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Voces dispersas
(III)

lunes 11 de mayo de 2026
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Creciente necesidad de amar y de sabernos amados; de ser parte de la vida de otro... Humanidad de un tú y un yo entrelazados...

 


 

A lo largo del camino, necesariamente destinadas a permanecer, nuestras siempre evocadas ilusiones...

 


 

Sólo es estimulante la aventura convertida en conquista del tiempo.

 


 

Se trata de reconocer —y adorar— deidades junto a las cuales superar lo inevitable.

 


 

Se trata de acogernos a mitologías con las cuales dibujar trazos centrales de nuestra existencia.

 


 

Mitologías propias: metáforas de logros reales o irreales; espejismos de ilusión o lucidez; versiones con las que rescatarnos de mucho merodeo inútil y mucha inconsistencia.

 


 

Somos la historia que ilustra nuestra memoria.

 


 

Absoluta imposibilidad de vivir en conformidad con nosotros mismos todos y cada uno de nuestros instantes.

 


 

En nuestra escritura, rechazar toda forma de estridencia e innecesaria desmesura.

 


 

A veces, fortalecemos nuestros sueños y proyectos ocultándolos de otros.

 


 

A veces, fortalecemos nuestros sueños y proyectos compartiéndolos con otros.

 


 

Actuamos junto a nuestras palabras cuando, a su lado, nos testimoniamos.

 


 

Somos receptores de las voces al distinguir en palabras ajenas una deseada elocuencia para nuestra voz.

 


 

Laberíntica es la palabra detenida en el límite del sinsentido o en la imposibilidad de un mensaje.

 


 

¿Cuál es el significado de los tardíos descubrimientos? Permitirnos reconocer lo que fue siempre esencial.

 


 

¿Cómo describir esa “gloria” por la que muchos suspiran? ¿Tiene sentido llamarla gloria, o, tal vez sería mejor, y mucho más modestamente, calificarla de “conformidad con nuestras elecciones”?

 


 

Uno de los mayores errores humanos: ignorar la diferencia entre lo ínfimo y lo inmenso, entre lo trascendente y lo banal.

 


 

Nuestra obra por crear: una manera de intensificar la vida, dignificarla, alimentarla; o, acaso mucho menos ambiciosamente, hacerla soportable.

 


 

Acallar, acallar siempre nuestros personales heraldos de derrotas...

Rafael Fauquié
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