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Ética deshuesada

martes 23 de julio de 2024
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Ética deshuesada, por Rafael Pérez Ortolá
Los emporios se han acercado a la perfección, deciden según sus criterios y nadie accede al fondo de sus argumentaciones. Aquí, el eticismo se centra en plegarse a sus normativas.

Si por hablar de este concepto fuera, estamos rodeados de desbordamientos por las desmesuradas intervenciones. No hay sector de las actividades humanas libre de las argumentaciones sin control en torno a la ética. Es utilizada como un ESTANDARTE testimonial. También como un potente escudo protector, su simple mención avala las conductas.

Desde ese talante protector se pasa con sospechosa facilidad a la actitud propagandística, en un alarde demagógico poco propenso a las comprobaciones. Pese a la enorme profusión de proclamas y fervorosas manifestaciones sobre semejantes elucubraciones dicharacheras, emana un aliento desencantado al no percibir las honduras del término. Sin embargo, las referencias a la ética parecen complacer a todo el mundo, con esa lógica peculiar que sale a relucir en el comentario de hoy; todo el mundo se las compone para enhebrar sus condiciones.

No se trata de extraer únicamente la versión complaciente de las propias acciones; estamos ante una panorámica más generalizada por acomodaticia. La cuestión reside en la consideración de los comportamientos como virtuosos y estéticos según los CRITERIOS establecidos por los mismos protagonistas, ajenos a cualquier otra valoración. Según esto, cada uno se adapta estupendamente a sus directrices y necesidades, haciendo gala de una naturalidad radiante, como no podía ser de otra manera.

Si nos centramos en el área de los GOBERNANTES, reúnen la mayor parte de las condiciones para poder funcionar con autonomía y tener acceso a los conocimientos más avanzados. Su empoderamiento les sitúa en posiciones de dominio, poco propensas a recibir correcciones o asimilar críticas. A la hora de tomar decisiones ocupan un amplio espectro que alcanza los extremos, barbaridades por acción u omisión. Cada uno alardea de su reflexión, expresada vivamente a través de sus actuaciones. En los casos flagrantes, sobre todo, se pone de manifiesto cuáles son las carencias de sus pronunciamientos, desprendidos de un aliento de mayor poso social, un tanto alejados de su comunidad.

El dinero favorece el establecimiento de ciertos sectores con creciente poderío e influencias proyectadas en la evolución de la sociedad. En dichas actividades brillan de manera rutilante una serie de CAPITOSTES como mentores de tan interesantes maquinaciones. Sus actividades son legales, adiestraron antes a los legisladores a su conveniencia. Crean puestos de trabajo, pagados con las migajas. Sus sesudos ideales refuerzan el contenido de sus emporios dinerarios con una fruición inusitada, dominadores e ilimitados. Su esforzada sabiduría no les permite otras repercusiones desfavorables de su actividad. La bondad de sus proyecciones se adhiere a sus elaborados criterios en cumplimiento de su deber.

¡Ay, amigos! Cuando los emporios agrandan sus dimensiones, sus estructuras se expanden progresivamente en términos inabarcables; configuran entidades incomparables con las morfologías habituales. Se pergeñan instituciones o corporaciones mastodónticas difíciles de describir y por tanto, de calificarlas; sólo su tamaño las define. En dichas ENTIDADES, los emporios se han acercado a la perfección, deciden según sus criterios y nadie accede al fondo de sus argumentaciones. Aquí, el eticismo se centra en plegarse a sus normativas, que suelen ir más allá a base de imponerse, incluso con carácter punitivo. Su núcleo cerrado desvirtúa cualquier criterio moralista.

