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Cómo estimular la lectura en los niños

viernes 22 de julio de 2016
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Cómo estimular la lectura en los niños, por Benedicto González Vargas

Como profesor de lengua y literatura siempre estoy muy cerca de los libros. Leo muchos libros, hago leer libros y busco incentivar la lectura, permanentemente. No obstante, cada vez es más evidente que nuestros estudiantes leen poco y que el gusto por la lectura está muy, pero muy lejos más atrás que el interés por las pantallas interactivas, por ejemplo.

Sin embargo, la inmensa mayoría de las evaluaciones nacionales, internas y externas, y más adelante, la prueba de ingreso a la universidad y el desarrollo académico posterior, están siempre ligados a la lectura, cuyo hábito debemos formar desde pequeños.

Acomode los libros en lugares fáciles de alcanzar para que se conviertan en una opción más atractiva que la televisión o los videojuegos.

Leo en un ejemplar de La Hora, de abril de este año, que la psicóloga María José Camus, del Programa Aprender en Familia de la Fundación CAP, dice que “nunca es demasiado pronto para incentivar a los niños a que se acerquen a la magia de los libros”. Según ella, se requiere que los padres estimulen la lectura permitiendo que los hijos los vean leer, que lean con ellos, que les lean cuentos y revisen juntos las páginas de los libros ilustrados. Resume todo diciendo que hacer eso “es regalarles un momento de encuentro, un espacio para demostrarles cariño y afecto”. La misma profesional nos ofrece las siguientes sugerencias, que comentaré brevemente en cada caso:

  1. Elección: Los niños deben escoger los libros que despierten su curiosidad, ya sea por su color, forma, dibujos o contenido. En lo personal, cuando mis hijas eran pequeñas, las llevaba a las ferias de libros para que escogieran esos ejemplares que les gustaban. En el colegio, siempre dejo algún espacio para que un tercio de las lecturas, aproximadamente, las elijan los estudiantes.
  2. Participación: Hacer de la lectura una actividad entretenida e intercambiar ideas respecto a lo que sucede en la historia. En lo familiar, las conversaciones sobre libros siempre están presentes. En el colegio siempre hay espacio para conversar de los libros, en forma guiada por el profesor en una clase específicamente dirigida a conversar sobre el libro que se está leyendo, pero debo decir que no siempre los estudiantes son tan participativos como uno quisiera, especialmente los mayores.
  3. Leer a diario: Para crear el hábito, se aconseja leer con sus hijos entre 10 y 20 minutos todos los días, dependiendo del ritmo de cada niño. En este aspecto, aunque no fue todos los días, siempre con mi esposa tratamos de leer con nuestras hijas, que resultaron estupendas lectoras, las tres, incluso hay una, Helein, que escribe muy bien.
  4. Libros al alcance: Acomode los libros en lugares fáciles de alcanzar para que se conviertan en una opción más atractiva que la televisión o los videojuegos. No sé si se convierten en algo más atractivo, pero sí en algo distinto y eso los niños lo valoran. Siempre he tenido una importante biblioteca en mi casa, con más de cinco mil volúmenes, pero los libros de las niñas, en su habitación, en un librero bajo donde ellas podían sacar y guardar los libros a su gusto y necesidad.
  5. Niños mayores: A los niños mayores recomendarles un libro acorde a su edad e intereses. Las historietas, revistas de deportes o moda, son una buena alternativa. En lo personal, mis hijas ya tienen 15 y 18 años, y les recomiendo o regalo textos de sus intereses, revistas de arte para mi universitaria hija artista plástica y cuentos de sus personajes favoritos, para mis hijas de secundaria.

Hasta aquí las sugerencias de la psicóloga María José Camus, pero permítanme agregar otra:

  1. Adultos como ejemplo: Que los adultos leamos, que nuestros hijos, niños y jóvenes nos vean leer, que nuestros estudiantes nos vean leer, siempre se constituye en un ejemplo y no pocas veces los estudiantes o mis hijas me preguntan sobre qué trata el libro y en un 30% de las ocasiones, al menos, me terminan pidiendo el libro para cuando lo termine. Si los padres o profesores no leen y eso lo notan los niños, no hay referente, no hay ejemplo y no hay estrategia que sirva.
Benedicto González Vargas
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