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Carlos Rubio Albet
“La lengua es protagonista de todas mis novelas”

miércoles 4 de septiembre de 2019
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Carlos Rubio Albet
Rubio Albet: “Aunque el gobierno cubano me arrebató todo lo que yo amaba (y no me refiero a pertenencias materiales), no logró robarme la esencia de ese hombre que nació y se formó en esa isla ahora tan lejana”.

El universo narrativo del escritor cubano Carlos Rubio Albet es muy variado, como resultado de una vida intensa —muy joven abandonó su país para establecerse en Estados Unidos— y de su decisión consciente de no repetir temas ni circunstancias por los que ya se haya paseado en alguno de sus libros. Un escritor dedicado, que literalmente se desconecta del mundo cuando se sienta a crear, que invierte dos o tres años en producir una nueva novela y cuya obra está plasmada en inglés y en español.

Rubio Albet acaba de publicar, en 2018, su novela Doble filo, que se enfoca en un episodio de la Cuba de los años 40 del siglo pasado y que comportó tanto un trabajo minucioso de investigación histórica como una descripción de época basada en sus recuerdos; además, este año apareció la reedición de su novela Saga —cuya estructura hace uso del humor y establece un vínculo con el lector a través de diversas estrategias—, en la que un antihéroe emprende una búsqueda muy particular.

Sobre estas obras, su trayectoria y su proceso creativo conversamos hoy con este autor que se confiesa un lector ecléctico, con lecturas de Julio Verne a Gabriel García Márquez, de Alejo Carpentier a George Orwell, de Franz Kafka a Isaac Asimov, y cuyo estilo lo ha ubicado como uno de los más interesantes de las letras contemporáneas.

 

En los últimos meses han visto la luz dos de tus novelas, Doble filo y Saga. ¿Puedes hablarnos de tu evolución como autor a la luz de estas obras que están separadas entre sí por tres décadas?

Supongo que te refieres a la evolución de mi obra en español, ya que las novelas que mencionas están escritas en ese idioma. Creo que si buscáramos un común denominador entre mis obras, no encontraríamos un tema común, sino la preocupación por utilizar el idioma, no como un vehículo invisible, sino todo lo contrario. La lengua en sí es siempre uno de los protagonistas de todas mis novelas; eso no ha cambiado. Desde un punto de vista temático, uno de mis objetivos es explorar diferentes tópicos, desde la historia de la flauta en Saga, los ritos de la santería en Orisha o una pasión desenfrenada en Doble filo. En suma, trato de no repetirme, sino de encontrar nuevos horizontes.

Sobre mi obra en inglés podría decir lo mismo, aunque en ese idioma el papel que desempeña la lengua no es tan prominente como en español. Mi novela Orpheus’ Blues trata de la vida de un músico de jazz, Secret Memories sobre el aislamiento psicológico de una pareja y Forgotten Objects sobre cómo influyen en la vida de una persona las circunstancias ajenas que la obligan a abandonar su país. Lo que quiero decir es que siempre busco un nuevo comenzar; no quiero volver sobre mis pasos y repetir una historia que ya está escrita.

 

¿Cuánto tiempo te tomó concebir la historia de Doble filo y volcarla al papel?

Cada una de mis obras es una inversión de dos a tres años, desde el momento en que escribo el primer párrafo hasta que termino la última página. En el caso de Doble filo fueron dos años, ya que es una novela relativamente corta.

 

En Doble filo construyes una historia completa alrededor de una frase popular de tu país. “¡Son las tres de la tarde, la hora en que mataron a Lola!”, habría exclamado el presidente Ramón Grau San Martín a finales de los años 40, durante un acto público, y la frase ha sobrevivido hasta nuestros días. ¿Cómo fue el proceso de investigación para darle forma a una obra de esta naturaleza? Cuando pregunto por la investigación no me refiero sólo a la historia de la infortunada Lola, sino también al momento histórico de Cuba que retratas en la novela.

Por supuesto, primero traté de empaparme de los hechos concretos sobre el caso, pero los detalles son pocos y escuetos. Entonces traté de imaginar el tipo de mujer que habría sido Lola para poder llevar ese estilo de vida. Se sabe que sus amantes eran hombres pudientes, muchos de ellos profesionales, así que decidí que el narrador sería uno de ellos (abogado en una capital de provincia), y así lograr dar al lector un retrato íntimo y fidedigno. Indiscutiblemente Lola conocía bien su oficio, ya que sus amantes o clientes siempre regresaban. El abogado que narra la historia, y cuyo nombre no se menciona, pues podría ser cualquier hombre, llega al punto de obsesionarse con ella.

