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Proyecciones de las personas

lunes 18 de mayo de 2026
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Proyecciones de las personas, por Rafael Pérez Ortolá
Con todo lo referido, condicionantes y participaciones, peculiaridades y colaboraciones, no cabe duda, cada persona plasmará su sello en sus asientos respectivos, con la clara indicación de sus actuaciones. 📷 Juan Manuel Pérez • Pexels

Tanto si somos los últimos habitantes de este planeta, nos referimos a los exterminados por las propias monstruosidades llevadas a cabo, como si nos referimos a los predecesores conocidos, el concepto de PERSONAS habrá de ser asumido con toda clase de reservas, incluyendo los supuestos conocimientos adquiridos. Las disquisiciones conceptuales irán desde los meros accidentes de la casualidad hasta los más estructurados. Corren tiempos de comportamientos un tanto desquiciados. Si siempre lo fueron, no es este el asunto del comentario actual; antes o ahora, la idea central sigue siendo la de cómo nos consideramos. Veamos a dónde nos conduce la consideración como personas, sus implicaciones en la sociedad moderna.

De entrada, si la vida ya forma parte de una de las misteriosas realidades presentes, la aparición de una vida concreta presenta rasgos de auténtica pesadilla. Eso de la igualdad nos despista bastante; ya me dirán ustedes si existen dos personas idénticas en algún sitio. Esas diferencias están en el punto de partida, cada individuo con sus particularidades, desde su concepción a sus rasgos evolutivos. No valen interpretaciones foráneas, el NÚCLEO de un sujeto concreto ni es sustituible ni se puede conocer a fondo desde fuera; a lo sumo se podrá destruir, matar a ese individuo acaba con sus valoraciones. Las actuaciones en torno a dicha realidad se abren a consideraciones de largo alcance.

Una primera impresión, convertida en explosión renovada en cada individuo, se centra en la cantidad de manifestaciones emitidas a lo largo de una vida; sobre asuntos e instantes vitales de matices incontables. Aún no estamos hablando de valoración de los contenidos, sino de su emergencia continuada. Por lo tanto, el rigor interpretativo ha de iniciarse en torno a su pluralidad. Si no hay dos personas iguales y las circunstancias se multiplican sin cesar, el indicador común gira en torno a la riqueza EXPOSITIVA, con todas sus consecuencias. Cualquier consideración que intente plasmarse a base de fijaciones particulares queda sin sentido desde sus primeros impulsos, aunque sea difícil de asumir por la gente prepotente.

¿Ante quiénes estamos? Una serie de sujetos afanados en sus cuitas diarias, mujeres y hombres en busca de sus verdades que no están escritas en ninguna parte; los pretendidos apoyos cuestan de encontrar y suelen ser poco duraderos. Incluso cuando nos han inculcado verdades sólidas, éstas se tambalean con facilidad y son manipuladas por quienes se suben a los peldaños de ciertos poderes. Es habitual el hallazgo de auténticas burbujas constituidas por individuos ejercitando sus cualidades. En realidad, la riqueza expresiva de estos elementos configura una NARRATIVA que refleja sus actuaciones; lejos de mostrarse con solidez, evidencia sus variaciones y la consiguiente adaptación a las circunstancias.

En esta secuencia de las diversas existencias, los contrastes son habituales, el panorama adquiere tintes caóticos. Desde la geografía a los aspectos evolutivos, los ambientes aportan innumerables variaciones. También los rasgos diferenciales de las personas brotan en cualquier actuación. El SEÑUELO igualitario se desfigura en la mínima valoración. El planteamiento posterior para equilibrar situaciones viene a ser un objetivo de futuro, lógico o quimérico, justificado o no. Aquello que se proyecte respecto a estos asuntos tiene muchas probabilidades de quedar en el aire; la realidad no parece acorde con la mencionada igualdad. El enfoque de las respuestas a dicho fenómeno no modifica el punto de partida real.

Hasta en esos momentos que uno se considera muy suyo, inabordable, verdadero autor de sus propias ideas, comprobamos con cierta estupefacción las enormes dimensiones en las cuales nos desenvolvemos. El mismo PENSAMIENTO es multidimensional en sus fundamentos y emisiones sucesivas. Las raíces del subconsciente no conseguiremos delimitarlas dada su naturaleza subyacente, oculta. Brotan ideas totalmente espontáneas, sin participación de la voluntad. Todavía con la voluntad de pensar en algo, surgen hallazgos imprevistos, incógnitas novedosas o enlaces insospechados. Son curiosos estos hallazgos incontrolados del pensamiento de cuya autoría alardeamos.

