Servicio de promoción de autores de Letralia

Saltar al contenido

Pueblos insustituibles

viernes 18 de noviembre de 2022
Pego, Alicante (España)
Aunque yo escoja hoy el pueblo de Pego, en la provincia de Alicante, cada pueblo tiene sus propias circunstancias, su gente relacionada y sus particularidades. Joanbanjo

En realidad lo son todos, sus infinitas particularidades impiden la similitud de unos con otros. En especial si consideramos su vertiente proyectiva; de cara al futuro se abren posibilidades sin parangón. Apreciados como continente de quienes actúen en ellos y también como suma total, si añadimos las actuaciones de cuantos seres vivos ocupen sus estructuras. Vistos así, son una espléndida manifestación existencial.

Desentendiéndonos de los dictámenes sociopolíticos plegados a intereses de otro orden, en la aproximación a estas entidades encontramos perfiles variados. En cuanto a su extensión, las dimensiones son con frecuencia reducidas, hasta concentrados en aldehuelas resistentes, aunque los hay centrados en áreas enormes. Respecto a las actividades de sus habitantes, están muy ligadas a los aspectos geográficos, agrícolas, forestales, industriales, con polarizaciones culturales ocasionales; siempre acumulan una diversidad de ocupaciones.

Los imperativos de la subsistencia planean en esa diversificación de las características adquiridas. Los recursos naturales se ofrecen en un panorama heterogéneo y se incrementan las variaciones al incidir las actitudes sobre sus aplicaciones, desde las muy provechosas a las de peor calaña. Se fraguan desigualdades muy por encima de las irregularidades naturales. Los razonamientos suelen verse superados con frecuencia por comportamientos intempestivos.

Esos diablillos de los genes tienen mucho que ver en las diferentes configuraciones desparramadas por doquier. En los casos más pronunciados, las diferencias notables hicieron la suficiente presión para considerar el carácter independiente de las razas, hoy en día aún subsisten zonas donde prevalece esa obsesión, tenemos ejemplos muy cercanos. No sólo las migraciones, las mezcolanzas y la espontaneidad biológica nos fueron convenciendo de una homogeneidad de fondo plena de diversidades.

La espontaneidad se va destrozando con la manipulación impositiva de grupos y personas extemporáneas.

No me olvido de esos pueblos que podemos denominar como conceptuales por su dependencia de los sentimientos y pronunciamientos intelectuales; superan los entornos físicos para entrañar esos factores constituyentes basados en razones y sensaciones. Estas ideas no están reñidas con las anteriores, pueden coincidir aquellos aspectos más concretos y estas nociones. No incluyamos aquí las posibles manipulaciones e imposiciones, ajenas a la espontaneidad y franqueza de los sentimientos. La espontaneidad se va destrozando con la manipulación impositiva de grupos y personas extemporáneas, aunque estén actuando en el momento presente.

Si nos ceñimos al ejemplo sencillo de una localización concreta y la suma de aconteceres ocurridos en su área; esa consideración se enriquece de manera entrañable por la serie de personas involucradas en su desarrollo. Los tiempos marcaron etapas muy significativas porque no se detienen nunca y tampoco se repiten en sus indicadores. También las actividades llevadas a cabo en esa área se efectuaron con las aportaciones de sensibilidades y actuaciones singulares. Las manifestaciones anodinas abundan en su insignificancia, unas veces lo son por desconocimiento de sus intimidades, otras porque sólo miramos los tamaños; el valor no siempre se aprecia.

Aunque yo escoja hoy el pueblo de Pego, en la provincia de Alicante, cada pueblo tiene sus propias circunstancias, su gente relacionada y sus particularidades. Las maneras de abordar algunas de sus características serán tantas como personas se interesen en ellas. Las peculiaridades detectadas enriquecen el panorama general, ayudan a la comprensión de cuanto acontece por dentro y por fuera de las personas. Ya digo, asomado hoy al Mediterráneo se puede empezar con estas ideas:

Pego

Pego es una quietud que nos inquieta.
Sedimentados los lastres antiguos,
Asoman numerosos brotes tiernos
Que despiertan la ilusión vitalista.

