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¡Ay, belleza!

martes 5 de agosto de 2025
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“El nacimiento de Venus”, de Sandro Botticelli
El tiempo nos reta de diferentes maneras, en cada época fluyen las sensaciones con evidentes modismos propios. 📷 El nacimiento de Venus (ca. 1485) • Sandro Botticelli • Galería Uffizi

Forma parte de las realidades inexplicables, en su génesis, sus esencias, las apreciaciones por parte de los humanos y los matices determinantes de su presencia. Su notable evidencia rehúye las apropiaciones pretenciosas y sus dimensiones cualitativas atraen la atención. A partir de ahí, las repercusiones también son inabarcables, enlazan con las actividades de los humanos; el intento de precisar sus pormenores sólo queda como pretensión comprensible. Estamos ante una entidad imbuida de las variaciones en sus exhibiciones espléndidas; nos recalca la impropiedad de las fijaciones en las experiencias humanas. El mismo intento de definirla es una tarea abierta e inacabada.

Su fascinante relación con las restantes actividades privadas o colectivas tiene un embrujo inigualable. La vida de las personas está ligada a sus influencias de manera ineludible. Sin disponer de una regla contundente, nos encontramos con la BELLEZA bajo formatos y situaciones de diverso calado, en un cruce insospechado de corto alcance o largas andanzas según los protagonistas. No son raros los descubrimientos inopinados de su caricia espontánea ni solicitada ni trabajada, sólo percibida y fuera de control. Cuando la buscamos con diversos planteamientos, con frecuencia no se trata de un logro meritorio, sino más bien de un hallazgo, no por buscado menos sorprendente.

Nunca llegaremos a deletrear si es por sus simetrías, su fulgor o por la inmensidad de sus reflejos. La vista se detiene en ese objetivo de mágicas expresiones, creaciones esculturales, cuerpos perfectos, luces o sonidos que brotan desde las realidades cósmicas. Confluyen múltiples factores en la plasmación de dichas imágenes que rozan el carácter sublime. El pensamiento de las personas ejerce de filtro significativo de cara al conjunto de percepciones detectadas. No es cuestión de cantidades ni medidas usuales, sino de la indómita apreciación de las aportaciones meritorias y gratificantes. El buen uso de semejante filtro parece una óptima solución de cara a la degustación de una convivencia de talante supremo.

En una de sus valiosas aportaciones es capaz de hacer una valoración existencial de los comportamientos individuales y colectivos. A pesar de los frecuentes equívocos, acaba poniéndose de manifiesto la reunión de las más armoniosas relaciones en favor de todos los participantes. Con la capacidad de raciocinio se amplía de manera ilimitada la posibilidad de descubrir nuevas ramificaciones sublimes, desde las relaciones con la naturaleza hasta las atenciones con el resto de seres vivos, y sobre todo, en los contactos con las personas de toda condición. Si pensamos en el sector científico, diferenciaremos calidades y orientaciones, desde lo peor hasta lo sublime. Con las innovaciones del arte, las espléndidas maravillas se distancian de los avances de menor enjundia.

Es curioso el doble juego de la temporalidad en relación con la belleza. En la versión evolutiva se centra en la fugacidad, el disfrute se acaba, le sucede la añoranza de las maravillas contempladas; la sensación de pérdida implanta sus reales con excesiva prontitud. La ambivalencia se demuestra cuando a medida que transcurre el tiempo se observan también incrementos de ciertas calidades; cuaja el poso de espléndidas realidades. El tiempo nos reta de diferentes maneras, en cada época fluyen las sensaciones con evidentes modismos propios; nos hacen ver las cosas bajo prismas variables que nos parecen increíbles. Saca a relucir las más controvertidas versiones y rompe los etiquetados al respecto.

Nace el interrogante de nuestro papel individual o colectivo para influir en esas manifestaciones. Ya de por sí son complejas las respuestas en este sentido, aunque se añaden equívocos, que suelen provocar efectos indeseados. Son todo un símbolo de la aventura existencial con la incertidumbre acechante. Convendremos en que mirarnos directamente al fondo de los ojos se convierte en principio solemne de la sinceridad y con ello enlazamos con las cualidades esenciales. No es que sea fácil encontrarnos con la mirada limpia de contaminaciones, lo cual realza su valoración. Sobre todo, en esa expresiva mirada infantil desprovista de las complejidades posteriores; sin ser exclusiva de los niños, se convierte en ejemplo nítido de la belleza por su sinceridad.

Con la mentalidad deportiva orteguiana, si atendemos a ese espacio de la noosfera representante del conocimiento global, tampoco son equivalentes sus avances, ideas sublimes y nefastas, nos retan también al examen discriminativo para detectar las mejores expresiones de la:

Belleza oferente

La insinuante bondad oferente,
nos encontramos con la belleza
Cargada de matices potentes
Y siempre con la mirada al frente

Quizá podamos alcanzar ese momento
Para enlazar las mejores cualidades
En busca de anheladas agrupaciones
Sin apenas percatarnos del intento

Esa grandeza radica en la sencillez
De unas apreciaciones de gran calado
Lindantes con el paraíso anhelado
Expresadas con su brillante lucidez

Verdaderas estridencias de lo mejor,
Sacan a la luz escondidas esencias,
Destellos espléndidos en nobles secuencias;
Activando el bravo talante evocador

En los numerosos laberintos del amor brotan inusitadas vivencias que rozan las características sublimes de cualquier sensación. Son muchas las percepciones que descuellan en esas facetas estimulantes por sus estéticas maravillosas. Los hábitos actuales desaliñados en aras de unos aires libertarios desenfocados, precisamente por su desfiguración progresiva, se constituyen de por sí en una reivindicación de las mejores cadencias asociativas. Sin distinguir entre las labores en danza, las diferentes actuaciones difieren según los índices sectoriales. Un factor determinante de la belleza se configura en torno a la labor bien hecha. Sus notables repercusiones sobre la vida refuerzan las bondades del mero hecho de captar la atención por su perfección.

Siempre queda la sugerencia de pensar en las relaciones coherentes en torno a la percepción de las diferentes formas de la belleza. Hasta qué extremos está conectada con la bondad parece ser una de sus conexiones fundamentales. En todo caso, supone una potente provocación para ser conscientes de nuestra capacidad de discernimiento, y así, separar el trigo de la cizaña. Contamos y no acabamos sobre estas maravillas, lo que hacemos después es harina de otro costal, y en ese costal tenemos tantas cosas...

Rafael Pérez Ortolá
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