
Ha sido noticia descubrir que un tiburón groenlandés, en este caso hembra, ha venido a revelar un descubrimiento de lo más inesperado, el animalito estaba en camino de alcanzar los cuatrocientos años, y según se lee en la noticia, nació antes de que Velázquez pintara las Meninas.
(Naturalmente su muerte no ha sido por causa de la edad, ya que el hombre ha intervenido al ser su único depredador).
Todo esto nos hace entrar en la reflexión de que se puede vivir casi eternamente, si comparamos esa existencia con la humana. 400 años es mucho tiempo para un ser humano y nuestro ritmo de vida, Nosotros nos quemamos pronto, el tiburón del Ártico no, ¿tal vez porque el frío conserva?
Bromas aparte, lo cierto es que si el frío conserva la vida de estos escualos, también alarga las etapas de su existencia. Ahora bien, hemos de tener en cuenta que el tiburón del Ártico crece a razón de un centímetro al año y esto significa ya de por sí toda una explicación.
Imaginemos por un momento que los humanos empezáramos la existencia creciendo a ese ritmo. Todo sería diferente para nosotros, nuestro cuerpo se desarrollaría lentamente y nuestra mente también, con lo que ambas cosas significan a nivel tanto personal como social. Así podríamos vivir cuatrocientos años pero a ritmo de lentitud extrema, lo que conformaría una existencia totalmente ajena a la que vivimos tanto a nivel personal como social. Teóricamente la población habría de disminuir y las ambiciones, tanto personales como políticas, también. Sería un mundo nuevo y extraño en nada semejante al que conocemos.
Esos sabios locos que tanto abundan escudados en sus estudios y su inteligencia, afirman que con el tiempo el ser humano puede llegar a vivir mil años, ¡los dioses nos libren de semejante desatino!, ¿qué haríamos entonces?, pues si vivir una existencia corriente de setenta u ochenta años, puede conllevar muchos momentos amargos, falta de dinero, mala salud, fracasos y decepciones variadas, ¿por cuánto no se multiplicarán en cuatrocientos años? No quiero ni pensarlo.
Afortunadamente no somos el tiburón del Ártico, por otra parte no ejemplar único en cuanto a longevidad se refiere, ya que las almejas pueden llegar a vivir quinientos años, y yo me pregunto si les aprovecha de algo; también las tortugas, que no se caracterizan por llevar una vida muy agitada precisamente, viven doscientos años.
En fin, que no me seduce el cuento de las vidas que pasan de los cuatrocientos años, o que “sólo” llegan a doscientos a ritmo de tiempos diferentes.
No envidio al tiburón del Ártico.
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