un sacerdocio; algo muy sagrado.
Actualmente tengo en revisión un volumen de poemas selectos en edición bilingüe que saldrá al mercado muy pronto bajo el título de Always the Sea o Siempre el mar. Y además preparo —más pausadamente— una plaquette que sería mi duodécimo proyecto literario en estos casi doce años de escritura ininterrumpida.
No quisiera terminar sin mencionar el apoyo de todos mis lectores por la apreciación de mi obra. Les agradezco sobremanera que hayan adquirido mis libros, que los hayan convertido en éxitos de venta (una rareza para los poemarios de autores contemporáneos); que me hayan acompañado en las múltiples presentaciones, tanto en Estados Unidos como en Uruguay, Chile y México. Próximamente estaremos por España y esto será un nuevo reto. Gracias.
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