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Apegos y desapegos

martes 30 de enero de 2024
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Apegos y desapegos, por Rafael Pérez Ortolá
La sencillez y la complicación están entrelazadas hasta el punto de una relación interminable, con abrazos y desplantes, como si de seres humanos se tratase.
“Dijo el caracol:
Eso es prisa,
Voy como una exhalación”.
Antonio Machado

Vivimos embarcados en el tren de las sorpresas modernistas, con adornos llamativos y automatismos imprevistos. El vagón principal es una adivinanza, desconocemos su ubicación. La enorme extensión de los raíles muestra las bifurcaciones, desprovistas de señalización alguna. El ordenamiento de las estaciones fue modificado. Los altavoces están supeditados a la organización antigua y los asientos son reversibles. Es una delicia, incrementada por la disponibilidad, para cada pasajero, de poder adaptar la velocidad a su gusto.

La sencillez y la complicación están entrelazadas hasta el punto de una relación interminable, con abrazos y desplantes, como si de seres humanos se tratase. Sus semblantes ofrecen ese doble cariz de unas entidades ambiguas. Desde la observación es difícil identificarlas con precisión debido a lo ambivalente de sus aspectos. Descubrimos la complicación de lo sencillo y viceversa, con el asombro de gentes un tanto desorientadas.

Cuesta encontrar algún recodo plácido en el camino, mientras se amplían las quimeras en el tren. El camino impone su ritmo, ¡y qué ritmo!, pleno de maravillas y salpicones intempestivos; de contenidos superadores y retornos con las alforjas abultadas, pero sin destapar. Los hallazgos son muy personales, casi íntimos; de ahí lo fascinante de la experiencia. Referiré algunas que me parecen ilustrativas.

 

La inexactitud
De las ciencias exactas.
Es fascinante.

Ya me había hecho a la nocturna tibieza de la luz de la luna y con el sueño llegaba tarde a las alboradas. Contemplé la lluvia de investigaciones de alto copete, matemáticas, espaciales e incluso del subconsciente. Soporté también las presiones de sus conclusiones intolerantes. Aunque los horizontes y las intuiciones cuánticas estimulan mis vibraciones, al pairo de esa luna como testigo fiel, al calor del sol y con ese cosquilleo interior que no acaba de resolverse.

 

Aturden hueras
Las aglomeraciones.
Crean desiertos.

En esto de los círculos perniciosos hemos adquirido una experiencia extensa; somos poco duchos para escapar de sus influencias, nos dedicamos a otros fogosos empleos. Nos dejamos sugestionar por señuelos aparatosos, sin atender apenas al fondo de sus recomendaciones; por el contrario, entramos en afanosa competición por el número de seguidores para cada tentadora proposición. El gentío sirve de tapadera de unos frascos sin nada consistente en su interior. La poca sustancia de tales alimentos no augura ningún fortalecimiento, pero a la vorágine instaurada le sabe a manjar exquisito.

 

La vergüenza huye
Por campos devastados.
La honradez llora.

Es increíble, a la vista de todo el mundo, sea por timidez, sea por complicidad tenue o descarada, se multiplican las trayectorias para escapar de las responsabilidades adquiridas. No sirven las tretas ni los enmascaramientos, los desperfectos ocasionados son elocuentes y los mecanismos causantes evidencian sus formatos. Los lamentos refuerzan la expresividad de semejante panorama. Queda patente la ausencia radical, quizá añorada, quizá desdeñada, de una de las principales cualidades humanas.

 

Cuando el talento
Lidia con los estorbos.
Se ausenta el necio.

Ante los obstáculos, no queda otra, hay que acentuar la atención y exprimir el cerebro en la proyección de solucionar los problemas. Se sobreentiende la importancia de las colaboraciones para pergeñar las actuaciones recomendables. Si no se consiguieron las metas proyectadas; al menos, se aportaron los esfuerzos denodados y los recursos disponibles. La negación a participar en dichas tareas es indicativa de la estupidez de esa postura insolidaria y perjudicial para los propios ejercitantes. Gran parte de las ruidosas reivindicaciones sociales surgen de los grupos no dispuestos a las colaboraciones pertinentes.

 

Los vientos braman
Inclementes y ciegos.
Mera rutina.

La metáfora de los vientos, cuando en ella se reflejan los comportamientos humanos, nos mantiene entre los ritmos caóticos. Lo peor de este asunto es la intuición de las maquinaciones subyacentes, pergeñadas de manera interesada por determinados sujetos indetectables a primera vista. Diríamos que impera la rutina errática para mucha gente, pero de una extremada preparación por parte de unos pocos diseñadores de la misma. Desentrañar todo esto supone un reto mayúsculo que supera con creces a la meteorología.

 

Cavando fosas
Entre fango y piedras,
Brilla una llama.

