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Personajes lectores en María, de Jorge Isaacs

martes 25 de mayo de 2021
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Personajes lectores en “María”, de Jorge Isaacs, por Berenice González Godínez
Las obras literarias mencionadas en María, de Jorge Isaacs, guardan relación con las características de los protagonistas, así como con la conformación del orden social y la estructura formal de la misma obra. Fotograma de “María” (1922), película dirigida por Máximo Calvo Olmedo y Alfredo del Diestro

El arte de la lectura, antología digital por los 25 años de Letralia

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2021 en su 25º aniversario

La complejidad con la que pueden estar formulados los personajes de una obra literaria, en especial de una novela, a veces resulta asombrosa. No sólo por la profundidad de sus emociones y acciones, sino por todos los elementos —a veces indirectos— que delimitan con más credibilidad la personalidad de los entes de ficción. Esto sucede con María, del colombiano Jorge Isaacs, en la cual la mayoría de los personajes están configurados con un comportamiento muy específico a través de la mirada de Efraín, protagonista y narrador de la historia.

El hecho de que conozcamos a los personajes por medio de una voz autodiegética limita una percepción clara de ellos, ya que la posición de Efraín impide confiar por completo en la caracterización que él hace de cada personaje, pues al leer toda la novela es evidente que la construcción de los personajes depende también de los sentimientos de Efraín, pero ¿podríamos encontrar elementos que nos hagan corroborar las descripciones que realiza de los caracteres e incluso de sí mismo?

Tal cuestión podría responderse negativamente, porque si Efraín es el narrador, sólo nos queda creer ciegamente en su percepción. A pesar de esto, en distintos capítulos de la novela se mencionan títulos de libros pertenecientes a la biblioteca de Efraín y que leía él, María o Emma. A primera vista se puede creer que sólo corroboran que a Efraín le gustaba la lectura o que simplemente Jorge Isaacs los nombró para seguir una tradición “romántica” y evidenciar su propia erudición, pero en realidad ¿qué aportan a la novela?

Los títulos de los textos son mencionados en distintos capítulos, pero el más importante es el XXII, porque en él se hace un listado de los nombres de los libros de Efraín cuando éste tiene una conversación con Carlos.

Para empezar, lo interesante es que los títulos y los autores sí existen y aunque tan sólo se nombren rápidamente sin profundizar en ellos, en realidad son pequeños guiños reales y externos que ayudan a comprender mejor la obra. Es decir, las obras literarias en la novela guardan relación con las características de los protagonistas, así como con la conformación del orden social y la estructura formal de la misma obra. Si bien en este ensayo no atenderé a todas, sí me centraré en las obras que principalmente complementan la estructuración de las personalidades de María y de Efraín.

Los títulos de los textos son mencionados en distintos capítulos, pero el más importante es el XXII, porque en él se hace un listado de los nombres de los libros de Efraín cuando éste tiene una conversación con Carlos. En esta sección evidentemente sólo conocemos las preferencias de Efraín, entre ellas William Shakespeare, Calderón de la Barca, Hernán Cortés, Hugh Blair, François-René de Chateaubriand, Denis Frayssinous, Alexis de Tocqueville y Miguel de Cervantes, además del teatro español, la gramática inglesa y La Biblia. Sin embargo, de estos autores sólo se dicen los títulos específicos de dos libros: Don Quijote, de Cervantes, y La democracia en América, de Tocqueville, mientras que de Chateaubriand se toma El genio del cristianismo y Atala, aunque éstos se nombran desde los capítulos XII y XIII.

Al inicio, con sumo cuidado Jorge Isaacs se preocupa por dejar claro que Efraín es un joven que estudia, lee y le gusta escribir, por lo que su predilección por el teatro y la poesía, así como la narración con tintes poéticos, sí adquiere bastante sentido en manos de Efraín, como si las lecturas influyeran en el tipo de descripciones que utiliza cuando habla de la naturaleza o de María. De igual forma, entre sus libros tenía una gramática inglesa, lo cual reafirma su nivel educativo, dejando ver que tenía interés por otra lengua y que además guarda relación con el viaje que hizo para terminar sus estudios de medicina en Inglaterra.