La Cuba de los años 40, por supuesto, es sólo un recuerdo. Yo intenté recrear en esas páginas las reglas de la sociedad vigentes en aquella época, cuando no existía la censura de la prensa, se vivía sin interferencia gubernamental y muchos hombres, a pesar de estar casados, también tenían sus aventuras secretas.

 

El amor, entendido como un sentimiento desgarrador, motoriza las acciones de Doble filo. ¿Es este un tema frecuente en tu obra?

Yo diría que no, pues todas mis novelas son diferentes. Tal vez la excepción es Tiempo muerto, una obra que narra el profundo amor de un arquitecto por su esposa y su trágico destino después de su muerte. Fue una novela que me hizo sufrir mucho, pues tiene un final muy triste.

 

En Saga es bastante vistoso el aspecto lúdico. La obra tiene un estilo desenfadado que mantiene al lector alerta ante lo que vendrá. ¿Puedes hablarnos de las circunstancias en que concebiste y escribiste esta novela?

Hace muchos años y muchos libros desde entonces. Lúdico proviene de ludus, que quiere decir juego en latín. Saga es muchas cosas, y entre ellas es también un juego verbal que como autor intenté establecer con el lector. ¿Quién dice que la literatura no puede ser también diversión? A través de la obra hay pasajes que se repiten, pero que adquieren significados diferentes, y el lector participa en este juego que es la estructura de la novela. El idioma también es una parte esencial de la obra, ya que no está destinada a los lectores de novelitas rosa. Nuestro idioma es muy rico, y creo que Saga es un banquete verbal. Fue también para mí una forma de reclamar mi patrimonio cultural, ya que escribí esta novela (como todas las otras) en un ambiente completamente angloparlante.

 

¿Está basada Saga en alguna historia de tu tierra, como ocurre con Doble filo?

Saga podría tener lugar en cualquier país latinoamericano, pero no está basada en ningún suceso ocurrido en Cuba. De mis experiencias personales solamente utilicé para esa obra los recuerdos que tengo de una fiesta de cumpleaños y de las clases de solfeo.

 

Juan Belano, el protagonista de Saga, es muchas cosas, pero principalmente es un héroe, un antihéroe y un pícaro. ¿Qué hay detrás de este personaje polivalente?

Juan Belano es un hombre que se adapta a sus circunstancias, que se transforma según el momento y que también sabe utilizar los medios que tiene a su disposición. Es también un hombre que, como la novela misma, tiene diferentes facetas que cambian según el contexto en que se encuentren.

 

Eres traductor y escribes en español e inglés. ¿Cómo logras pasar ese switch entre una lengua y otra? ¿Has logrado escribir en inglés con la misma comodidad y acierto que en tu lengua nativa?

Recuerda que desde hace muchísimos años vivo en un ambiente donde sólo se habla inglés. También cursé todos mis estudios en los Estados Unidos y que mi biblioteca está organizada por idiomas, así que desplazarme entre las dos lenguas es ya algo natural para mí. Cuando escribo en español sólo pienso en ese idioma y pienso como cualquier otro latinoamericano. Es lo mismo en inglés, ya que conozco muy bien la cultura estadounidense.

Mi obra en inglés ha tenido aceptación y éxito, y eso lo atribuyo no solamente al dominio del idioma, sino también a los temas de mis novelas. Por ejemplo, la novela Orpheus’ Blues tiene lugar en Nueva York, y cuenta la historia de un joven que se traslada a esa ciudad para lograr una carrera como músico de jazz. Nada de esto tiene que ver con Cuba ni con Latinoamérica en general. Es un tema netamente norteamericano y un libro escrito con los lectores estadounidenses en mente.

 

En todas tus novelas se evidencia un estilo depurado que nos lleva a pensar en tu formación. ¿Cómo te iniciaste en la literatura? ¿De qué autores has abrevado?

