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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Un recuerdo de infancia

• Jueves 20 de diciembre de 2018

El “rostro” de Marte

He vuelto a Barsoom, papá, he regresado de nuevo otra vez pero en esta ocasión lo he hecho sola porque tú no estás, y no vas a volver, por suerte nos queda Barsoom. ¿Recuerdas como paseábamos por sus páginas de aquel papel tan fino, mientras tú, o yo, sosteníamos las tapas forradas de rojo, muy apropiado, de eso tan suave al tacto como era la piel sintética? Y tú leerías en voz alta, o yo para mí, cuando estaba a solas ansiosa de saber las aventuras de John Carter para luego volverlas a escuchar de nuevo en tu voz, costumbre muy infantil, o el culto a la repetición que tanto agrada a los niños. Así una y otra vez libro tras otro de la colección del guerrero de Marte… El Marte que nosotros idealizamos a través de la fantasía de Edgar Rice Burroughs. Un Marte con una princesa a la que había que salvar, así como también a un planeta agonizante, los trabajos propios de un héroe.

Cuando mi padre y yo leíamos estas novelas ningún artilugio humano había llegado a Marte, era suelo virgen para astronautas y sueños, también para la fantasía de un escritor que sin necesidad de naves interplanetarias hacía que su héroe aterrizara en Marte con sólo desearlo en la noche de una zona desértica de Norteamérica, atraído por la llamada del diminuto planeta rojo, abría los brazos, respiraba hondo y el inconcebible milagro ocurría, sobraba la técnica espacial.

¿Sabes por qué he regresado a Barsoom, papá? Pues porque ya no hay fantasía, ni sueños, porque la realidad lo invade todo de mil formas groseras y vulgares.

Yo de pequeña lo intenté alguna vez, pero mis ventanas chocaban con edificios más altos y, claro, no lo conseguí. Entonces tampoco abundaban, como es natural, fotos de los paisajes marcianos, a lo más se suponía pero de ahí no se pasaba; qué diferente es ahora, papá, que ya se editan libros con fotografías de hermosos, y desolados, paisajes marcianos, extensiones rojizas sembradas de piedrecillas y tierra muerta bajo un cielo que parece enfermo, montañas y colinas limadas por el tiempo, silencio sólo roto por el viento, y nuestra pequeña sonda avanzando con torpeza entre tierra y guijarros, tan conmovedoramente sola. Ahora dicen que hay grandes reservas de agua en el subsuelo, y eso ha llenado de gozo a los científicos quienes en su delirio de sabios sólo ven crecer vergeles allí donde durante siglos no ha crecido un triste hierbajo desde que el planeta murió… Durante siglos, qué solitario suena. Durante siglos se ha especulado en una hipotética vida marciana, ¿la hubo?, se le supone al menos, pero la fantasía se desboca cuando se descubren los desconcertantes “canales de Marte”, ¿son naturales, los hizo alguien? Han transcurrido muchos años desde entonces y la incógnita continúa a pesar de todos los adelantos porque de cierto nada se sabe y mucho se ha especulado y se especula.

Recuerdo, hace unos años, que se dio como noticia la foto in situ de una cara humana, no cabeza sino rostro, una cara perfecta con ojos, nariz y boca, que se podía contemplar muy bien. Primero se quiso creer que era un rostro esculpido en una montaña marciana, pero finalmente se desechó la suposición y nadie volvió a mencionarla, dejando la respuesta en el misterio y posteriormente en el olvido.

Ese Marte tan despojado de encanto nunca me ha gustado, no es nuestro Barsoom, papá, Barsoom como lo bautizara Edgar Rice Burroughs en su saga marciana de fantásticas aventuras y más fantásticas descripciones de ese planeta que en la antigüedad se adjudicó al dios de la guerra. Recuerdo que tú hiciste un dibujo de Barsoom y lo guardamos cuidadosamente doblado entre las páginas de uno de los libros de la colección, pero el libro, fueron varios libros, se perdieron en una mudanza y nos quedamos sin Barsoom. Supongo que quien lo encontrase se sorprendería mucho.

¿Sabes por qué he regresado a Barsoom, papá? Pues porque ya no hay fantasía, ni sueños, porque la realidad lo invade todo de mil formas groseras y vulgares y nos está asfixiando poco a poco. Es una contaminación contra la que no se puede luchar porque la gente es tan insensible que no se da cuenta de nada, por eso he regresado a Barsoom, a un mundo imaginario pero hermoso, un mundo que siempre existirá mientras haya alguien que se refugie en él para huir de la realidad.

Estrella Cardona Gamio

Estrella Cardona Gamio

Escritora española nacida en Valencia. Licenciada en bellas artes, pintora e ilustradora, ha realizado exposiciones tanto personales como colectivas. Publicó en 1978 la novela El otro jardín (edición de la autora) y en 2006 el libro de relatos La dependienta (Nostrum). A partir de esta fecha ha ido publicando para el sello editorial C. Cardona Gamio Ediciones, creado por su hermana María Concepción, novelas, relatos, cuentos infantiles y ensayos. Ha colaborado en periódicos y revistas con artículos y relatos cortos de géneros gótico y policíaco, y ha dirigido y presentado programas de radio.

Sus textos publicados antes de 2015
111
Ciudad Letralia: Atalaya
Editorial Letralia: Los mejores libros de la década (coautora)
Editorial Letralia: Q. En un lugar de las letras (coautora)
Editorial Letralia: 12 años de Letralia. Literatura y bits desde la Tierra de Letras (coautora)
Editorial Letralia: XIII. Experimento de letromancia (coautora)
Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautora)
Editorial Letralia: Poética del reflejo. 15 años de Letralia (coautora)
Editorial Letralia: Letras adolescentes. 16 años de Letralia (coautora)
Editorial Letralia: El extraño caso de los escritos criminales. 17 años de Letralia (coautora)
Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautora)
Estrella Cardona Gamio

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