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Cuyi al plato… con arroz

jueves 28 de marzo de 2019
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Cuyi al plato... con arroz, por Benedicto González Vargas
No quiero comer cuyi… yo creo que a mi gata Laila le gustaría, pero a mí no me den…

Hoy en Chile tenemos una gran cantidad y diversidad de personas que provienen de otros países, y aunque siempre hemos recibido inmigrantes, la diferencia es que ahora las oleadas no son de una sola nacionalidad por vez (como antes fueron las llegadas de italianos, croatas, españoles, alemanes, palestinos, chinos, coreanos, peruanos); ahora son muchos los que llegan simultáneamente, como haitianos, venezolanos, dominicanos, bolivianos, ecuatorianos, etc. Lo que ha llenado nuestras ciudades de una extraordinaria y agradable variedad de acentos, costumbres, ritmos y comidas… Me encanta este Chile multicolor y diverso, los inmigrantes nos aportan su trabajo y su cultura y siento que salimos ganando.

Así las cosas, he tenido la fortuna de ir probando algunos platos que han remozado la carta a la que podemos acceder. Los restaurantes peruanos que abundan ahora en mi país nos han demostrado por qué la comida de esa nacionalidad es una de las más preciadas del mundo. También he comido arepas venezolanas y majadito boliviano, y tanto la yuca como el rocoto y la mazamorra de maíz morado han pasado a ser insustituibles en mi alimentación… pero —siempre hay un pero— hay un plato que no creo tener la voluntad de probar, por mucho que me digan que es delicioso… Se trata del cuy o cuyi, como le decimos en Chile.

Para mi inculto paladar siguen siendo ratones y me alegro que los encuentren deliciosos, pero por favor no en la mesa en que yo como.

En lo personal, por mi atávica aversión a los roedores que han amenazado en ocasiones comerse mi biblioteca, animalitos que por más que Hollywood quiera hacerme creer que son encantadores, no logran provocarme más que distancia y franco rechazo.1

Por eso cuando converso de comidas con mis amigos peruanos y bolivianos, generalmente sale el tema del cuyi y no han sido pocas las veces que me han dicho que me lo harán probar sin que yo sepa; como sean las cosas y por muy sabroso que me digan que es, no me animo a probarlo. Las presentaciones que he visto en fotografías no ayudan tampoco. Me han dado muchos argumentos respecto de la limpieza de estos animalitos, pero para mi inculto paladar siguen siendo ratones y me alegro que los encuentren deliciosos, pero por favor no en la mesa en que yo como.

Todo lo anterior me hace recordar una vieja anécdota del inefable Pablo Neruda en su primera visita a la República Popular China. Como gran agasajo le sirvieron cuyi con arroz, lo que impresionó mucho al vate. Para no ver el animalito en el plato, empezó a cubrirlo con el arroz con la esperanza de poder devolver el plato sin probar la carne del roedor. Cuenta Neruda que habiendo logrado su propósito, nada se veía del cuyi y él disimulaba comer poco para salir del paso pronto. Sin embargo, un amable garzón, viendo que el invitado no tenía cuyi, supuso que le había encantado y con toda amabilidad y una enorme sonrisa… ¡le sirvió otro!

Así que para no pasar el bochorno nerudiano, digo a mis amigos peruanos y bolivianos, de todo corazón y con toda veracidad, me encanta su comida, es deliciosa, pero por favor, no me den cuyi… no quiero comer cuyi… yo creo que a mi gata Laila le gustaría, pero a mí no me den…

Benedicto González Vargas

Notas

  1. Mickey y Minnie Mouse, su primo Mortimer, Pixie y Dixie, Super Ratón, Stuart Little, Speedy González, Jerry, Remi y Emile (de Ratatouille), Pinky y Cerebro, Topo Gigio, Timoteo (de Dumbo), Gus, Jack y Perla (de Cenicienta), Fievel, Splinter, Bernardo y Bianca, Roquefort (de los Aristogatos), Ratikate (Pokémon), el ratón Pérez y otro montón de los que no quiero acordarme, no me harán cambiar de opinión.