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El síndrome de Cenicienta o los riesgos de una educación equivocada

viernes 11 de agosto de 2017
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El síndrome de Cenicienta o los riesgos de una educación equivocada, por Estrella Cardona Gamio

Todos conocemos sobradamente el cuento de Cenicienta, hay un zapato perdido y un príncipe salvador. Hasta aquí nada extraño, desde niñas nos lo han venido narrando y lo hemos asimilado a la perfección: si eres chica has de sufrir y padecer, ser humillada y castigada, y todo lo has de aguantar con humildad y sumisión, porque al final llega el premio convertido en un hermoso príncipe que te hará muy feliz por siempre jamás y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Tal vez tardé mucho en despertar o quizá lo hice en el momento oportuno.

Cuando tenía los treinta más que cumplidos volví a ver La Cenicienta en el cine. Tal vez quería regresar a la infancia de nuevo porque siempre he admirado a Disney, y la vi y descubrí algo que no esperaba. Acababa de descubrir la trampa mortal en la que se educa a las niñas haciéndolas creer que ser mujeres consiste en no rebelarse, en aguantar sin protestas y en sonreír siempre, y lo peor del caso es que así nos han educado nuestras propias madres, nuestras tías y hasta nuestras abuelas, y nunca hemos reaccionado porque nos lo han inculcado en el subconsciente sin habernos dado cuenta de nada; fue un enorme descubrimiento. Y yo desperté yendo por la calle, al salir del cine.

Tal vez tardé mucho en despertar o quizá lo hice en el momento oportuno, el caso es que tuve mi pequeña revelación muy bien asimilada desde entonces. Durante siglos, a las mujeres se nos ha educado hasta inocularnos el complejo de siervo sin remisión de condena y no nos hemos rebelado, estaba bien si bien estaba, y aunque hubo sus conatos de rebeldía a través de los siglos, siempre naufragaron, incluso hoy se intenta minimizarlos mayormente ridiculizándolos. Pero la realidad existe y se va imponiendo poco a poco, incluso a pesar de las propias mujeres en más de un caso.

Cenicienta no debe limpiar lentejas una a una ni ir vestida de harapos, ni tampoco esperar a un hada madrina; Cenicienta debe escapar de su prisión, esa cárcel sin rejas, y huir al mundo haciéndose valer como ser humano, y no someterse a nadie que pretenda avasallarla de la manera que sea.

La Cenicienta moderna es el resultado de generaciones de mujeres que desdeñaron su potencial en aras del hogar, el marido y los hijos.

No es que ahora no haya príncipes azules, es que nunca los ha habido, el error está ahí. El día que muchas mujeres tomen conciencia de ello el problema dejará de existir y se habrá acabado el maltrato.

Un caso muy famoso en mi país fue el del marido que obligaba a su esposa a arrancarse los dientes con unas tenazas. Ese individuo era un psicópata y ella había llegado a lo más bajo de la sumisión. Mirado desde fuera parece inconcebible, y sin embargo la historia es cierta.

La Cenicienta moderna es el resultado de generaciones de mujeres que desdeñaron su potencial en aras del hogar, el marido y los hijos, que se anularon como seres pensantes y prefirieron la obediencia a la propia iniciativa, y ya es hora de despertar porque el de la Bella Durmiente tampoco es un ejemplo a seguir.

Estrella Cardona Gamio
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