Saltar al contenido

Tres culturas se entrelazan en su novela Semillero
Manuel Silva Guasch quiere revelarnos la verdad de la historia

domingo 30 de junio de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Manuel Silva Guasch
Manuel Silva Guasch: “El poder no debiera ser el propósito de gobernar, sino su fin”.

Con una carrera que abarca más de veinticinco años como director creativo en una de las principales agencias publicitarias de Puerto Rico, Manuel Silva Guasch ha sabido trasladar su aguda visión y capacidad narrativa al ámbito literario, explorando temas de gran relevancia social y cultural. Su última novela, Semillero, es un testimonio de su habilidad para entrelazar hechos históricos a través de una vibrante trama de ficción que no dejará indiferente a lector alguno.

Semillero se basa en el robo de trescientas estatuillas precolombinas de oro del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz en Panamá, un evento que no sólo marcó la historia del museo, sino que también sirve como punto de partida para una narrativa rica en simbolismo y crítica social. A través de personajes complejos como un agente de seguros para museos, una directora de seguridad y un ladrón movido por un despecho romántico, Silva Guasch nos guía por un viaje que revela las profundas conexiones entre el pasado y el presente, explorando las consecuencias sociales, políticas y ambientales de este hecho.

En esta entrevista exclusiva, el autor nos ofrece una visión más profunda de su proceso creativo, sus motivaciones y los desafíos que enfrentó al escribir Semillero, un libro donde se congregan la historia, la cultura y la narración creativa. Además, comparte con nosotros sus reflexiones sobre los temas que aborda en la novela, como el abuso de poder, la preservación de la verdad histórica y el amor en sus diversas formas, y nos habla de sus futuros proyectos literarios.

 

Manuel Silva Guasch y el robo que enlazó a tres culturas

—La historia que cuentas en tu novela, Semillero, está basada en el hecho real del robo del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz en 1989, durante la invasión estadounidense, y de otro cometido en 2003. ¿Cómo llegas a esta historia? ¿Qué es real y qué es ficción en tu novela?

—Durante los dos años en que viví en Panamá aprendí mucho sobre su historia, especialmente sobre cómo mi Puerto Rico y Panamá han sido usados por los Estados Unidos de Norteamérica. En ese tiempo fue que oí sobre esos robos, los cuales fueron muy reales. Lo único que hice fue hilar cómo tuvo que ver uno con el otro. Esa parte sí fue ficción, y me sirvió de enlace a las tres culturas que forjaron nuestra sociedad actual; las precolombinas, la española y la africana. Sin contar con todas éstas jamás habríamos progresado a ser quienes somos hoy en día.

—El centro de la historia lo constituyen esas trescientas estatuillas robadas. ¿Qué importancia tienen estas piezas? ¿Cuál es la simbología que ellas esconden?

—Cada pieza de arte precolombino simboliza las fuerzas de la naturaleza, así sea tan sencilla como la representación de una hoja, y al esculpirlas en oro las convierten en símbolos espirituales. Muchas culturas originarias incluso las daban como sacrificio a sus entes guía o dioses, y en su elaboración se nota todo el amor que conllevó para entonces dárselas a los cuerpos de agua donde residían éstos. Nuestros pueblos originarios veían a Dios en todas partes, y ciertamente, no concordaban ni antes ni hoy en cómo trata a la naturaleza la industria y sociedad que se siente guiada por éstas, y no por la naturaleza. Esto ha creado el desbalance que está acelerando el cataclismo que tan casualmente y sin urgencia llamamos calentamiento global.

—En Panamá conociste al hijo de un cacique de la tribu Kuna Yala que te dio información valiosa para la novela. ¿Puedes hablarnos de esto?

—Por respeto a su privacidad no puedo identificarlo, pero él fue base para gran parte de la inspiración; incluso, él fue quien me dijo que la palabra panamá no existe ni significa lo que muchos repiten ignorantemente. Esa es una de las piezas que reclama Semillero como una falta de respeto por quienes terminaron escribiendo la historia, tal y como pasó en Yucatán, o como el hecho de que a ningún pueblo le agrada que le pongan un nombre genérico que ni tiene que ver con ellos, como cuando les llaman “indios”.

—En la obra interviene un amplio abanico de personajes y entornos geográficos. ¿Qué desafíos te planteó estructurar una novela tan ambiciosa?

—Admiro tanto al espíritu humano. Es éste y sus recursos los que hacen a cada pueblo, pero todos tienen su perseverancia como base de eso que llamamos patria, y es ese el orgullo que enarbola ese logro. Me tomó compartir con mucha gente de distintas culturas, viajar y leer sobre eso que quiere diferenciarnos a unos de otros para comprender que todos buscamos lo mismo, aunque sea camuflado por distintos colores o banderas.

—Abordas en este libro una serie de temas complejos, entre los que se encuentran el abuso de poder y el impacto ambiental. ¿Cómo equilibras estas narrativas con los elementos de ficción y la trama principal?

—Entre los personajes, hay gobernantes históricos que se preocuparon más por lucir más grandes que el mismo suelo sobre el que podían pararse. Hay una familia de comerciantes que lleva y trae productos de distintas partes del mundo, pero descuida las necesidades más básicas de su propia familia, que no es el poder del dinero. Otra familia de poder desfigura la noción de fidelidad y amor a la madre. ¿No crees que tratamos aún peor a nuestra madre naturaleza? Ahí no hay que buscar mucho para obtener ejemplos muy reales de cómo hemos pecado en contra de la madre naturaleza. Nuestras necesidades originales de preservación y perseverancia se corrompen cuando no se comparte esa alegría sin egoísmos.

