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Juan Antonio Massone:
“Soy siempre alguien que se parece a quien soy en lo más insondable”

viernes 11 de noviembre de 2022
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Juan Antonio Massone
Juan Antonio Massone: “Soy la persona con quien más converso. Y siempre está Él, el gran otro”.

Juan Antonio Massone es un poeta a cabalidad, esto es, vive su vida como vive su poesía, nutriéndose de sus experiencias más íntimas y significativas, expresándolas en un lenguaje elegante, pero jamás rebuscado y compartiéndolas a través de sus múltiples intervenciones públicas, ya sea en sus clases, en sus columnas literarias, en sus estudios, en sus libros y en esas conversaciones que, en ocasiones, uno tiene el privilegio de compartir con él.

Por otra parte, es necesario recordar que se trata de un poeta con más de una veintena de obras publicadas, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, profesor universitario de literatura de varias generaciones de literatos y profesores, articulista de diarios y revistas, en fin, una persona plenamente dedicada al oficio de escribir y de investigar sobre literatura.

Nos acercamos a él de la única forma que ha sido posible en estos últimos años, debido a la pandemia: virtualmente. Después de varios lustros sin encontrarnos, fue un reencuentro agradable y necesario para mí, que lo leo desde mis veinte años y fui su alumno de literatura un tiempo después.

Era inevitable no preguntarle sobre su obra y esas preguntas más sus respuestas se convirtieron en más que una conversación, en una entrevista que quiero compartir con ustedes.

 


 

La escritura de poemas es, en mi caso, el más íntimo, el más personal, quizás el más amplio en los tiempos.

—Sus afanes son compartidos entre la enseñanza de la literatura, la investigación académica —especialmente la lectura, análisis y publicación de ensayos sobre otros autores— y el ejercicio de la poesía. ¿Con cuál de estas actividades se identifica más?

—Todas las actividades desarrolladas por mí poseen sentido, aunque por supuesto a cada una la distinguen caracteres específicos. La escritura de poemas es, en mi caso, el más íntimo, el más personal, quizás el más amplio en los tiempos.

—¿Quién nutre a quién? ¿El poeta al profesor de literatura o éste último al poeta?

—Se es unidad. Las dimensiones se entretejen y mutuamente se influyen, pues las habilidades no son estancas, convergen en alguien, no como suma, sino en calidad de síntesis.

—A propósito de la educación, ¿qué sentido tiene para Juan Antonio Massone enseñar literatura, especialmente poesía, en este siglo XXI tan agitado, convulsionado y tan lejano al silencio, la meditación y la introspección tan necesarias para encontrar la esencia de la poesía?

—Las dificultades de ser persona, hoy, se relacionan con el aturdimiento que trae el bullicio y el decaimiento del espíritu. Esta deshumanización comenzó hace mucho, pero la superficialidad materialista, la pérdida de la lectura y de la conversación, han conseguido agravar los efectos nocivos de la tecnología —los hay positivos, por supuesto—, cultivando todo tipo de idolatrías: aparatos, íconos, hábitos contagiados con tanta desprevención como irracionalidad, además de los consabidos medios y consecuencias transformados en fines: poder, consumo, placer, adicciones.

—En su labor como académico de la lengua, debe usted estar atento a las modificaciones que se pretenden incorporar a nuestros usos lingüísticos, muchas de ellas forzados, como el lenguaje chat, el mal llamado lenguaje inclusivo y la gran cantidad de extranjerismos y barbarismos que nos acometen a cada rato y desde todos los frentes. ¿Para allá va nuestro idioma o son manifestaciones idiomáticas que no prevalecerán?

—La lengua es el elemento aglutinador de la cultura. El más vivo y dinámico. Existen extranjerismos bienvenidos, porque no disponemos de los vocablos específicos con los cuales referir algunos actos, puesto que no somos inventores de tecnología. Otros vocablos representan un uso equivocado. Respecto del lenguaje inclusivo, existen algunas situaciones aconsejables de duplicación. Incluso pueden ser muy antiguos los usos: “señoras y señores”, “damas y caballeros”, así como los nombres de ejercicios profesionales o de oficios y otros. Sin embargo, el doblete permanente es innecesario: ralentiza la comunicación, la torna majadera. En el caso del uso de la “e”, con el afán de crear un neutro, es mucho más problemático gramaticalmente. Los usos de vocablos tecnológicos correrán suertes diferentes: algunos perdurarán; de otros se encargará la lengua de sustituirlos con el tiempo.

Uno es genética y espiritualmente alguien singular. La escritura, cuando da cuenta de alguien y no de algo, hace presentes esas recurrencias.

—De lo que he leído de su obra —que sigo desde mis tiempos de estudiante universitario—, los grandes temas que cruzan su poesía son el amor, la espiritualidad, la otredad y el dolor. ¿Cuál es el origen de la recurrencia de estos temas? ¿Hay otros que cree necesario relevar en estos momentos?

—Cierto, esos temas me son constantes. El origen de éstos se identifica con la clave de mi ser. Uno es genética y espiritualmente alguien singular. La escritura, cuando da cuenta de alguien y no de algo, hace presentes esas recurrencias. Quizás debería agregar la crítica social, que he desarrollado con frecuencia desde hace algunos años.

—En Chile estamos pasando tiempos difíciles. Los diversos y distintos sectores sociales, políticos, económicos, étnicos, etc., parecieran no hacer grandes esfuerzos para escucharse ni para establecer un hogar común. ¿Qué papel debiera cumplir la literatura, la poesía en particular, para hacerse cargo de este momentum agitado y convulso? ¿Hay lugar para las artes en la sociedad que debiera proyectar la nueva Constitución?