La vanguardia de las ideas es un baluarte importante de la sociedad. Su progresiva evolución constituye un conglomerado polivalente, porque se avanza en todos los sentidos y deriva en una serie de consecuencias imprevistas. Quienes son capaces de enlazar esos pensamientos son considerados personajes relevantes, concentran esas ideas novedosas en aras del supuesto progreso. La actitud de estos IDEÓLOGOS tiende a deformarse. En primer lugar, intentan transmitir un valor absoluto de sus dictámenes y no disponen de esa categoría. Después, suelen desbordarse con frecuencia al aplicar sus ideas sobre los demás. En religión, política, culturas e interpretaciones diversas, emergen sobrados ejemplos de sus excesos.

En cualquiera de nuestros barrios, diversas relaciones públicas e incluso familiares, a la hora de establecer un cierto orden de preferencias, sus integrantes suelen posponer otros asuntos para dar preferencia a sus INTERESES particulares, incluso por encima de los compromisos adquiridos, sean con la comunidad, de carácter profesional o bien en tareas de diversa índole, deforman las valoraciones. La justificación de sus decisiones encuentra motivaciones de diverso rango y excusas facilonas, con tal de conferirles prioridad a sus decisiones. En pocas palabras, dotarles de un ropaje atractivo y proclamas de buenos augurios, sin aducir dificultades. Su ética particular queda como deber cumplido.

Del actuar y del pensar, mucho se puede hablar. De modo especial, de las incoherencias en todo ese trajín; si es que llegamos a pensar en una armonía saludable. Al asumir las diversas capacidades de los individuos, comprendemos la variada cualidad de sus prestaciones. Sin embargo, desde la existencia en común, lamentamos las actuaciones degradadas en torno a la MEDIOCRIDAD. En cuanto al bajo nivel de las aspiraciones, el escaso interés en adquirir una preparación adecuada, el descuido de los detalles a la hora de actuar y el desapego con respecto al resto de los ciudadanos. El conformismo en torno a ese talante menguado no parece digno de ser aceptado por personas inteligentes.

No sé si producirá monstruos, pero la razón nos adentra por callejones insólitos con numerosos obstáculos y sin salidas aparentes. Las conciencias se fueron concentrando en sus ideaciones e inquietudes. Primero se relacionaban con los dioses, para enajenarse después en forma de supersticiones y centrarse sólo en agrupaciones sociales. Ese trasiego orientador de sus éticas no se detuvo ahí en sus idas y revueltas. En la actualidad predomina el SOLIPSISMO ceñido a las valoraciones individuales, sin parar mientes en posibles consideraciones ajenas. Priman los razonamientos individuales en las prácticas habituales de cada sujeto; los reparos apenas apuntan desde las estanterías.

Es complicado penetrar en los designios personales. Quizá por eso, nos entretenemos en las grandes movidas estentóreas, centramos en ellas el sentido de vivir. Que si adheridos a los pacifismos sectarios, furiosos e intransigentes alrededor de las propias ideas y proyecciones, endiosados por mil conceptos sobrenaturales inaccesibles, o bien nos inclinamos por el fanatismo de unos progresismos retrógrados o de unos buenismos cargados de pérfidas intenciones. En estas formas de proceder se manifiesta una gran agitación crispada al son de organizaciones AMPULOSAS, acompañados de apabullantes estridencias. Pese a todo, no se detectan en ellas las mínimas reflexiones orientativas para la convivencia gratificante de elementos diferentes.

El aleteo de tantas actividades, y las que permanecen a su alrededor sin citar, extiende sus arcos de influencia. Afectan a las intimidades, como penetran en las algarabías populistas altisonantes. Repercuten en las pequeñeces casi desapercibidas y en las maniobras relevantes. Entre calmas tediosas e impulsos denodados. Constituyen una verdadera extensión ilimitada. Sus mismas características redundantes nos fijan la atención en una de sus principales carencias; no se aprecia por ninguna parte de esos horizontes la OSAMENTA vertebradora para su sostenimiento. Si no la hubiera, por una ausencia radical sin reparación posible; si no fuimos capaces de crearla, por no cuidar de la dispersión mental desintegradora.