Si la melancolía se acrecienta,
De aquellas norias regando los huertos
Con abundantes aguas dando saltos,
A los mejores alientos levanta.

Nos sitúa en la frontera incierta,
Donde actuamos tensos y afanosos
Con la mentalidad pronta y dispuesta.

En las casas bullen los sentimientos
De esa entidad representativa,
En aquella quieta presencia unidos.

Los relatos históricos se alargan en profundidades no siempre definidas con precisión. En el área pegolina radican humedales que quizá atravesaron los elefantes cartagineses en las trifulcas con los romanos; más tarde sus aguas fueron objeto de atenciones diferentes. Los arrozales allí ubicados en épocas recientes, junto con las orientaciones ecológicas, son de patente actualidad. Mirando al mar, el flujo de numerosos manantiales y el caudal del río Bullentó, ofrecen un marco incomparable definitorio de la comarca.

Son abundantes las tierras de regadío, con la consiguiente evolución de las tareas agrícolas a través de los años. Cambiaron los cultivos y se aliviaron los trabajos más penosos, pero la ligazón de las personas a las características de estas tierras ha formado parte primordial en las aportaciones de este pueblo. La desatención actual a la agricultura no empece para su mantenimiento como rescoldo principal del sentimiento pegolino.

Otro sector relevante se sitúa por la zona interior con el cerco de los montes y sus estribaciones; también por aquí las modificaciones han sido notorias. Cultivos de secano, naturaleza agreste como barrancos y crestas, abandonos, incendios y numerosos retos orientados hacia el futuro. El influjo de estas orientaciones deja su sello permanente.

Cada personaje actual se ve comprometido con su instante de creación, para adaptar sus circunstancias próximas a las numerosas influencias recibidas de los ambientes foráneos.

Desde ese fondo resurge potente la inquietud de sus actuales habitantes. El marco incomparable es insuficiente sin la renovación de las actitudes. Sin duda se perciben matices unitarios de todos los inmersos en semejante panorama. Pero como es lógico por la vía natural la diversificación se impone, siendo motivo de celebración que no hablemos de un conjunto homogéneo, sería antinatural y catastrófico. Esa continuidad asociada a los impulsos renovadores son inseparables.

Al alimón con el conformismo indolente poco propenso a los cambios y la invasión inevitable de las nuevas tendencias, cada personaje actual se ve comprometido con su instante de creación, para adaptar sus circunstancias próximas a las numerosas influencias recibidas de los ambientes foráneos. En ese momento se aminora la importancia de las numerosas teorías ambientales; mientras se fortalece la decisión de los particulares. Las ventajas o inconvenientes emanados de sus actuaciones vendrán a percibirse con el paso del tiempo. Ese momento culminante reside en el ámbito muy particular a pesar de las pretendidas afirmaciones contrarias.

Por fortuna, ese chispazo creativo de cara al futuro resuena en múltiples focos por las lucidas actuaciones de diversos protagonistas en diferentes esferas, incluso irradiadas en áreas alejadas del núcleo de población inicial. Constituyen una glamorosa espiral de actividades complementarias con diferentes metas, incluso utópicas. El ejemplo concreto se aprecia aislado, pero la reunión de todos ellos recuerda con nitidez el contacto con aquella raíz de la comarca, de los predecesores, del hálito surgido de aquellos ambientes. Es el sentimiento de ser pegolino, pese a todo, o con todo.

A estas alturas distinguimos una notable mezcla entre el concepto de subjetividad y objetividad; permanecen incluidos en ese fondo localista a la vez que plural. Las fronteras adquieren en esa relación un carácter de reto positivo sustituyendo a otros afanes limitadores. Con ese añadido de labor inacabada e ilusionante centrada en lo mejor de las aportaciones conseguidas por cada participante. Suponen una apertura gratificante entre las crispaciones del momento.

Pueblo, pueblo…; muchos son, y no es posible definirlos. Tienen vida propia plagada de venturas y desventuras. Ninguna relación con las definiciones posesivas y abusivas surgidas desde los más inverosímiles frentes. Resplandece rutilante el fulgor de los auténticos núcleos de población alimentados por las participaciones plurales y entusiastas.

Rafael Pérez Ortolá
Últimas entradas de Rafael Pérez Ortolá (ver todo)