Los impulsos particulares de múltiples participantes brotan de manera independiente unos de otros, con características de lo más variadas. Si estuviera encadenado todo ese conjunto, no serían propiamente particulares; en cualquier caso, tejen un tapiz variopinto de difícil interpretación. Aparte de considerar el grado de libertad disponible para cada uno, se trataría, en todo caso, de una libertad COMPARTIDA con la del resto de integrantes. La tesitura de cada persona se centra en ese litigio para poder decidir en una determinada cuota de sus opciones, sin olvidar la presencia de otras gentes colocadas en esa misma labor. Aparecen los límites en los circuitos internos y en las trapisondas generadas por los entornos.

Como corresponde con lo referido, las maneras de funcionar tampoco son idénticas, mira al infinito las formas de reaccionar ante cada situación. Es cierto que tratan de resumirse bajo determinados epígrafes, costumbres, modelos, arquetipos; sin embargo, apenas suponen meras aproximaciones. Los MÉTODOS tratan de condensarlos con poca fortuna; adolecen del matiz implacable de la variedad y del desapego con respecto a las peculiaridades, siempre respondonas ante la uniformidad. El sino de armonizar las enérgicas vibraciones irregulares, también las pasividades lo son, nos invita a cumplirlo cada uno a su modo. Las cadencias colectivas dialogantes plantean la mejor manera de conseguir la mencionada armonía.

Qué respiro al acabar de tomar una decisión relevante o terminar una cierta labor, la rotación de la tierra, el mundo entero se detiene por un instante. Extrema ficción, intercalada en el movimiento que nunca se detiene. Cambios que, por lo demás, nunca se presentan como un ente aislado e independiente. Afectan a cualquier ser humano e incluso éstos participan en sus evoluciones, aunque han de contar a la fuerza con innumerables conexiones. El fluir constante define las presencias mundanas de cualquier tipo, especialmente las humanas. El flujo constante, en las personas de modo especial, se muestra como DEPENDIENTE de los numerosos condicionantes y, sobre todo, de agentes desconocidos.

Con todo lo referido, condicionantes y participaciones, peculiaridades y colaboraciones, no cabe duda, cada persona plasmará su sello en sus asientos respectivos, con la clara indicación de sus actuaciones. Citaré en primer lugar a las personas en las cuales su comportamiento les sitúa como verdaderos POSITRONES. Eliminan las inconveniencias de sus proyecciones, con la mirada puesta en adecentar las actuaciones en los ambientes habituales. Incluso los errores les sirven de aprendizaje en la tarea del progreso continuado. Es evidente, sus limitaciones se pondrán de relieve, realzando sus planteamientos superadores; representan un porcentaje valioso para la sociedad, siempre menor de lo deseado.

Sin ponernos en consideraciones de méritos, actitudes o maldades, en cualquiera de las sociedades se ponen de manifiesto una serie de elementos caracterizados por una notoria indefinición. Sea por incapacidad, ignorancia o pereza, quizá también por todas juntas, se perfilan como una presencia anodina. Les denominaría como indolentes NEUTRONES, de capacidades o acciones irrelevantes. Su peso específico llega a ser incluso mayoritario, auténtica masa amorfa; difícilmente se les podrá valorar como auténticos personajes presenciales. Su influencia sobre la gente con mayor actividad resolutiva queda por dilucidar. Sin duda, un conglomerado personal de una catalogación y tratamiento abierta a versiones explicativas.

Aunque parezca increíble, entre los que venimos llamando personas también los hay que no quieren saber nada de las características de los dos apartados anteriores. Sus ambiciones no se perfilan de forma argumental; sin embargo, pujan por aquellas versiones menos oportunas frente a las circunstancias del momento para cada persona. Los formatos adoptados por estos NEGATONES son muy variados y se detectan nuevos hallazgos con frecuencia; estupidez, pereza, destructivos, agresivos, obsesivos e iluminados por luces apagadas, compiten por el palmarés. Sin demasiado esfuerzo, será fácil para cualquier observador añadir nuevos ejemplos demostrativos de la negatividad llevada a la práctica diaria.

