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La huella negativa de un primer gran éxito

jueves 29 de noviembre de 2018
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Sir Arthur Conan Doyle
Sir Arthur Conan Doyle llegó a aborrecer tanto a su personaje Sherlock Holmes que acabó matándolo, por lo que sus lectores protestaron enfurecidos.

Cuando el escritor ha tenido un gran éxito con su primera obra publicada, se encuentra con un grave problema aunque no llegue ni a imaginarlo.

En primer lugar serán los editores los que le amargarán la vida exigiéndole novelas calcadas de la primera porque así les ha gustado a los lectores, y en caso de ser posible, incluso una saga sobre el mismo tema.

Naturalmente, como este autoplagio no agrada al novelista, ello puede ser motivo, si no claudica, de que le despidan y se lo encarguen a otro, pero si cede, el libro se escribirá y, como ha sido realizado por imposición, no tendrá éxito y le lloverán críticas e incluso puede que sea arrinconado y el autor también, y posteriormente olvidado.

Es peligroso gustar demasiado a un público al cual llegamos a convertir en exigente e insaciable.

Esta es la razón por la cual autores de renombre han preferido escribir nuevas novelas con uno, o varios, seudónimos diferentes. La autora de Harry Potter es un ejemplo de ello; cuando lo ha hecho con el suyo propio, J. K. Rowling, los lectores no se lo han aceptado y lo ha tenido que camuflar bajo otro nombre para ser aceptada sin su personaje estrella. Aunque fue aceptada con reparos en cuanto se le descubrió el secreto.

Esta es una costumbre muy fea del público lector mal acostumbrado como los niños caprichosos. Otro ejemplo a citar es el de Agatha Christie, quien un día, harta de crímenes, adoptó una personalidad diferente y con ella presentó una serie de novelas de temática por completo diferente y el resultado fue el que era de esperar, pues pocos saben que era la autora de Cinco cerditos.

Sí, es peligroso gustar demasiado a un público al cual llegamos a convertir en exigente e insaciable. Ejemplo de ello lo tenemos en Sherlock Holmes y su autor Conan Doyle, quien llegó a aborrecer tanto al personaje que acabó matándolo.

En ese desdoblamiento tan característico de los novelistas, Holmes le había usurpado el protagonismo al individualizarse y su autor lo quitó de en medio, pero no contaba con los lectores, que protestaron enfurecidos hasta el punto de tener que resucitarlo con una nueva novela en la que hablaba de una antigua aventura del héroe.

Parece absurdo, ¿no?

Estrella Cardona Gamio
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