Mi madre escribía, y en mi casa teníamos biblioteca. Desde muy temprano me aficioné a la lectura, no solamente de autores españoles e hispanoamericanos, sino también de otros como Mark Twain, Defoe, Jules Verne, todos estos en traducción. Ya después empecé a leer con más seriedad, y además de los clásicos españoles y los de la literatura mundial, entré en contacto con la obra de Borges (a quien, dicho sea de paso, tuve la gran fortuna de conocer personalmente), García Márquez, Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Severo Sarduy, estos tres últimos ejemplos del neobarroco hispanoamericano. En inglés me gustan mucho F. Scott Fitzgerald, Aldous Huxley, George Orwell y Kurt Vonnegut. En francés mi autor favorito es Albert Camus. También me fascina la obra de Isaac Asimov, pues poseía una gran imaginación para vislumbrar el futuro.

 

Te fuiste de Cuba siendo un adolescente. ¿Cómo fue ese proceso de hacerte una vida en Estados Unidos siendo tan joven? ¿Cómo incidió esto en tu obra?

Confieso que fueron años difíciles. Al salir de Cuba no sólo me despojaron de mis pertenencias personales (incluyendo un reloj de pulsera que mi madre me había regalado cuando entré en la secundaria), sino también de la posibilidad de seguir siendo cubano. A través de la Iglesia Católica, fui a una casa en el estado de Delaware, donde vivían otros veinte adolescentes cubanos. El director era un sacerdote americano de raíces irlandesas y gran creyente en la disciplina. Asistíamos al colegio durante el día y por las noches teníamos un período de estudio. Los sábados cada uno de nosotros tenía que desempeñar un trabajo que se le asignaba a la hora del desayuno. En realidad nos convertimos en hermanos, pues teníamos en común no sólo el idioma, sino también la nostalgia y la soledad que engendraban la distancia y la separación de nuestras familias. Desafortunadamente, yo no volví a ver a mis padres. Después de terminar el bachillerato salí de la casa y trabajé dos años para la compañía DuPont, tratando de ahorrar dinero para mis estudios universitarios, ya que mis padres no estaban en condiciones de ayudarme. Cuando ellos murieron yo no pude regresar a Cuba.

Ya he mencionado la importancia que tiene el idioma en mi obra. Creo que es una forma de reclamar mi patrimonio cultural, de anunciar que aunque el actual gobierno cubano me arrebató todo lo que yo amaba (y no me refiero a pertenencias materiales), no logró robarme la esencia de ese hombre que nació y se formó en esa isla ahora tan lejana.

 

Nos gustaría que compartieras con nuestros lectores tus rutinas para escribir. ¿Cumples un horario? ¿Dedicas mucho tiempo a investigaciones previas?

Mi rutina siempre es la misma; me gusta escribir por la mañana, ya que el día todavía no se ha complicado con llamadas telefónicas, correos electrónicos o visitas. Me preparo un té y leo lo que escribí el día anterior, para así retomar el hilo. Uno de los consejos de Hemingway era dejar siempre algo en el tintero, no agotarse, y así volver a entrar más fácilmente en la historia. Yo siempre he seguido ese consejo. Como mismo me obligo a escribir, también me obligo a no escribir. Otro de mis preceptos es no contestar el teléfono o abrir la puerta cuando estoy escribiendo, ya que no me encuentro presente.

Sobre las investigaciones previas, te diré que depende del libro. Cuando escribía Forgotten Objects (Objetos olvidados), una novela histórica, tuve que pasar mucho tiempo empapándome de fechas, hechos, etc. También consulté muchas fotografías, para así poder escribir de una forma convincente. Esa obra me costó seis años de trabajo. Salió a la luz en el año 2014 y resultó una de las finalistas en el concurso Readers’ Choice Awards un año después.

 

¿Qué estás escribiendo actualmente? ¿Qué depara el futuro a los lectores de Carlos Rubio Albet?

Actualmente trabajo en una novela en inglés, aún sin título. El protagonista es un norteamericano muy metódico que acepta una invitación a un festival cultural en Florencia, Italia. De una forma accidentada conoce a una italiana cuya personalidad es diametralmente opuesta a la suya. Claro, a pesar de la difícil comunicación surge una chispa que los lleva a una relación amorosa. Es entonces que él tiene que examinar todos esos preceptos por los cuales ha regido su vida. No te divulgaré el final, aunque ya lo sé. Como dije, es diferente a todo lo que he escrito anteriormente, y espero que les guste a mis lectores.

Aprovecho esta oportunidad para invitar a los lectores de Letralia a que visiten mi sitio en la red, www.carlosrubioalbet.com, si quieren saber más sobre mi obra. Siempre me gusta recibir comentarios y preguntas, y allí hay una página para ponerse en contacto conmigo.

Jorge Gómez Jiménez

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