Sería ilusionante disponer de ese estandarte flamígero bien orientado, espontáneo, sin desviaciones. La luz es primordial a la hora de percibir los detalles. El calor, cuando impregna el ánimo, ayuda en las empresas más fatigosas. Aunque dichas proyecciones se desmoronan cuando los aires de las voluntades violentan y desequilibran los mejores ímpetus. Entonces, las miradas, lejos de centrarse en la luz, queman sus arrestos en torno a realidades pringosas, de turbios fundamentos. El porqué de semejantes dislates permanece sin dilucidar, pero sus repercusiones inciden de lleno en la vitalidad comunitaria.

 

Hay muchos tomos
En torno a la justicia.
La vida cruje.

Nadie ha conseguido ratificar a la justicia como parte natural integrante de este mundo; en todo caso, lo contrario. Las injusticias abarcan desde lo más natural a lo artificioso. Que se escribe mucho sobre ello y cada uno defiende sus intereses, eso no lo discute nadie. Los obstáculos comienzan desde los primeros intentos definitorios. Los matices, pronto se convierten en abrumadoras dificultades. Mientras las disquisiciones se eternizan, los avances titilan con alarmante fragilidad. Sobre las personas se crean reiteradas e intolerables desproporciones, con los consiguientes sufrimientos.

 

El desespero
Cruel y fiero, atosiga.
Pero, esos ojos…

Con el paso sucesivo de los días, el lastre acumulado es notable. En parte, nuestras apetencias no concuerdan con las de los demás; pero, sobre todo, en la serie de comportamientos se suman incongruencias peligrosas. Tendemos a lamentarnos cabizbajos, porque son muchos los despropósitos. Pero no conviene obcecarnos con estas facetas de la vida. Es mejor reconstituyente la contemplación de esa mirada limpia, abarcadora y anhelante, de los niños; con su potente calidez, se abren a todas las posibilidades gratificantes, de empeños solidarios, de anhelos en pos de la belleza y las bondades.

 

Vasta hojarasca
Ocupa el panorama.
Caen gotas fiables.

Bregamos a diario en unos entornos donde las venturas se hacen de rogar, y cuando aparecen, suelen durar poco. Las desventuras se ofrecen a granel con abundancia de variedades. Por consiguiente, cobra prestancia el esmero requerido para el reconocimiento del goteo de aportaciones fiables, evitarles los obstáculos y propiciar aquellos acompañamientos favorecedores de dichas presencias. Si nos entretenemos con la hojarasca, dificultamos las vivencias venturosas.

 

Miras lo que ves
Con aire placentero.
Lo que ves, no es.

Suele pasar, a fuerza de mirar, vemos fantasmas sin apercibirnos de ello. El reflejo de nuestros alientos sobre las cosas es una realidad exclusiva y particular. Es relativamente frecuente el desliz por divagaciones de poco fuste. La frustración nos acomete después, cuando el topetazo con el exterior o el reconcomio por los adentros nos muestra flotando en esferas imaginarias. Hay que andar con tiento en esta cuestión, origina afectos y desafectos importantes, no pocas veces irreversibles.

 

Calma en el bosque
Cuando cruje la rama.
El ciervo escapa

La placidez en un momento dado no siempre es lo que aparenta; es cuestión también de sensibilidades, de experiencias previas, de ignorancias y de las cualidades particulares. El bosque trabaja en silencio, el montañero recorre los senderos y el ciervo inocente se alarma, intuye los peligros. El enredo cuántico ya se anuncia en este cruce de perspectivas. También se intuyen las artes implicadas en las presencias respectivas. Las líneas rectas se tuercen y los laberintos multiplican sus salidas.

 

Materia oscura
Y espíritus complejos.
Axiones libres

Sin duda, pretendemos saber demasiado. Y eso parece encomiable, siempre que no falte ese conocimiento de los límites, con la franqueza y la humildad necesarias. Entre materia y energía, del universo apenas logramos la detección de un modesto 5%, según los más preclaros investigadores. ¿Qué significa ese hueco que contiene ese 95%? Su comprensión ni se acerca a las intuiciones ni se avizora su rastro; constituye un reflejo fiel de la entidad humana.

En lo referente al espíritu, los detalles biológicos y la psicología, apenas enlazan con la propia existencia. Ni bosones ni neutrinos entablan relaciones explicativas con ideas o quimeras. Incluso los axiones novedosos en torno al asunto de la materia oscura no indican nada significativo sobre las estratagemas del cerebro. Los descubrimientos son impresionantes; ahora bien, las conclusiones se acercan a esa idea de materiales indetectables.

Es decir, nos enfrentamos a dos amplios sectores vitales. El campo de lo intangible, susceptible de incursiones y proyecciones, pero tan distante como ajeno a las demostraciones. Y el campo que no dejaré de nombrarlo como comunitario, sin exclusiones vanas; es donde la aplicación de las mejores artes humanas ha de efectuarse, con los horizontes en perspectiva, pero sin perder el tino.

Si el camino es de por sí arduo y proliferan las complicaciones, no consigo explicarme la escasa tendencia a las colaboraciones.

Rafael Pérez Ortolá
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