—El tiempo representa un lapso de Los Tiempos. Nada de lo humano debería sernos ajeno, según dijera Terencio. Es verdad que esta etapa histórica —nacional e internacional— se caracteriza por la fragmentación y la consiguiente pérdida de lo universal. Es inadecuado esperar que un olmo dé peras. Sin embargo, la historia suele sorprender con versiones inesperadas, porque el sujeto humano es, también, insólito.

—Hace algunos años participaba activamente de instituciones como la Sech, el Ateneo, la Agrupación de Amigos del Libro, aparte de la Academia y la universidad, por cierto, ¿en qué está hoy Juan Antonio Massone, en cuanto a su participación activa en instituciones literarias?

—Actualmente participo en la Academia Chilena de la Lengua y, circunstancialmente, en actividades de charlas, jurados literarios o entrevistas. Mantengo, desde hace nueve años, una columna semanal (jueves) en La Prensa, diario de la Región del Maule.

—La Academia de la Lengua aparece como una institución muy elitista y poco conectada con la ciudadanía. ¿Qué haría Massone para vincularla más con la sociedad, especialmente con la juventud?

—La Academia recibe en su seno a quienes considera solventes respecto de los trabajos que debe desarrollar, sobre todo en los estudios de nuestra lengua, pero todo el quehacer suyo se lleva a cabo en beneficio de los hispanohablantes. Hemos participado en textos escolares, concursos para escolares, publicaciones de difusión, notas idiomáticas, algunos libros especiales. Sexo, género y gramática; Lo pienso bien y lo digo mal; 640 frases que caracterizan a los chilenos, amén de los volúmenes panhispánicos, a los que concurre nuestra Academia, junto a las otras veintidós, incluida la Real Academia Española. Es deseable que pudiéremos disponer de mayor cobertura en la prensa y en los medios. Disponemos de sitio electrónico y varias actividades son subidas a las redes sociales.

—La lectura es un eje fundamental en su vida. ¿Qué está leyendo ahora? Y aprovechando el momento… ¿qué está escribiendo ahora?

—Siempre leo varios libros simultáneamente. Obras de mitología y leyendas germánicas y nórdicas han disputado mi atención e interés. Pero no faltan poemarios y narraciones que acuden a la cita.

No tengo problema alguno si estoy solo. Soy la persona con quien más converso.

—En estos tiempos de Covid-19, confinamiento, clases y reuniones telemáticas, ¿cómo se ha enfrentado al día a día en que parece que todas las actividades y lugares en que uno las ejerce se han apropiado de los espacios de nuestra casa?

—Terminé por acostumbrarme a las clases telemáticas. Las prefiero en cuanto ahorro de tiempo y traslado. No tengo problema alguno si estoy solo. Soy la persona con quien más converso. Y siempre está Él, el gran otro.

—¿Sigue siendo Chile un país de poetas o la literatura más comercial, desechable en muchos casos, ha ido borrando esas profundidades poéticas de antaño y convirtiéndolas en superficialidades más emparentadas con lo que hoy se ufana en denominar “versificación urbana”?

—Las épocas dejan sus huellas y sus preferencias en muchos libros. El peso interior específico de muchos autores es más leve que lo conocido hace algunas décadas; sin embargo, existen muchísimas obras muy interesantes en la actualidad, aunque no siempre sean todas de literatura.

—¿Quién es Juan Antonio Massone hoy? Con casi medio siglo de labor literaria y docente, ¿ha evolucionado en lo literario, lo personal, lo espiritual? ¿Más cerca del poeta llamado Dios o del antipoeta Lucifer?

—Soy siempre alguien que se parece a quien soy en lo más insondable, porque estoy conformado por tantos factores: mis altibajos, mis coherencias y mis resquebrajaduras, entre muchos más. En el supuesto de ser poeta, jamás pretendería ser un dios. Soy hombre y, como dice el proverbio, no salto fuera de mi sombra. Mucho menos, en mi caso, me inclinaría a ser un portavoz de Lucifer. La palabra poética, si aspira a ser veraz en el espíritu, no puede prestarse a quien es, por esencia, mentiroso, torcido, embaucador y necrófilo.

Complemento mi respuesta con este poema:

Credo

Creo en la Palabra Todopoderosa
Que deposita semillas de cielo en el polvo,
Suspira de júbilo o silenciosa se tiende
En la entraña invisible de los vientos;
Creo en Verbo, misterioso abrazo de sílabas,
Concebido por obra y gracia del silencio
Y grávida deja a las almas tornasoles
Sin que le amedrenten desiertos o cenizas,
Ni el artero vacío del absurdo en tumulto.

Creo en la Palabra que padece la espina
Del aire y en cuyo expolio se ensañan
El ruido mercantil y la zozobra del tiempo;
Creo en los ojos inocentes, en los dedos
De luces y de brisas, la mirada crucial
Y la mano que no rehúyen abandono.

Creo en el Espíritu, animador de lo inerte
Cuando más inesperado: desata nieve en estío
Y despunta su albor cuando la duda hiere.
Creo en la santidad peregrina de los labios,
En el feliz reencuentro de todas las ausencias,
En el postrer perdón a la mezquina arrogancia,
En el vigor lustral de agónicos escombros
Y en la perenne Voz que acoge a todo nombre.

Amén

Y con estos versos, que provienen de la esencia más pura del poeta en permanente poetica conditio, cerramos esta entrevista que augura un pronto reencuentro presencial y el ejercicio de una conversación siempre amena, culta, nutritiva, como todas las que se tienen con este poeta intenso, maestro de maestros y amigo leal y entrañable.

Benedicto González Vargas
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