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Un escritor injustamente olvidado

sábado 28 de octubre de 2017
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Rafael Sabatini
Muchas de las novelas de Rafael Sabatini fueron llevadas al cine logrando grandes éxitos.

Me refiero a Rafael Sabatini, de quien el gran público poco o nada se acuerda.

Murió en 1950 y había nacido en 1875 en Italia de padre italiano y madre inglesa, ambos cantantes de ópera.

Debido al trabajo viajero de ambos, su infancia, y aun su adolescencia, conoció países y centros de enseñanza diversos, en donde adquirió cultura y también leyó muchísimo, principalmente a Alejandro Dumas y Walter Scott, lo que influyó en su posterior carrera literaria.

Las novelas de Sabatini son muy interesantes y están bien documentadas, ya que no en balde son obras de trasfondo histórico.

Sus padres querían que tuviese un trabajo estable y bien remunerado y él lo intentó pero finalmente pudo más su vocación, y se dedicó a escribir, obteniendo el éxito con sus novelas de capa y espada, entre las que destacaremos Scaramouche, El halcón del mar, El cisne negro, Bellarion, El santo errante y muchas más cuya enumeración sería muy larga de exponer, todas magníficas novelas de aventuras situadas en diversas épocas históricas, todas escritas con fluidez y amenidad que le convirtieron en un autor muy leído, y por ende consagrado.

Muchas de sus novelas fueron llevadas al cine logrando grandes éxitos. Por ello me entristece muchísimo que actualmente sea tan poco conocido y, lo que es peor todavía, que las editoriales no se decidan a publicarle como debieran. Hubo una en Barcelona, hace pocos años, que sí se lanzó con una de sus obras, y la acogida del público fue tan fría que me reveló lo enormemente que habían cambiado las preferencias del lector en no demasiados años. Ya no atraían las novelas de aventuras con trasfondo histórico; lo que gustaba, y sigue gustando porque no ha trascurrido tanto tiempo, son las novelas de deglución rápida tipo telefilm, mayormente con sexo entreverado y situaciones idiotas de diálogos llenos de lugares comunes, escritas con rapidez en su mayoría y por ello mal escritas. Con eso no quiero decir que no haya buenas novelas, sólo que las que triunfan masivamente son siempre novelas que tienen un público determinado y muy abundante para delicia de los editores comerciales, público al que le asusta la cultura y que no sabe apreciar siquiera pasajes muy bien escritos, porque lo que este público quiere es ir al grano y no perderse en descripciones.

Las novelas de Sabatini son muy interesantes y están bien documentadas, ya que no en balde son obras de trasfondo histórico. Sus personajes conectan con el lector y llegan a resultarle entrañables.

Yo tuve la suerte de tener un pariente, mi tío Miguel, que poseía una vasta y muy selecta biblioteca resultado de muchos años de compras cuidadosamente escogidas dentro de todos los estilos; allí descubrí a Rafael Sabatini y me convertí en su incondicional. Era un tipo de lectura que una preadolescente podía leer con la mayor tranquilidad mientras se enriquecía culturalmente. Muchas películas de éxito se basaron en ellas.

El legado del novelista es su obra, como sucede con todos los escritores, una obra que conserva su memoria y le otorgará la inmortalidad.

Mas, al parecer, de ahí mi disgusto cuando me enteré, años después, de que aquel intento de resucitar estos libros ha desaparecido actualmente porque el público prefiere otros temas. Fui lectora antes que escritora; la lectura siempre ha sido mi mejor maestro en este oficio y le estoy muy agradecida.

Sabatini escribió hasta edad avanzada y, aunque fuera un autor de reconocida fama y grandes éxitos, al llegar a sus últimos años de vida tuvo que afrontar el dolor de dos pérdidas insuperables, primero la muerte de su hijo en un accidente de coche y años más tarde la de su sobrino, piloto de la RAF, quien sobrevolando la casa en la que vivían el escritor y su madre, cuñada y segunda esposa de Sabatini, tuvo la desgracia de estrellarse delante de sus ojos.

El escritor no pudo sobreponerse a este nuevo impacto.

Siendo su descendiente hijo único, el legado del novelista es su obra, como sucede con todos los escritores, una obra que conserva su memoria y le otorgará la inmortalidad.

Su viuda hizo colocar en su tumba las líneas con las que Sabatini empieza Scaramouche. Son estas:

Nació con el don de la risa y con la sensación de que el mundo estaba loco…

Estrella Cardona Gamio
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