Por otro lado, si algo sobresale de la novela es el tema de la religión, ya que de acuerdo a la narración de Efraín, su familia era muy creyente, pero también los esclavos, quienes se habían convertido al cristianismo, como Feliciana. De hecho el cristianismo se presenta como la religión por excelencia en la novela y se le respeta sobremanera; así, no es extraño que Denis Frayssinous, François-René de Chateaubriand y la misma Biblia estén en la colección de Efraín.

En cuanto a Frayssinous, a pesar de que no se dé ninguno de sus títulos, su obra más famosa es Defensa del cristianismo, ó, Conferencias sobre la relijion (sic), donde se incluye el culto a la divinidad, las primeras nociones de Dios y algunos principios religiosos de la moral y la sociedad, así como testimonios de milagros y la fundación del cristianismo. Señala Frayssinous (1828): “Mi objeto (…) será sacarlos de su fatal olvido de la Divinidad, escritar en sus almas los sentimientos relijiosos amortiguados, pero no extinguidos, y combatir esos sofismas dirijidos a justificar el hábito verdaderamente monstruoso de vivir sin tributar ninguna clase de homenaje á la suprema Majestad” (sic) (p. 8). Estas palabras sobresalen si se relacionan con el culto persistente a Dios y la Virgen a través de la fe de la mayoría de los personajes, quienes constantemente rezan o llevan consigo rosarios, como Lucia y Tránsito.

Uno de los personajes que mejor se identifican con la religiosidad es María, en especial porque el misticismo es lo que está más enlazado con ella en dos sentidos: el primero tiene que ver con su propia creencia, dado que en varios fragmentos se describe a María rezando, hablando con la Virgen o llevándole flores al oratorio, y el segundo está relacionado con su propio nombre cristiano, María, su descripción física y su comportamiento, pues Efraín la describe como un ser angelical, puro y bondadoso, como si se tratara de una virgen: “Pude ver sus pies primorosamente calzados, su paso ligero y digno revelaba todo el orgullo, no abatido, de nuestra raza, y el seductivo recato de la virgen cristiana” (Isaacs, 1975, p. 21). No obstante, Efraín no es el único que coincide con este binomio María-Virgen, sino que Tránsito también la apoda “la Virgen de la silla”.

Tal personificación de María se complementa efectivamente con dos obras que ella leía: la Imitación de la Virgen y El genio del cristianismo. El primero es de Tomás de Kempis y en él se enseña cómo saludar a la Virgen, el consuelo que otorga y su importancia en la vida de Jesús, así como las distintas oraciones para ser devotos a la madre de Cristo. Con estas características, no es raro que fuera uno de los libros preferidos de María, ya que precisamente la joven también se confesaba con la Virgen y siempre confiaba en que le solucionaría sus problemas.

En otra instancia, El genio del cristianismo, de Chateaubriand, era la obra que leía Efraín cuando le daba clases a María y ella realmente se emocionaba con la lectura: “Las páginas de Chateaubriand iban lentamente dando tintas a la imaginación de María. Ella tan cristiana y tan llena de fe, se regocijaba al encontrar bellezas por ella presentidas en el culto católico” (Isaacs, 1975, p. 39). Sin lugar a dudas, el texto del escritor francés se conjuga con la visión espiritual y poética que caracteriza a Efraín, pero también a María, quien gracias a su amado comenzó a disfrutar y conocer más de la poesía, aunque ésta siempre estuviera relacionada con temas místicos. De acuerdo a R. Fernández Sotero (1972): “El genio del cristianismo fue escrito por Chateaubriand para destruir el prejuicio antirreligioso y despertar por medio de descripciones pintorescas o patéticas la religiosidad dormida en el fondo de los corazones” (pp. 316-317). Una religiosidad que sin duda habitaba en los sentimientos de María porque así lo demuestra con sus expresiones.

Al ser Tocqueville una de las lecturas de Efraín, queda mejor clarificado por qué en la novela el narrador no evidencia las diferencias de clases sociales ni raciales.