Las voces que puedan ilustrarnos de cuanto acontece no suenan con claridad desde el más allá; sólo podemos percibirlas en los diferentes entornos con presencia de los humanos. Estamos inmersos en una experiencia propiamente ANTROPOLÓGICA forjada con el concurso de las múltiples cualidades implicadas; sin poder sobrepasar las limitaciones insalvables que nos abruman. No obstante, desde la raigambre antropológica que nos constituye se perciben con nitidez determinadas directrices favorables para unas experiencias accesibles y reconfortantes. El carácter transitorio de los eventos y de las vidas humanas no impide la percepción de ciertas nociones consistentes en esos momentos.

El asiento en la naturaleza aporta una suerte de invitación para un sinfín de presagios y visiones. Al tiempo que nos pone de manifiesto la presencia de senderos equívocos y secretos discurriendo por la tierra, el mar y los cielos cósmicos. En realidad, nos ilustra sobre los rumbos desconocidos de una navegación universal, de la cual no podemos escaparnos, ni tampoco comprenderla en todos sus extremos. Con este carácter de AVENTURADOS, más que de simples aventureros, estamos colocados en una posición multifacética, de protagonistas o simples marionetas, según la actitud interpretativa activada. El camino a seguir y las metas correspondientes permanecen en entredicho, enlazados con nuestras decisiones.

Las elucubraciones sobre mundos diferentes o humanidades de texturas distintas no conducen a nuevas creaciones ni fundamentan otras realidades. Partimos de otras raíces existenciales ligadas a la complejidad de la estructura mundana. La consiguiente adaptación a dichas circunstancias permanece abierta, sometidos además a una serie de variaciones incesantes; el dinamismo es inherente al conjunto de presencias implicadas. Se deducen unas CONDICIONES básicas insoslayables. Lo de menos es cómo se vayan a denominar, constitutivas, morales, naturales, conceptuales o simplemente radicales, en el sentido de venir de la raíz. Nos queda el intento de aproximarnos a ellas o las opciones discordantes.

En el acercamiento a esas directrices universales, captamos una serie de REQUERIMIENTOS elementales, como decía, básicos; compatibles con la enorme diversidad acompañante. Detectamos trechos importantes entre el hecho de percibirlos, asumirlos y actuar coherentemente con sus orientaciones. Concretarlos es una labor comunitaria, incompatible con las evasivas necias; es una labor prioritaria para la vida en común. La defensa de la vida individual, el respeto relacional hacia las personas, el sentido del daño provocado, evitar las coacciones, pueden constituir un buen núcleo de partida, La fortaleza de dichos pronunciamientos confiere la solidez estructural vertebradora, de cara a las decisiones posteriores en la práctica.

Las circunstancias se acumulan en torno de las vivencias cotidianas. Las presiones sobrevienen a través de múltiples vectores e intensidades, con el azar y el caos en posiciones predominantes, con numerosas interacciones difíciles de precisar y la enorme diversidad de impulsos vitales incesantes. Con toda la influencia de la evolución temporal que nos modifica las bases de actuación y nos multiplica los momentos cruciales. Es precisamente en ese INSTANTE crítico de la actuación, cuando precisamos la solidez de unos buenos puntos de partida. A partir de ellos, cada decisión genera la sensación de ser participante activo como contrapartida a los talantes arbitrarios sin la brújula oportuna para evitar la disgregación.

El consenso básico resulta imprescindible. No puede ser una simple aglutinación de pareceres y deseos. La fundamentación razonada exige hacer acopio de los conocimientos adquiridos, con franqueza dialéctica y pronunciamientos claros sin renuncias tendenciosas. Sin esa base, las diferentes éticas particulares se dispersan con facilidad detrás de los diversos intereses, quedando sin sentido real y susceptibles de perpetrar verdaderas calamidades abusivas. Queda patente la necesidad de una PRAGMÁTICA ENRIQUECIDA por la estructura vertebradora de la comunidad centrada en la auténtica condición humana, en busca de las mejores opciones existenciales como imperativo de los seres inteligentes.

Rafael Pérez Ortolá
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