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Escritores

miércoles 29 de mayo de 2019
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Escritores, por Estrella Cardona Gamio

El escritor, genéricamente hablando, no es uno sino muchos, pero como estamos cortados por el mismo patrón, basta uno para verlos a todos. Existen variantes, o sea tipos, prototipos, mejor dicho, pero no son demasiados, por eso es fácil clasificar al escritor.

El escritor es un ser, independientemente de su sexo, que escribe novelas, relatos, cuentos, etc., también poesía, por supuesto, y escribe como espoleado por un afán imperioso, como si en ello le fuese la vida y algo hay de cierto en eso. Una vez me dijo Mario Muchnik que “el escritor si no escribe se muere”, y estoy de acuerdo con él. Porque la existencia real de un escritor es lo que escribe, y si no lo puede hacer comienzan los problemas.

La impaciencia de cualquier autor por ver reconocidos sus méritos viene de antiguo porque, lamentablemente, eso va unido a la profesión.

Una muestra histórica la tenemos en Schiller, a quien, en castigo por haber escrito Los bandidos, demasiado subversiva para la época, castigaron a no escribir, con el resultado de la fuga del joven dramaturgo hacia tierras menos severas.

El escritor escribe, tanto da que sea bueno o malo, escribe y lógicamente desea que su obra reciba el aplauso general, como el pintor con sus cuadros o el compositor con su música, eso es natural y humano y no debemos burlarnos; sin embargo, muchas veces la obra no está a la altura de las expectativas soñadas, o bien recibe la incomprensión del público. No voy a decir ahora que el público siempre tenga la razón, porque muchas veces su incultura o adocenamiento le empuja a aplaudir obras mediocres pasando olímpicamente de obras de gran calidad que pueden ser ignoradas para siempre o bien recuperadas cuando su autor ya ha fallecido; tristes ejemplos los tenemos en Herman Melville con su Moby Dick, y en Edgar Allan Poe.

Actualmente, con los medios electrónicos que existen de autopublicación, las cosas se han simplificado bastante, pero ello no quiere decir que los viejos problemas hayan sido erradicados. La impaciencia de cualquier autor por ver reconocidos sus méritos viene de antiguo porque, lamentablemente, eso va unido a la profesión. Hay quien renuncia a escribir, como Melville; hay quien se suicida, como John Kennedy Toole, y ninguno de los dos ejemplos es recomendable.

En la profesión existen varios tipos de escritor entre los cuales podríamos vernos clasificados: el que escribe para comer, el hormiguita, el impaciente, el depresivo, el triunfalista, el florero y el escritor milagro.

Empezaremos por este último el análisis.

El escritor milagro es aquel que escribe por disfrutar de lo que hace sin ningún tipo de pretensión, es más, ni siquiera sueña con laureles, escribe porque le gusta y ya está. Pero un día, alguien le aconseja que envíe a editoriales su novela, y él, en broma, lo hace; indudablemente carece de ambiciones, mas, para asombro de propios y extraños, su obra cae en gracia de una editorial y de la noche a la mañana conoce fama y dinero sin haberse propuesto nunca que tal cosa llegara a suceder. La parte negativa la tiene que este autor se pensará que todo es muy fácil porque así a él le ha ido, y eso, a la larga, puede serle perjudicial.

El escritor que escribe para comer merece todos los respetos, puede trabajar de negro o bien a destajo.

El escritor florero es aquel que se perece por figurar, salir en la foto, y que disfruta más en presentaciones, conferencias, fiestas, entrevistas y firmas de libros, que escribiendo. Se suele tener en muy alta estima y por consiguiente con un ego desbordado. Acostumbra a darse entre los consagrados, aunque hay quien no lo es y obra de igual manera.

El escritor triunfalista es el que se cree importante sin serlo y allá por donde va se pavonea dándose importancia, suele aconsejar a los novatos, cuando él necesita bastantes consejos y es maestro en el autobombo.

El escritor depresivo es un amargado que escribe porque le gusta pero con la convicción de que jamás triunfará.

El impaciente vive en el constante sufrimiento de no ver su obra aclamada y alcanzando los primeros lugares del top ten. Puede que triunfe algún día pero con úlcera de estómago.

El hormiguita, ese es el mejor; para él, escribir es un placer, y va paso a paso, y sin perder los nervios, con infinita paciencia; finalmente logrará su propósito.

En cuanto al escritor que escribe para comer, merece todos los respetos, puede trabajar de negro o bien a destajo, obedece imposiciones de las editoriales o de los novelistas que lo contratan, nunca será conocido con su nombre, pues escribiendo a destajo suele emplear seudónimo, e injustamente pasará, con más pena que gloria, por el universo literario.

Estos son los siete tipos entre los que yo dividiría al escritor.

Estrella Cardona Gamio
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