En otro punto, La democracia en América, de Tocqueville, sale de las temáticas religiosas o literarias, pero una vez que se mira su contenido de carácter sociopolítico, se puede relacionar con la situación social de la novela de Jorge Isaacs. La democracia en América es uno de los libros que más influencia han ejercido en el pensamiento político americano, y pese a que el autor se centra en Estados Unidos, la teoría que desarrolla del Estado democrático basado en la igualdad de condiciones es una de las grandes aportaciones históricas a la filosofía política. La siguiente cita resume una de las principales ideas de Tocqueville (2014):

Imaginemos un punto extremo en que la libertad y la igualdad se toquen y se confundan: yo supongo que todos los ciudadanos concurran allí al gobierno, y que cada uno tenga para ello igual derecho. No difiriendo entonces ninguno de sus semejantes, nadie podrá ejercer un poder tiránico, pues, en este caso, los hombres serán perfectamente libres, porque serán del todo iguales, y perfectamente iguales porque serán del todo libres, siendo este el objeto ideal hacia el cual propenden siempre los pueblos democráticos (p. 549).

Estas frases por sí solas tienen gran fuerza, pero si se ponen a la par de lo que sucede en María, adquieren más fuerza, especialmente porque al ser Tocqueville una de las lecturas de Efraín, queda mejor clarificado por qué en la novela el narrador no evidencia las diferencias de clases sociales ni raciales y por qué la familia de Efraín podía convivir sin ningún problema con los esclavos. Quizá la respuesta está en un deseo de igualdad donde, a pesar de los niveles sociales, ningún individuo tenía un poder tiránico.

Por último queda hablar del Quijote de Cervantes y Atala, también de Chateaubriand. En primer término, lo que mejor une a la obra de Cervantes y María es que ambas tienen una historia central, que sostiene toda la novela, pero se va intercalando con capítulos que tienen otros pequeños relatos con personajes distintos, a la vez que incluyen fragmentos de canciones y poemas. Ante esto no es sorprendente que el Quijote haya sido una fuente de inspiración para la formalidad de María. Mientras que Atala tiene punto de encuentro con María en cuanto a la trama, dado que las dos cuentan lo sucedido con un amor que no se puede consumar y que tienen a la muerte por intermediaria y causante de su separación. Igualmente, ambos textos terminan con el abandono y la melancolía de los protagonistas (Efraín y Chactas), que rememoran un pasado feliz.

En conclusión, puedo agregar que los títulos de libros que se mencionan en la novela en realidad sí tienen bastante sentido con el desarrollo de la obra de Jorge Isaacs. Si bien es imposible asegurar que los textos referenciados son parte de la ideología y preferencia de Isaacs, no se puede evadir que funcionan para comprender mejor la visión de Efraín, la construcción de los personajes y el desarrollo que hace de la historia. Claro está que la narración está hecha por un autor, pero en este caso la construcción discursiva está tan bien elaborada que coincide perfectamente con la personalidad de Efraín, por lo que las referencias de los libros ayudan a enlazar varios puntos que en un primer momento parecen incomprensibles o inconclusos.

Cabe decir que en este ensayo sólo tomé las obras que abonan esencialmente a la personalidad de Efraín y María, la situación social y la forma de la novela; sin embargo, queda una línea para profundizar en otros tres libros que aparecen y que se podrían enlazar con el orden familiar, así como con el papel del padre y de la madre de Efraín. Se trata de Las veladas de la Quinta, de Madame de Genlis; Las tardes de la granja, de Ducray-Duminil, y el Diario de la isla de Santa Helena, de Napoleón.

 

Referencias bibliográficas

  • Fernández, R. (1972). “El Genio del Cristianismo”. En Diccionario Sopena de Literatura (Extranjeras A-L) (pp. 316-317). Barcelona, España: Ramón Sopena.
  • Frayssinous, Denis (1828). Defensa del cristianismo, ó, Conferencias sobre la relijion. Madrid, España: Imp. de D. León Amarita (consulta: 12/9/18).
  • Isaacs, Jorge (1975). María. Ciudad de México, México: Diana.
  • Tocqueville, Alexis (2014). La democracia en América (consulta: 13/9/18).
Berenice González Godínez
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