En cambio, resulta paradójico descubrirle una mínima estructura perceptible al grupo QUARCO; al estilo cuántico, su característica principal es la inestabilidad, sin estilo definido, de actitudes cambiantes, a no ser real su adscripción a funcionamientos caóticos de reglas desconocidas. Según se le mire, las apariencias consiguen hacer ver posiciones momentáneas, nunca estabilizadas. Una de sus principales repercusiones deriva en el incordio que suponen para quienes pretenden asentar de alguna manera sus actuaciones. Generan una ambientación peculiar con las relaciones muy deterioradas, acentúan la incertidumbre, ya de por sí peliaguda en las condiciones naturales.

Tendemos a centrarnos en los efectos inmediatos, en cuanto al tiempo y en cuanto a la ubicación; en la medida de su desarrollo lejano, les perdemos apego progresivamente. Pese a todo, la falta de una percepción adecuada no equivale a pronunciarse sobre su inexistencia. Algo así como las ondas que alcanzan efectos DISTANCIADOS sin notarse los mecanismos de su producción. Quien promueve una empresa, un centro educativo o incluso relaciones deportivas, quizá no piense en los efectos derivados de esas actuaciones, a largo plazo, en generaciones posteriores, en zonas alejadas de su ubicación. Y una persona proyecta también estas influencias tan alejadas en apariencia de las prácticas actuales.

Del mismo modo, como ocurre con la actividad de las partículas más consistentes, sus efectos se generan en pleno directo, efectos colaterales próximos y proyecciones funcionales de aplicación cercana. A pesar de considerarlas evidentes, entre las personas también suelen pasar desapercibidas con frecuencia. No obstante, cuando observamos los pueblos y familias, referimos innumerables derivaciones en torno a los comportamientos ejercitados. Esta CERCANÍA nos reta a un cultivo minucioso de los matices implicados; por el contrario, somos muy propensos a las cómodas simplificaciones. La uniformidad no existe, seguiremos dibujando laberintos o trazando enlaces satisfactorios.

Si al menos pudiéramos esperar una CONFIANZA aceptable en las relaciones; apenas logramos conglomerados subjetivos distorsionados, cargados de intereses subrepticios con oscurantismos y malversaciones. La magia de las emociones vitaliza las experiencias comunes con resultados disparejos. El reducto de la mencionada confianza es frágil y como poca cosa, aunque adquiere grandiosas proporciones a la vista de los ambientes pergeñados, tan desangelados y pérfidos. Nos acechan los escenarios acogotados de víctimas y victimarios, muy manifiestos a grandes escalas de guerras, hambrunas o masacres; en menor escala, disimulados por sus pequeñas dimensiones, acentúan sufrimientos en individuos más aislados.

Pronto percibimos la importante cuestión de quién sea el TIMONEL de cualquier empeño puesto en marcha; su influencia será un factor principal. Estas consideraciones giran sobre dos ejes diferenciados. Cuando el timonel es un personaje potente, acrecienta las inquietudes, porque arrastra a gran número de personas; lo peor del asunto es que no suele ser por convicción, sino debido a múltiples presiones, con frecuencia al servicio de intereses ajenos. El timonel menos aparatoso suele ceñirse al ámbito de su cercanía, sus propias condiciones se conjugan con los retos diarios de sus allegados. Una de las claves radica en conocer hasta dónde se extiende el pilotaje de cada persona y sus repercusiones.

Se supone, aunque sea mucho suponer, que las intervenciones personales se efectúan en busca de la mejor LUZ, al estilo de algunas obras del genial Eduardo Chillida. A los negatones y quarcos no deberíamos tolerarles sus perniciosas influencias. Somos numerosas inteligencias en activo, si bien desconocemos su auténtica capacidad reactiva para ponerse a tono con los requerimientos de los humanos. No sirve aquello de Bartleby sobre la preferencia de no hacerlo, las omisiones contribuyen a la consolidación de los panoramas sociales, a veces con inusitada resonancia. Prestar la debida atención a los proyectos personales o colectivos nos libraría de tremendos descalabros.

Rafael Pérez Ortolá
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