 

“Semillero”, de Manuel Silva Guasch
Semillero, de Manuel Silva Guasch (MaSi, 2024). Disponible en Amazon

Semillero, una novela contra los filtros de la historia

—Hay una reflexión interesante sobre el poder, un poder abusivo capaz de dañar tanto personas como patrimonios culturales sin inmutarse. ¿Puedes hablarnos un poco de esto? ¿Qué importancia tiene el poder en el desarrollo de la novela?

—El personaje antagónico en Semillero fue criado para el poder, heredando el ego de generaciones anteriores. Es lo que llamaríamos un majadero por mala crianza, pero le enseñan desde niño a salirse con la suya sin que se le pueda culpar por nada. Le enseñan que hay sentimientos que son buenos para el “qué dirán” pero que te hacen débil si los internalizas. Así mismo se cría a las masas en algunos países. Te hacen ver las diferencias con el resto del mundo, en vez de las semejanzas que nos hacen a todos humanos. El poder no debiera ser el propósito de gobernar, sino su fin.

—Las mujeres tienen un papel decisivo en Semillero. En estos tiempos en que asistimos a una resignificación y revaloración de los géneros, ¿cómo te planteas el desarrollo de un personaje femenino?

—Me considero tan feminista como humanista, por esto no planteo a ningún personaje más que por su participación en la intriga; o sea, la mujer no requiere ser reconocida como de más importancia que el hombre, sino su igual de acuerdo a su naturaleza y capacidad física/espiritual. Por esto, cada personaje, ya sea hombre o mujer, debe ser reconocido según su carácter y circunstancias, y no predispuesto según prejuicios a ser perpetrados.

—Más allá de la anécdota de la novela, que abarca múltiples ámbitos, personajes y pasiones, ¿qué te llevó a explorar el trasfondo cultural y antropológico escondido detrás de los eventos del robo? ¿Cómo fue el proceso de investigación detrás de la novela?

—Cuando oí sobre el robo y cómo parecía haberse perpetrado, también me enteré de eventos desconocidos para la mayoría del mundo, cosas que podrían darle más sazón al chisme histórico, y soy amante de la historia, así que me dejo sorprender por el comportamiento humano. Lo que desconocía, o no ocurrió, tuve que encargárselo a algún personaje. Es como cuando visitas algún sitio histórico y no lo ves sólo como un montón de piedras amontonadas, sino que te haces la película en tu cabeza. Por ejemplo, he visitado varios yacimientos arqueológicos en Yucatán en varias ocasiones y siempre me dejo correr la imaginación entre los fantasmas en mi cabeza y mis lecturas sobre el tema. Mis personajes se maduraron a veces como entes independientes.

—En una conversación previa nos dijiste que Semillero desafía malinterpretaciones históricas y plantea cuestiones sobre cómo la humanidad construye sus relatos. ¿Podrías destacar algunas de estas malinterpretaciones y cómo abordas en la obra el bagaje narrativo del ser humano?

—Cuando nos enteramos de la historia de cualquier país sólo nos enteramos de lo que los filtros de personajes de la historia nos permiten oír. El ganador de la batalla se enaltece más valiente e inteligente, y el perdedor desluce por su ineptitud. Semillero está repleto de ejemplos de esta índole. Está en el lector si encuentra algún dato que le parezca inverosímil, alguno que menciono incidentalmente, si investiga cuán grande realmente es.

 

“Me encantaría ver a Semillero en la pantalla grande”

Semillero es una novela sumamente descriptiva, con una acción muy ágil. ¿Te ha pasado por la mente que podría ser material para una buena producción cinematográfica?

—Quizás no sea por casualidad que yo describa todo para que el lector lo sienta y crea presenciarlo en persona, o que lo vea como en su pantalla mental, pues siempre, desde chiquito, vi mi vida como desde varios ángulos de cámara. Por eso estudié producción y siempre quise hacer mis propias películas, sólo que el destino me lo impidió y terminé por conformarme con ser redactor publicitario para así al menos hacer muchas minipelículas en mis anuncios. Es cierto que escribí Semillero con la voz, tono y tiempo para una película, pero es que pienso así por naturaleza. Algún día me encantaría ver a Semillero en la pantalla grande.

—Sé que has dedicado parte de tu vida a trabajar en publicidad. ¿Cómo influyó tu experiencia en esa área en tu aproximación a la narración de esta historia?

—Influyó por completo; desde el lenguaje seleccionado y ambientación, hasta el tono y tiempo de cada capítulo.

—Nos gustaría saber cuáles son tus proyectos futuros en el ámbito literario después de Semillero. ¿Tienes planes para explorar nuevos temas o géneros en tus próximas obras?

—Desde que salió la primera edición de Semillero, sólo un puñado de lectores me han escrito para decirme que encontraron cuál es el verdadero tema de Semillero. Claro que esto me ha encantado. Aunque la circunstancia del libro cambie, al menos por ahora pienso seguir con el mismo tema, que puedo adelantarles que no necesariamente tiene que ver con historia, amor, imperialismo, o corrupción, sino con algo mucho más abarcador para la conciencia humana. Cuando yo crea que ya lo hayan descifrado, quizás entonces cambie de tema.

Jorge Gómez Jiménez

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio